Euskadi, otra vez ante el espejo

“Lanza preguntas y no respuestas, lo importante es poder hablar, no tener razón”. Las palabras durante la presentación de la serie Patria de su guionista y creador, Aitor Gabilondo, tienen un gran eco en el País Vasco. Reverberarán las próximas semanas con su estreno mundial hoy en HBO. El éxito de la novela de Fernando Aramburu ya indujo a una reflexión colectiva sobre un asunto, el de la violencia de ETA, que, aunque tratado en otras ocasiones, nunca había alcanzado esa profundidad en el debate público. De repente, el silencio, los prejuicios y la brecha colectiva, tan recientes y a la vez rebasados, se miraron de frente. La herida seguía supurando. La producción del gigante estadounidense vuelve a poner sobre la mesa el tema en el que fue su escenario principal, Euskadi.

“Si sirve para debatir –explica el profesor de Ciencias Políticas en la UNED Rafa Leonisio–, bienvenido sea: es importante que no se pase la página sin leerla”. En ese sentido, considera que su capacidad como herramienta para acercar el pasado violento a los más jóvenes puede ser “fundamental”. No es baladí en una sociedad que vive un fenómeno paradójico. Aunque el terrorismo marcó a fuego a varias generaciones durante medio siglo, para aquellas menores de 30 años, un sector importante de la población, suena como un fenómeno lejano justo cuando se cumplen nueve años del anuncio del cese de la violencia aquel 20 de octubre del 2011.

“Se dice de todas formas que se tiende a olvidar, pero yo creo que no, que hay un recordatorio constante”, indica Leonisio, quien atribuye el éxito actual del tema –ya ha habido películas anteriormente sobre ETA– a que en estos momentos “se puede ver con perspectiva”.

Las asociaciones de víctimas celebran el salto de la novela a la televisión si la serie, como se asegura, se mantiene fiel al libro. “ Patria ha logrado lo que Covite –el Colectivo de Víctimas del Terrorismo– no hubiese conseguido ni en diez ­vidas”, explica su presidenta, ­Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, edil del PP en San Sebastián asesinado por ETA en 1995. “El fenómeno ha sido revolucionario, millones de personas se han enterado por primera vez de cómo era ser una víctima en el País Vasco”, continúa. La presión asfixiante del día a día, las pintadas amenazantes frente al portal o el acoso quedan reflejados en la obra. También el ostracismo social, la otra violencia subterránea.

Asimismo, Ordóñez subraya la importancia de Patria en la construcción del “relato” al “hacer de contrapeso” en el ámbito cultural, donde cree que las víctimas “siempre” han estado “muy solas e invisibilizadas” ya que “se han hecho muchos más trabajos desde el punto de vista de ETA”.

De todas formas, hay dudas sobre la trayectoria del tema en Euskadi esta vez. Quizás fuera, por original, sea más larga. Es lo que opina Carmelo Moreno, profesor titular de Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco (UPV), quien ve en un “cierto cansancio” y en que la serie sea “sobre una novela que ya tuvo un boom” los principales handicaps para que genere, de nuevo, un discurso público en el territorio. Apunta, en cambio, hacia un público novedoso: “No sé si en España va a tener más recorrido que aquí, pero creo que cuanto más lejos, más interés tendrá; quizás en Estados Unidos o Canadá”.

Asimismo, considera que el contenido de la novela está “muy bien planteado para no herir grandes sensibilidades de nadie”, aunque reconoce que “obviamente no es equidistante”. “El tema de ETA tiene punch narrativo –tercia Leonisio–; a pesar de ser una historia local, lo que refleja son valores o factores universales, como la cobardía, la violencia o el silencio”.

En el 2016, con su publicación, la avalancha de reacciones fue inmensa. Para muchos, llenaba un hueco en la historia sangrienta de Euskadi e incidía en un aspecto menos conocido fuera de sus fronteras: el drama social, aquel que cortaba relaciones por el periódico que se portaba debajo del brazo o el que llevó a convertir la política en un tema tabú en las mesas de los hogares vascos. También hubo posiciones contrarias, que criticaron ausencias en el retrato, como el miedo a las fuerzas del orden, sus abusos o los temidos controles de carreteras a cualquier hora del día o de la noche. Para unos u otros, desde luego, abrió recuerdos personales y desbloqueó un tema enquistado.

“Tiene una tendencia clara –opina Joseba Azkárraga, exconsejero de Justicia del Gobierno vasco y portavoz de Sare, la plataforma de apoyo a los presos de ETA–, y pasa de puntillas por otras vulneraciones de derechos que se han producido durante décadas, como los más de 200 asesinatos del terrorismo de Estado y los miles de casos de torturas”. Para él, la serie La línea invisible (Movistar), que aborda el nacimiento de ETA y su primer asesinato, sí que tiene un “enfoque más amplio” y “expresa de forma más plural” lo ocurrido.

En ese sentido, Azkárraga cree que “el gran error” de Patria es no profundizar más en el conjunto de violaciones de derechos padecido en Euskadi, así como no apuntar a su origen, que fecha en el estallido de la Guerra Civil en 1936.

La heridas del pasado y su controversia al mirarlas son patentes. Especialmente en el País Vasco y Navarra, donde de una u otra manera se padeció en primera persona. Pero no son los únicos lugares. El cartel promocional de la serie instalado en la plaza de Callao (Madrid) levantó una polvareda. La imagen, dividida por la mitad, mostraba al Txato, protagonista de la trama, agonizante en manos de su mujer, Bittori, tras haber sido tiroteado por su asesino.

En el otro lado, perfectamente simétrico, el personaje de Joxe Mari, etarra que ejecuta al primero, aparece desnudo en el suelo de una comisaría tras aparentemente haber sido torturado por unos policías que charlan a su alrededor. Las acusaciones contra HBO de “equidistancia” y de “equiparar a víctimas y verdugos” no se hicieron esperar.

El propio Aramburu tuvo que posicionarse y consideró la imagen un “desacierto” fruto de una estrategia de marketing que aseguró “no compartir”. “En la novela hay una clara línea divisoria entre quién sufre y quién hace sufrir”, destacó. “Las víctimas –se felicita Ordóñez, presidenta de Covite– hemos sido protagonistas desde el principio hasta el final”. El politólogo Rafa Leonisio, por su parte, insiste en el “valor documental” de Patria , que “refleja muy bien el clima social y la amenaza de los años noventa en Euskadi”.

De una u otra manera, el fenómeno de Patria no ha dejado in­diferente a nadie. Ha permitido ­reabrir el baúl de la memoria colectiva y, sobre todo, individual. Porque cada persona fue golpeada de distinta manera por el terrorismo. Desde la violencia más explícita hasta su impacto mudo pero venenoso en las relaciones sociales y familiares. Por encima de valoraciones sobre su contenido, Patria vuelve a poner a la sociedad vasca ante el espejo oscuro de su pasado reciente. “Si genera controversia o debate –ha indicado su guionista, Aitor Gabilondo– ya es mucho para una serie de televisión”. El best seller lo logró. Dio lugar a conversaciones y discusiones atrapadas en el pudor y el miedo del pasado. Es el turno de la serie.

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