Erle Stanley Gardner y el caso de Perry Mason

Después de la serie de HBO, Espasa edita dos de las historias originales del detectiva.

ESPASA PUBLICA DOS NOVELAS

Después del estreno veraniego de los ocho capítulos de la serie Perry Mason (HBO), la editorial Espasa se ha animado a publicar, en octubre, dos novelas del personaje creado por el abogado y escritor norteamericano Erle Stanley Gardner (1889-1970). Se trata de El caso de las garras de terciopelo (1933) y El caso del ojo de cristal (1935). En la primera, y primera de la serie, una mujer acude al abogado defensor ante el temor al chantaje del que va a ser objeto tras ha

ber sido fotografiada junto a un conocido político saliendo de un hotel. En la segunda, y sexta de la serie, Mason deberá resolver el misterio en torno a un hombre rico cuyo cadáver ha aparecido en un río. En

El caso del ojo de cristal

cobra por primera vez relevancia el personaje de Hamilton Burger, fiscal del distrito y habitual antagonista de Mason en los tribunales. En la serie de novelas de Gardner, además de Mason y Burger, el elenco habitual de personajes está formado por Della Street, secretaria del abogado; Paul Drake, un detective privado de Los Ángeles, que ayuda al abogado en sus investigaciones, y Arthur Tragg, teniente de la policía. La misión de Mason siempre consiste en demostrar ante el juez la inocencia de su cliente, acusado de un delito que dice no haber cometido. Mason, con la cooperación de su amigo detective y su secretaria, se mete en averiguaciones a veces peligrosas, pues su objetivo en la sala de juicios no sólo consiste en exonerar a su cliente, sino en presentar pruebas contra el auténtico culpable, al que debe desenmascarar. Por ello, el policía que ha hecho las diligencias y el fiscal que acusa públicamente a su cliente ven con malos ojos su actuación, tanto más cuando Mason recurre a procedimientos poco virtuosos para obtener sus pruebas. Eso sucedía, sobre todo, en las primeras novelas, antes de que los abogados californianos colegas de Gardner criticaran las estratagemas de Mason.

UN ABOGADO METIDO A ESCRITOR

Erle Stanley Gardner ejerció la abogacía desde muy joven, especializándose en defender a inmigrantes chinos y mexicanos que no tenían muchas posibilidades de demostrar su inocencia y sí de ser vapuleados por los jueces. Más tarde, y tras arduas investigaciones, escribiría un premiado libro –

The court of last resort

(1952)- sobre los errores judiciales, del que también se hizo una serie televisiva. Gardner colgó la toga en cuanto sus novelas de Mason lo hicieron célebre y rico y se retiró a escribir al Rancho del Paisano de Temecula, en la baja California, donde murió a los 80 años. En ese momento, era el escritor norteamericano que más libros había vendido en el siglo XX. Gardner escribió otros libros -de viajes, por ejemplo- y otras series, llegando a utilizar para ello hasta siete pseudónimos, pero sólo de la serie de Perry Mason vendió 300 millones de ejemplares. Tal fue su fama que, hoy mismo, una prestigiosa y centenaria firma de abogados en la que trabajó le dedica una página en su

web

, sin duda porque lo juzga beneficioso para captar clientes. Sin embargo, y al menos en España, cualquiera diría que su nombre es mucho menos conocido que el de su personaje, que Gardner es más anónimo que Mason. El creador fue devorado por la fama de su criatura, del mismo modo que Perry Mason tapó el nombre de

Raymond Burr

, el actor que, después de haber troceado a una vecina en

La ventana indiscreta

, lo interpretó, entre 1957 y 1966, en la serie de la CBS -271 capítulos, blanco y negro, cada episodio de una hora de duración-, que tan popular fue en nuestro país. Con esa serie, Gardner también se forró, entre otras razones porque la produjo él mismo.

LITERATURA POPULAR DE LOS AÑOS 30

Cuando apareció

El caso de las garras de terciopelo

, Gardner ya había publicado centenares de cuentos y novelas cortas en revistas

pulp

. Entre ellas, en

Black Mask,

considerada como una de las factorías de la novela negra más violenta. Pero la serie

Perry Mason

en absoluto está conceptuada como de novela negra, sino de misterio o enigma. Digamos, no obstante, que Perry Mason apareció cuatro años después que el Sam Spade de

Dashiell Hammett

, pero seis años antes que el Philip Marlowe de

Raymond Chandler

. Ya hemos dicho que Mason no tiene nada que ver con estos detectives, pero es necesario borrar las imágenes sesenteras de la serie de Burr para recontextualizar la novela en los años 30, años en los que el abogado de Gardner ya fue protagonista de al menos media docena de largometrajes. En España, las novelas de la serie de Perry Mason fueron publicadas a mansalva por la Editorial Molino, de gran instinto popular, instinto compartido -aunque en otra línea- por la editorial norteamericana William Morrow and Company, que publicó casi todas las novelas del abogado y que tiene en su catálogo a escritores de

best-sellers

como

Irving Wallace

,

Morris West

y

Jacqueline Susann

. También a

Ray Bradbury

. Las dos novelas que ha sacado ahora Espasa tienen ilustraciones en blanco y negro bastante conceptuales, muy de diseño gráfico, lo que contrasta con los dibujos abigarrados y coloristas, tipo cómic, de las revistas

pulp

y de las ediciones originales y posteriores.

UN TRABAJADOR A DESTAJO CON SECRETARIA

Erle Stanley Gardner publicó cuatro relatos y 82 novelas protagonizadas por Perry Mason, dos de ellas póstumas. Echando cuentas, esto significa que Gardner, además de sus otros libros y series, escribía dos o tres novelas de Mason al año. Solían tener una extensión, promediando a ojo, de unas 200 y pico páginas. Gardner, pues, como tantos escritores de literatura popular, no paraba de escribir. Mejor dicho, no paraba de dictar. Para adquirir mayor velocidad e incrementar su cuenta corriente, grababa en un dictáfono o en un magnetófono, su secretaria transcribía a papel, él corregía lo que tuviera que corregir, y listo. En absolutamente todas las novelas de Mason -que entusiasmaban a

Evelyn Waugh

-, el abogado logra demostrar la inocencia de su cliente y consigue inculpar -sacaba los ases de su manga durante el juicio- al verdadero culpable del crimen o del delito. Y si Gardner sólo escribió 86 relatos de Mason, ¿cómo es que la primera serie televisiva tuvo 271 capítulos? ¿Y cómo es que, además, se hizo otra serie de 15 episodios en 1973 y se rodaron unas 25 películas autónomas para televisión entre 1985 y 1995? En estos últimos casos, se repitieron algunos argumentos, pero, como es obvio, Gardner se avino en vida a que los guionistas inventaran nuevas tramas respetando la estructura y mecánica de sus argumentos y los caracteres de Mason y de sus cuatro acompañantes principales. Lo que no ha sucedido en absoluto, al parecer, en la serie de HBO. Pero ahí no entro. La vida amorosa de Erle Stanley Gardner fue, que se sepa, tan poco relevante como la de Perry Mason. Con una diferencia. Después de morir su primera esposa y más de 30 años después de separarse de ella, Gardner se casó con su secretaria de toda la vida, quien, según todas las fuentes, inspiró desde el principio el personaje de Della Street, la secretaria de Perry Mason. Cosas que pasan.

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