'Framing Britney Spears', el nuevo capítulo del espectáculo más inquietante del pop

Un documental sirve de altavoz a la campaña #FreeBritney, lanzada por fans que temen que la estrella del pop esté siendo controlada sin su consentimiento…

La película Liberad a Willy, Free Willy en su título original, fue un fenomenal éxito de taquilla en 1993. Niños y padres lloraban a moco tendido con la historia, no necesariamente verosímil, de un pobre muchacho huérfano que entabla amistad con una orca que es rebelde y peligrosa como debe serlo una orca, incluso una llamada Willy, pero que en realidad es un bicho melancólico que añora a su familia, la cual vive libre en el océano Pacífico, a tiro de piedra de su mazmorra con forma de tanque de agua. Bien, ahora extrapolemos: imaginemos que esa historia de ficción se está produciendo en la realidad, pero que la orca es una megaestrella del pop, que el malo es su padre y que el huerfanito simboliza a su grupo de seguidores más entregado.

Esa es la historia de #FreeBritney, el movimiento que desde hace dos años denuncia que Britney Spears sufre un hipotético control obsesivo y paralizante de su padre. Hasta ahora, esta etiqueta iba circulando por las redes sociales como una curiosidad que solo se tomaban en serio los fans de la cantante. «Ella me dio la fuerza para ser yo mismo», explica un manifestante tras una pancarta de cartulina. «Britney Spears necesita nuestra ayuda», clama otro. Ahora el asunto ha saltado a la opinión pública general en EEUU con la emisión del documental Framing Britney Spears, elaborado por el periódico The New York Times y que se estrena este lunes en España en el canal Odisea, disponible en Movistar+, Vodafone TV, Orange TV y Grupo Euskaltel.

La carrera de Britney Spears ha experimentado los altibajos más radicales de la industria del entretenimiento de este siglo. Esa montaña rusa ha terminado convirtiendo la vida de la artista en un espectáculo de sesión continua, un show de Truman en el que #FreeBritney es el nuevo capítulo de una emisión sin fin.

El meollo del asunto se remonta a 2008, cuando la Barbie del pop se terminó de romper por dentro. A los 26 años y después de una década de canciones burbujeantes y éxito planetario, perdió la custodia de sus dos hijos y el derecho a visitarlos y fue internada de urgencia en dos ocasiones en unidades de tratamiento psiquiátrico. Entonces se decidió de común acuerdo que su padre, Jamie Spears, ejercería una tutela sobre el patrimonio económico de la chica, que ella misma se consideraba incapaz de gestionar y que hoy se calcula que asciende a 50 millones de euros.

Una imagen del documental 'Framing Britney Spears'.
Una imagen del documental 'Framing Britney Spears'.

El documental incide colateralmente en dos temas importantes, el machismo y la salud mental. Vemos a Britney con 10 años como una niñita adorable de una región conservadora y religiosa que sueña con convertirse en estrella del pop. A grandes rasgos su madre aparece perfilada como una entusiasta; el padre, como un ex alcohólico fracasado y obsesionado por el dinero.

Sometida a un bombardeo continuo de insinuaciones sexuales desde esa primera actuación televisiva con 10 años, Britney logró un impacto instantáneo con su primer disco, …Baby One More Time (1999), y se incrustó en la retina de EEUU como una lolita con coletas y estribillos pícaros, pero de inmediato pasó de novia de América a punching ball nacional. Bueno, novia de Justin Timberlake: cuando acabó su relación sentimental. él contribuyó a extender el relato de que la inocente muchachita era la villana, la culpable del publicitado asunto, y eso queda tan claro en el documental que el propio Timberlake se ha visto obligado a disculparse hace dos semanas: «Ahora entiendo que me beneficié de un sistema que aprueba la misoginia».

Desde 2003 vemos cómo los ojazos de Britney se van llenando de lágrimas entrevista tras entrevista, y comienzan los altibajos emocionales, y algo empieza a romperse dentro de su mente. Es en ese momento cuando graba sus dos mejores álbumes, los más arriesgados y modernos, Blackout y Circus, fiestones de pop electrónico repletos de referencias a la sexualidad, el empoderamiento femenino y la inestabilidad. Entonces una noche se rapa el pelo al cero y otra ataca furiosa el coche de un paparazzo con lo primero que tiene a mano, un paraguas, y se desata una cascada global de chistes sobre su fragilidad mental.

Así que desde hace casi 13 años Jamie Spears custodia los negocios y, de algún modo, la vida personal y médica de la estrella. Tras aquella decisión, Britney relanzó su carrera con una lucrativa sucesión de álbumes, giras, acuerdos publicitarios y apariciones públicas (nivel jurado de X Factor), hasta una serie de casi 250 conciertos durante varios años en un casino de Las Vegas que es considerado el show más popular en la historia de la ciudad de las tragaperras, con unas 900.000 entradas vendidas.

Una imagen del documental 'Framing Britney Spears'.
Una imagen del documental 'Framing Britney Spears'.

Esta dinámica se rompió en 2018, cuando sólo ofreció un concierto, el último hasta la fecha, y en 2019 empezó a mostrar su deseo de desligarse de la tutela de su padre. Entre los fans se extendió la creencia de que Britney era controlada contra su voluntad, que no quería actuar en directo si su padre seguía controlando sus finanzas y que incluso fue ingresada a la fuerza en un sanatorio mental (fue en abril de ese año cuando surgió la etiqueta #FreeBritney). Lo que Jamie Spears ha llamado «teorías conspiratorias» tomó más fuerza en 2020 cuando la ahora Cenicienta del pop batalló en un tribunal por independizarse y acabar con el tutelaje de su padre. La Justicia no cambió de decisión.

¿Está Britney Spears atrapada y controlada por su padre? ¿Está realmente preparada para gestionar su carrera y su vida? El final de Framing Britney Spears sirve para explicar la falta de respuestas. Antes de los títulos de crédito se explica que nadie de la familia quiso responder a las preguntas de los entrevistadores del documental. «Intentamos ponernos en contacto con Britney Spears directamente para que participara en este proyecto», añade un mensaje final. «No está claro si llegó a recibir la petición».


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