Francia hace de la lengua la piedra fundacional de su política cultural

Corresponsal en París Actualizado: Guardar

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La pandemia y la gangrena islamista han confirmado a Francia y su presidente, Emmanuel Macron, que la enseñanza, defensa y promoción de la lengua, nacional e internacional, son la matriz de una política cultural que se propone afirmar la identidad nacional contra las amenazas del «separatismo» y la fragmentación paralizantes.

Al final del homenaje nacional a Samuel Paty -el profesor decapitado por un islamista en una escuela de Conflans Sainte-Honorine, el 16 de octubre pasado-, celebrado en la Universidad de la Sorbona, Macron recordó la piedra fundacional de toda su política cultural: «La enseñanza del francés es la matriz de nuestra identidad. La lengua, la escuela, la educación y la cultura triunfarán contra la barbarie».

Es en la escuela, piedra fundacional de toda la arquitectura de la política cultural del Estado, donde el presidente de la República situó el principio capital de su política contra el «separatismo» (cultural, religioso, islamista…)

Enseñada en la escuela, con prioridad absoluta, la defensa del francés, en la escena nacional e internacional, es, en la política y la diplomacia «macronianas», un «motor» de acción política, diplomática y cultural.

Existen numerosas asociaciones independientes, apoyadas calurosamente por el Ministerio de Cultura, que trabajan por la defensa del francés, lengua nacional, «amenazada» por la «invasión» o el «separatismo».

Son recurrentes las polémicas consagradas a denunciar la introducción «masiva» de anglicismos. Los ministerios de Cultura y Educación, por su parte, luchan a diario contra las tentaciones «separatistas» de organizaciones (muy mayoritariamente musulmanas) que defienden el uso de otras lenguas (el árabe) en la enseñanza escolar y la vida pública. El Ministerio de Cultura defiende la identidad de las distintas lenguas habladas en Francia, con carácter más o menos minoritario (corso, bretón, árabe, criollo, canaco y vanatuense, entre otras). Pero esa defensa pasa por el puesto central de la lengua nacional, el francés. En este terreno, como en otros, Emmanuel Macron continúa y matiza las políticas culturales de todos los presidentes de sucesivas repúblicas.

Reafirmado el puesto central de la lengua, de la escuela a la vida pública nacional, el presidente Macron también concede una importancia particular a la promoción del francés en la escena internacional. «No soy un defensor gruñón y arcaico de la lengua francesa. Soy un defensor ambicioso y conquistador», ha dicho Macron en varias ocasiones, reafirmando al mismo tiempo, la legendaria máxima de Albert Camus, francés nacido en Argel: «Mi patria es la lengua francesa».

Cuando Macron se dice «defensor ambicioso», quiere decir: Francia no se contenta con ser la quinta lengua más hablada del mundo, por detrás del mandarín, el inglés, el español y el árabe… Francia aspira a consolidar, afirmar y conquistar posiciones internacionales, en territorios estratégicos, comenzando por el continente africano, donde el francés aspira a ser una lengua «dominante», en competencia muy dura con el inglés y el mandarín.

Cuando Macron se dice «conquistador» se refiere a su ambición de relanzar la dimensión cultural profunda de la francofonía.

El término francofonía fue utilizado por vez primera a finales del siglo XIX por los hermanos Élisée y Onésime Reclus, que comenzaron a utilizarlo para calificar al conjunto de países que hablaban francés. Medio siglo más tarde, grandes personalidades artísticas, culturales y políticas, de muy diversas tierras natales, como Léopold Sédar Senghor (senegalés), Habib Bourguiba (tunecino) o Hamani Diori (nigeriano), entre otros, echaron los cimientos de la francofonía institucional, que el general De Gaulle y todos los presidentes de la V República transformaron en una organización diplomática muy ambiciosa.

A la luz de los nuevos desafíos nacionales e internacionales de Francia (separatismo cultural, nueva geografía de la influencia mundial), Emmanuel Macron aspira a relanzar la francofonía institucional.

En tiempos de pandemia y de crisis económica, social, Macron ha relanzado su proyecto de creación de una Ciudad internacional de la lengua francesa, restaurando un castillo / residencia aristocrática en Villers-Cotterêts -una localidad de 11.000 habitantes, al oeste de París-, la ciudad natal de Alejandro Dumas (padre), el legendario autor de «Los tres mosqueteros» y «El conde de Montecristo».

La francofonía tiene muchos rostros, diplomáticos, políticos, económicos. Macron desea insistir en su dimensión cultural de la lengua. La futura Ciudad internacional de la lengua francesa será algo así como una «residencia» para autores -escritores, novelistas, poetas, dramaturgos- de muy diversa nacionalidad, unidos en la defensa común de la lengua nacional de Francia.

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