Estamos en manos de intereses

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23/09/2022 a las 13:30h.

Las dos personas normales han quedado para tomar un café. A la primera persona normal le gusta solo y sin azúcar; la segunda persona lo prefiere un poco cortado, sin pasarse. Lo normal.

—Menuda tarde.

—Sí.

—Como no decías nada…

—No. Si te he dicho que sí.

La primera persona normal escudriña el horizonte. La segunda persona también.

—Pues dices tú, pero ahora que apagan los escaparates se está mucho mejor, ¿no?

—Más recogido. Yo creí que iban a aprovechar para robarnos, y al final mira.

—Al final no.

—Eso es por las farolas. Que parece que no, pero al final también alumbran.

—Y que ahora las bombillas gastan entre poco y nada.

—La lavadora es lo que más gasta, me parece.

—Y el horno.

—Ahora hay que tener mucho cuidado con el horno. Yo lo pongo sólo de noche.

—Y yo. Yo miro la hora por internet. Le digo al pequeño que mire y me dice cuándo hay que lavar.

—¿Y lavas?

—¿Yo? Ni de broma. ¿Y tú?

—No, no, tampoco. Ni hago lo del horno, ¿estamos locos?

—Yo no.

—Yo tampoco.

—Pues dices tú, pero, con lo de la excepción portuguesa, ahora dejan lavar a mediodía. Cuando ya no dejan es a partir de las diez.

—Que es cuando es más barato.

—Por eso no dejan. Para fomentar el consumo.

—Es que el consumo es la clave de la economía, como digo yo.

—El consumo lo es todo. Si no, se para la bicicleta.

—Se para la noria.

—Pues dices tú, pero estaba yo pensando que ahora la gente irá menos al cine, ¿no?

—¿Menos? No creo.

—Ahora la gente ya no se permite lujos. No puede ver pelis. Como mucho, alguna de tiros.

—Ya no hay. Ahora son de salvar el mundo.

—Y de hablar. Habrá de hablar.

—Mucho menos. Ahora las de hablar las echan por la tele, para que cambies de cadena cuando quieras.

—Me gustaban a mí mucho las de hablar. Las de Garci y las del otro. Las del enano con gafas.

—¿El que adoptó a su hija?

—El que se casó con su mujer. Que ahora es china.

—Ese es muy gracioso, sí.

—Pues por eso te lo digo. Porque las hacía de hablar, pero te reías, que ya es mucho.

—Ya. Pero casarse con su mujer…

—Por lo visto no se ha podido demostrar.

—Era mayor de edad, por lo visto.

—Estaba con Sinatra, me parece.

—Pero adoptar a su hija…

—Eso es muy típico ahora. Ahora mucha gente tiene hijas chinas.

—Y en China más.

—Pues dices tú, pero yo echo de menos esas pelis. Dobladas, claro.

—Sí, sí. Que se entiendan, claro.

—La del explorador que se sale de la pantalla. Y la otra.

—¿Cuál es la otra?

—La de que salía el enano de las gafas de protagonista. Que iba a atracar un banco y te reías.

—Ah, sí. Esa era muy buena. Ahora ya no se hacen películas de hablar.

—Ahora es todo gente que vuela y niñas en piscinas.

—Ahora es todo mucho peor.

—Antes salía Paul Newman y ya sabías que iba a estar bien. O el león de la Warner.

—Ahora es que ya no quieren que pienses.

—No interesa.

—Les da miedo.

—Ahora son todo películas largas y series que no sabes quién es quién, como la de los dragones.

—Esa era muy buena. No te enterabas de nada.

—Iban todos contra todos.

—Ahora es que es un lío.

—Ahora es así.

—Ahora ya no se sabe quién es el bueno.

—Son malos todos.

—Sí…

Las dos personas normales ven cómo el sol se esconde detrás de unos edificios normales. Es una puesta de sol magnífica.

—Pues ya refresca un poco, ¿no?

—Un poco sí.

—Ya no se ve nada.

—Ya no. Como ahora apagan los escaparates…

—Pues no son horas. Que apaguen cuando no haya delincuencia, como hacían en verano. Que es que esto es peligrosísimo.

—Para mí que les damos igual.

—Para mí que sí. Al final pagamos justos por pecadores, que digo yo

La segunda persona normal asiente.

—Lo hacen por Europa, dicen. Pero luego, cuando les conviene, van y lo hacen todo porque sí.

—Son todos lo mismo.

—Son todos igual.

—Estamos en manos de intereses.

—Pues sí. Así andamos.

—Al final pagamos los de siempre.

—Los de abajo.

—Las clases medias.

—La gente del pueblo.

—Por eso ya no hay películas de pensar. Porque no interesa. Porque nos quieren callados.

—Hombre, callados tampoco.

—Callados tampoco. Pero diciendo que sí.

—Sí, justo. Exacto.

—Diciendo que sí a todo. Como en la película aquella del enano, que a sus amigos no les gustaba nada y a él le gustaba todo. Que se enamoraba de una muchacha.

—No me suena.

—Una en blanco y negro. Con música de trompetas.

—Ah, no. Si era en blanco y negro… Yo en blanco y negro no veo nada.

—No, no. Ni yo.

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https://www.abc.es/cultura/cultural/manos-intereses-20220923182909-nt.html

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