¿Es legítimo que los museos vendan sus obras para sobrevivir a la pandemia?

La venta de unas obras para dar entrada a otras en sus colecciones ha sido una práctica habitual en museos privados como el MoMA , que en 1939 desencadenó una tormenta crítica cuando su entonces director, Alfred H. Barr, decidió deshacerse por 18.000 dólares de un precioso Degas para adquirir por ese mismo precio La señoritas de Aviñón, de Picasso, hoy uno de los iconos del museo neoyorquino. La venta de otro Degas sirvió para comprar Noche estelada de Van Gogh. Fueron dos de las mejores operaciones de la historia. Sin embargo, el sacrificio de obras por parte de los museos nunca ha estado bien visto: la práctica conlleva un riesgo y esa operación de borrado de unas generaciones de lo que hicieron las anteriores acaba traicionando la memoria colectiva.

Las señoritas de Aviñón fue adquirida por el MoMA gracias a la venta de un Degas
Las señoritas de Aviñón fue adquirida por el MoMA gracias a la venta de un Degas (Pablo Picasso)

Pero desde la crisis del 2008 son legión los que, sobre todo en el ámbito anglosajón, han tratado de recurrir a las subastas públicas para aliviar las estrecheces presupuestarias. Tanto es así que, desde la Asociación de Directores de Museos de Estados Unidos (AAMD) se establecieron unas líneas rojas para evitar que la descatalogación de obras (lo que se conoce como deacessioning ) pudiera servir, por ejemplo, para proyectos de expansión o, simplemente, para sufragar gastos corrientes. Y ha sido así hasta la llegada del coronavirus, cuyo impacto en las finanzas ha hecho saltar por los aires ese tabú prometiendo que hasta abril del 2022 “no penalizarán” a los museos que utilicen las ganancias de las ventas “para pagar gastos asociados al cuidado directo de las colecciones”. 

'Lucretia', de Lucas Cranach el Viejo, será vendida por el museo de Brooklyn
‘Lucretia’, de Lucas Cranach el Viejo, será vendida por el museo de Brooklyn (Christie’s Images)

La respuesta no se ha hecho esperar: el museo de Brooklyn pondrá a subasta en Christie’s doce pinturas, incluidos cuadros de Cranach el Viejo, Courbet o Corot . ¿Su objetivo? Recaudar 40 millones de dólares. El cierre de los museos y la actual caída de visitantes por las medidas restrictivas y el desplome del turismo les está haciendo pagar una factura demasiado alta. Y es cuestión de supervivencia, alegan.

¿Qué es antes, el mantenimiento intacto de las colecciones de los museos para generaciones futuras, o el de los puestos de trabajo que generan?

¿Qué es antes, la salud de los ciudadanos y la prevención del mayor número de muertes posible, o el estado de la economía, la supervivencia de negocios y empleos, y el bienestar derivado de ello?, se preguntan políticos y ciudadanos de a pie en el gran debate de la pandemia. ¿Qué es antes, el mantenimiento intacto de las colecciones de los museos para generaciones futuras, o el de los puestos de trabajo que generan?¿Es legítimo que una institución artística se deshaga de algunas de sus obras para compensar la falta de ingresos y cuadrar sus cuentas en la actual crisis?, se plantea paralelamente el mundo de la cultura.

Taddei Tondo de Miguel Ángel, propiedad de la Royal Academy de Londres
Taddei Tondo de Miguel Ángel, propiedad de la Royal Academy de Londres (Royal academy)

Los norteamericanos son más contundentes que los británicos. En el Reino Unido, algunos de los artistas elegidos por sus colegas para ayudar a dirigir el rumbo de la Royal Academy (los llamados academicians) han propuesto la venta por el museo de Piccadilly de la escultura de Miguel Ángel Taddei Tondo, la única del maestro renacentista que hay en colecciones del país, a fin de evitar el despido de 150 trabajadores.

Se trata de una obra inacabada en mármol que el toscano realizó entre 1504 y 1505, que muestra a la Virgen María con las figuras del Niño Jesús y San Juan Bautista, donada a la institución en 1829 tras la muerte de Lady Margaret Beaumont, viuda del coleccionista George Beaumont. Está valorada en más de 100 millones de euros.

La Royal Academy se enfrenta al dilema de perder un Miguel Ángel o 150 trabajadores

La dirección de la Royal Academy no ha tardado en salir a la palestra para decir que ni hablar de eso, a pesar de lo que recomienden algunos de esos artistas que la asesoran, con el argumento de que un Miguel Ángel, un Turner o un Gauguin no constituyen un capital económico, no son como acciones en un fondo de inversión, sino parte de un patrimonio cultural que los museos tienen la obligación de preservar.

En medio de la polémica que se ha desatado, el argumento contrario es que resulta moralmente repugnante enviar a un centenar y medio de personas al paro con tal de salvar “un pedazo de mármol”, por muy bonito y valioso que sea, y que en vista de las circunstancias la descatalogación de obras tal vez sea la única arma que tienen algunas instituciones culturales para capear la crisis. Aunque el Gobierno de Boris Johnson ha aprobado un paquete de ayudas al mundo de las artes y la cultura, sus principales beneficiarios son museos como la National Gallery que gozan de protección oficial.

Con menos contemplaciones se ha andado la Royal Opera House, que va a subastar un retrato de su ex director David Webster pintado por Hockney, con el que espera recaudar 20 millones de euros.

“Hay que ser más imaginativos con las colecciones que tenemos para obtener más recursos y no al revés”

El debate aún no ha llegado a España, pero se trata de un asunto central sobre el futuro de las instituciones culturales. Ainhoa Grandes, presidenta de la Fundació Macba, entidad privada que nutre con sus aportaciones la colección del museo (en torno al 40% son de su propiedad), señala que la venta de obras nunca ha estado sobre la mesa y que “en ningún caso se han de destinar recursos de patrimonio para el funcionamiento normal del museo o para una posible expansión. Todo lo contrario: hay que ser más imaginativos con las colecciones que tenemos para obtener más recursos y no al revés”. Y en todo caso, dice, habría que ser extremadamente escrupulosos con el código ético del Cimam, que aglutina a los principales museos y colecciones de arte moderno de todo el mundo.

La obra de Manolo Millares 'Cuadro 54 ' se vendió por 1,21 millones de euros
La obra de Manolo Millares ‘Cuadro 54 ‘ se vendió por 1,21 millones de euros (Ana Jiménez)

“Un patrimonio vendido es un patrimonio perdido”

“Un patrimonio vendido es un patrimonio perdido”, señala el director de la Fundació Miró, Marko Daniel, para quien esta debería ser una medida de último recurso para las instituciones que luchan por su supervivencia. Una opinión que comparte Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao y ex director del Prado. “La gran diferencia con los museos norteamericanos –observa– es que nosotros somos públicos y más pobres, pero tenemos una ley que prohíbe embargar o especular con las obras”. El patrimonio, opina, es la razón de ser de un museo, y se muestra crítico incluso cuando la venta tiene por objeto mejorar la colección. “No siempre es así. Se puede hacer atendiendo a cuestiones de tendencias, gustos o por corrección política, pero eso no la hará mejor o peor”.

“La gran diferencia con los museos norteamericanos es que nosotros somos públicos y más pobres, pero tenemos una ley que prohíbe embargar o especular con las obras”

De momento, y en el ámbito privado, la Fundació Suñol y la Fundació Glòria Soler se desprendieron de un móvil de Alexander Calder, Une lune bleue (2,83 millones de euros) y de un cuadro de Manolo Millares (1,21 millones), entre otras, para proseguir con sus proyectos .

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