Fernando Alfaro, el punk tímido que abrió sus entrañas y encontró luz y petróleo

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Como ocurriera en 1999 con el famoso no-incidente de Ricky Martin en «¡Sorpresa, Sorpresa!», con el perro y el bote de mermelada y que mucha gente dice haber visto (la segunda derivada «fake» sería dónde está esa gente… ¿o es gente diciendo que hay otra gente que al parecer lo vio?), en el mundo indie hay una historia parecida. Sucedió en julio del 92, en Valencia, Madrid o Bilbao. Los todopoderosos Nirvana liderados por el «todofrágil» Kurt Cobain visitaban nuestro país en la gira de presentación del «Nevermind», teloneados a la sazón por Teenage Fanclub. Pero, ¿dónde están los Surfin’ Bichos que también aparecían en las entradas y carteles del evento? Muchos sí los vieron, sin embargo. En riguroso directo. Y quizá hasta se llevaron un perro y un bote de mermelada para gozar aún más de la inexistente actuación.

«Sobre el tour de Nirvana, ha habido no uno si no unos cuantos que me juran y perjuran habernos visto en aquellos conciertos. Yo de verdad que flipo hasta qué punto hay gente que a base de imaginar cosas termina por creérselas. Aunque a veces ya he llegado a pensar, ante su insistencia, que ellos tienen razón y yo no, y que de verdad nos vieron y que estuvimos allí», cuenta Fernando Alfaro, alma máter de los Surfin’, en el libro «La luz en sus entrañas: conversaciones con Fernando Alfaro», publicado por Manuel Pinazo y Chema Domínguez.

La intrahistoria de esta gira amputada fue un lío entre el promotor español de los conciertos, Roberto Grima, que dio el sí a la presencia de la banda albaceteña sin consultárselo a los mánagers de Nirvana, los que verdaderamente decidían, y que los días previos a la actuación rechazaron el plan: «Aquí no va a tocar ningún grupo español ni de ningún sitio. Los teloneros de toda la gira europea son Teenage Fanclub y ningún otro más». Esto ocurrió justo cuando los de Alfaro y Pascual acababan de publicar «Hermanos Carnales», su obra cumbre, y eran el principal caballo de batalla de la discográfica RCA, que invirtió «un pastón» en cuñas de radio y carteles para promocionar el show. La caída del cartel fue un desperdicio de recursos importante, pero también un golpe anímico. Dos años después, por variadas razones más, se separaron.

Todo esto lo explica el propio Alfaro en el libro elaborado por los fundadores del portal Muzicalia, que replican el modelo ya publicado con Antonio Luque alias Sr. Chinarro, en este caso con 16 entrevistas en profundidad en donde repasan la vida y obra de uno de los músicos más respetados en los últimos 30 años en España, tanto con los propios Surfin’ Bichos en su labor de precursores del indie en España (el prólogo lo hace J de Los Planetas, de hecho) hasta su posterior trayectoria con Chucho o en solitario, comenzando esta prospección de su memoria el 24 de abril de 2019. «Ayuda un montón cantar lo que te pasa, exorcizar las mierdas. El arte siempre ha sido eso, sacar las cosas que te están reventando por dentro», dice en su última respuesta el artista, tras 300 páginas de exhaustivo paseo por su particular imaginario enfermo de hamorambre, religión, vísceras, angustia y dramatismo.

La Velvet Underground, David Cronenberg, Manuel Alejandro, Nick Cave, Big Star, Luis Buñuel, Joel-Peter Witkin aka «El fotógrafo de los cielos», Gun Club, Violent Femmes, Robyn Hitchcock, Tom Waits o Dead Kennedys son algunos de los referentes del también líder de Chucho. Durante «La luz en sus entrañas», el que el que fuera punk tímido habla de adulto de manera abierta y directa sobre sus vivencias como delincuente juvenil, su caída en las drogas o su familia de 11 hermanos de clase media acomodada de Albacete y expropietaria de una gasolinera tan tranquila como deficitaria en la que nuestro hombre compuso «Los diarios del petróleo», monumental obra surtidora de fino y crudo líquido existencial en donde resume poéticamente toda su vida para, como en una coreografía de Chear Leaders, cantar: «Decid «A», («A»). Decid «BIS», («BIS»). Decid «MO» («MO»)… «¡ABISMO!»».

En el libro, hay muchas y grandes anécdotas, tanto del oficio, de la industria musical, de la amistad o de los propios meandros de la vida. Si el trapero Kaydy Cain explicó que se hizo un tatuaje en la cara para obligarse a sí mismo a centrarse en su carrera musical (ya que eso le impediría acceder a otros trabajos), el hecho iniciático de Alfaro también es curioso: «Justo cuando empecé a currar (en la gasolinera) me compré un cochecillo, y la gente del lumpen, amiguetes… «Vamos a tal sitio a pillar». Y entonces hacía esas cosas también porque me convenía, pero ya uno de ellos muy en serio me dijo que ya que tenía coche pues para hacer atracos. El tío fue muy sincero, me dijo: «No te voy a mentir, si te dedicas a esto que sepas que la mitad de tu vida te la vas a pasar en la cárcel, pero cuando estés fuera vas a estar como un rey». Me dio mal rollo, dije no a la delincuencia y decidí montar los Surfin’ Bichos».

Por supuesto, después de tantos años en el ajo cultural el libro cuenta con ilustres «cameos» de Agustín Fernandez Mallo, Nacho Vegas, Robe Iniesta, Andrea Levy, Joe Crepúsculo, Manuel Jabois, Gúdar, Clara Serra, Carolina Durante… Incluso Maria Dolores de Cospedal, en una inesperada y ya inolvidable mención. Alfaro, que considera que los Surfin’ más que padres del indie fueron «matapadres de todo lo que había sido la generación anterior», designa a Triángulo de Amor Bizarro como sus almas afines por su querencia compartida por lo religioso, el negrismo rural y «el rollo puerto-hurraquista». También se dejan ver los Chanantes, o sea Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Raúl Cimas… todos de Albacete: «Son justo unos años más pequeños que nosotros, de la generación de todos nuestros fans locos. Los que venían a los conciertos. Supongo que algo tendremos de responsabilidad en la devastación de sus mentes».

Por último, un par de sus observaciones, de las tantas que trufan el libro, y que sirven de autoretrato sintético del propio Alfaro: «Todo es un poco ficción. Hay una cosa de la que hablan muchos psiquiatras que es «la ficción de continuidad», hablo de ello en una de las primeras canciones de Chucho, es la construcción mental de convencerte a ti mismo de que eres la misma persona que eras cuando en realidad todo es caos y no te queda una sola célula del que eras hace siete años. La ficción de que hay un sentido en la vida». Sin embargo, sea ficticia o no, él dio con su particular continuidad: «Odio el poder y siempre lo he odiado. Al poder económico sobre todo. Bueno, al poder, para qué ponerle apellidos. Es difícil creer ciegamente en el ser humano, sin ir ciego. Si a pesar de ello, eliges ejercer el poder, que siempre es sobre los demás, pues me tendrás enfrente, aquí cagándome en tu puta madre».

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https://www.abc.es/cultura/musica/abci-fernando-alfaro-punk-timido-abrio-entranas-y-encontro-y-petroleo-202102070031_noticia.html

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