Encuadrar a Lee Friedlander

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Hay creadores –no me pregunten por qué, quizás porqueel que suscribe estas líneas es sinestésico– cuya obra me da la sensación de que lleva su propia banda sonora incorporada. En el caso de Lee Friedlander (1934), la suya suena irremediablemente a jazz, en cuyo mundo se desvirgó profesionalmente como fotógrafo. ¿Quién iba a pensar cuán lejos llegaría ese joven de Aberdeen al que Atlantic Records contrató para ocuparse de las portadas de grandes como John Coltrane, Ray Charles o Aretha Franklin?

Él mismo, en una grabación en la que su nieto Giancarlo lo entrevista –y que la Fundación Mapfre incluye en la retrospectiva que le dedica– reconoce que todo lo suyo pudo empezar con el Shake, Rattle and Roll, de Big Joe Turner:«Yo sólo pensaba en pasármelo bien». ¡Y vaya sí lo hizo! Todavía hoy, que sigue en activo. Fotografiando a diario desde hace más de 60 años.

Remover los cimientos

Y, al hacerlo, removió los cimientos de lo que se consideraba hasta el momento fotografía documental al uso. Pero Friedlander solo buscaba retratar al tío Vern. Sin embargo, al hacerlo, en el objetivo se coló el coche de su familiar. Y cerca del coche, la ropa tendida de la tía Mary. Y en el mismo plano, algún árbol, algún pájaro. Y cerca de todo eso, los millones de guijarros de aquella calle mal empedrada. Entonces se dio cuenta: «¡Qué medio tan generoso es la fotografía, que permite hablar de todo esto a la vez!».

«Yo sólo pensaba en pasármelo bien». ¡Y vaya sí lo hizo! Todavía hoy, que sigue en activo. Fotografiando a diario desde hace más de 60 años

A Friedlander nunca le gustó la ortodoxia. De hecho, el desencanto con sus estudios le llevó a sentirse más cercano del pintor y fotógrafo Alexander Kaminski. Y de Charlie Parker: El jazz, ¡otra vez el jazz! Si sus grandes maestros improvisaban constantemente, ¿por qué no hacerlo él con la fotografía? Si el arte pop elevaba a los altares museísticos lo cotidiano, la cultura del consumo, ¿por qué no podía él centrarse en «lo banal»?

«Albuquerque, 1972»

Por eso sus tomas, a veces, pueden parecer descartes, mal encuadradas o «contamindas» de excesivo ruido visual. Por eso en series como The American Monument, no esperen recorrer Estados Unidos a través de sus iconos turísticos. Por eso otro conjunto, Little Screen, se centra en pantallas de televisión, en escaparates, en retrovisores de coche… Como el comisario Carlos Gollonet explica, si Henri Cartier-Bresson apostaba por el «instante decisivo», a Friedlander le subyugará mucho más el «encuadre preciso», aquel que puede parecernos extraño, pero en el que, si cae uno de los elementos de la escena (como el perro parapetado tras una farola en Alburquerque, 1972), esta no se podría a repetir jamás.

Todo está inventado

El recorrido que propone la Fundación Mapfre, en el marco del festival PHotoEspaña, es cronológico y constata no solo su amor por el blanco y negro (solo cuando trabajó por encargo en el jazz usó el color) o su pensamiento por «series», sino también cómo ha cultivado con mimo el fotolibro (más de cincuenta, a lo que se suma el cuidado catálogo que ha preparado esta institución), o cómo sus proyectos, en ocasiones, se despliegan por afinidades temáticas, como el paisaje (America by Car, The Desert Seen), el desnudo (busquen a una jovencísima Madonna entre sus modelos), el retrato (familiar) y el autorretrato (¡Lo siento, millennials: el selfie se inventó y lo reinventó Friedlander hace tiempo)…

Una metáfora perfecta de cómo los cambios a veces llegan desde las cosas más pequeñas. Y eso te convierte en grande.

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https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-encuadrar-friedlander-202010140111_noticia.html

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