François Ozon: "Al homosexual se le pide y se le exige todavía ser discreto"

Entre 1997, año de sus primer largometraje, y el que nos ocupa en el rigor de la pandemia, <strong>Francois Ozon (París, 1967)</strong> ha dirigido más…

Entre 1997, año de sus primer largometraje, y el que nos ocupa en el rigor de la pandemia, Francois Ozon (París, 1967) ha dirigido más de 20 películas. Casi una por año. Y, como le gusta decir a la vez que cita a Truffaut, cada nuevo trabajo contra el anterior. ‘Verano del 85’, su última película que se estrena este viernes, nada tiene que ver con ‘Gracias a Dios’ (2018). La primera es cine luminoso construido desde la memoria de un tiempo feliz e imaginario, la segunda, recuérdese, fue la piedra de toque de todas las polémicas por su denuncia de la pederastia en el interior de la Iglesia. «Contradecirse», apunta, «es lo que da sentido al trabajo y hasta a la vida». Presentada en el último festival de San Sebastián después de convertirse en un éxito de taquilla en su país, ‘Verano del 85’ es una celebración entusiasta de casi todo: de la homosexualidad sin tapujos, de la adolescencia como estado de alma y, apurando, del cine sin reglas, completamente libre.

Un momento de la películas 'Verano del 85'
Un momento de la películas 'Verano del 85'
Se diría que la película es justo lo contrario de lo que estamos viviendo. Contra el enclaustramiento, una cinta a plena luz del día…
No es, por supuesto, nada buscado. Pero sospecho que su éxito en Francia tiene que ver precisamente con esto. Sobre todo, es una película contra la oscuridad en la que me sumergí al rodar ‘Gracias a Dios’. Quería tomarme unas vacaciones de mí mismo. Quería aire libre, juventud… Y, lo que son las cosas, mi deseo ha coincidido con el deseo de tantos que desean recuperar la sensación y el tacto de la piel en un momento en el que no podemos tocarnos…
¿Es una película autobiográfica?
Todas los son.
Ya.
Las emociones de la película son mis emociones si es a eso a lo que se refiere.
Para un español, los años 80 son los años de la Transición, del fin de la dictadura, de la libertad y de muchas dudas. ¿Y para un francés?
Para mí, que soy francés, son los años de mi adolescencia. Pero creo que también son los años de la adolescencia para mucha gente que quizá no era adolescente entonces. Fueron unos años en los que se descubrió la libertad, la libertad sexual, y, de repente, en 1987, el sida. La pasión con la que viví buena parte de esa década acto seguido se convirtió en miedo. Y esos dos sentimientos ejemplifican muy bien lo que es la primera juventud. Fueron años maravillosos que, sin solución de continuidad, se transformaron en la peor pesadilla ultraliberal en la que el capitalismo enseñó su rostro más cruel.
En varias ocasiones ha dicho que le fascina la adolescencia…
La adolescencia es el momento de la primera vez. Y eso es fascinante. Una historia de amor con 50 años tiene una liturgia y es posible anticipar qué va a pasar en cada momento. Eso no ocurre con el primer amor. Parece obvio y lo es, pero conviene recordarlo.
¿Cómo de presente está en su trabajo la urgencia de presentar la homosexualidad con total libertad y contra todos los tabúes y clichés?
‘Verano del 85’ es la película que a mí me hubiera gustado ver cuando era adolescente. La homosexualidad siempre ha estado asociada a la culpa, a la muerte, al dolor… Por lo menos en esa época.
¿Y cree que eso ya no es así?
El problema es la representación. Eso es algo que está muy dentro de la sociedad aún. Que mi película se vea como algo revolucionario o que simplemente se hable de la homosexualidad por su culpa cuando no es más que una historia de amor lo demuestra. Imagino que para un joven de una gran ciudad ya no es problema, pero si miras más adentro, en zonas rurales, continúa siendo un campo de batalla. Al homosexual se le pide y se le exige todavía ser discreto. La normalidad pesa.
¿La normalidad?
Sí, la normalidad entendida como todo aquello… que no me interesa. Lo único que me interesa es la diferencia.
¿Cree que sería necesario algo así como un movimiento MeToo de la homosexualidad que denuncie las humillaciones padecidas?
Sin duda.
¿Qué cree de las reglas establecidas por los Oscar para ampliar la diversidad?
No estoy muy an tanto. He tenido mucho lío de trabajo. De todas formas, y como impresión general, creo que el arte no admite reglas. El cine es un espacio para la libertad… Todas esas normas que vienen de Estados Unidos lo único que consiguen es aplicar una nueva forma de censura. No, no se puede establecer un porcentaje para unos, otro porcentaje para otros. Que si los negros, que si los árabes, que si las mujeres… No, el arte no entiende de porcentaje ni de cuotas.
En un momento de la película, uno de los amantes le dice al otro que nunca tiene suficiente de él. ¿De qué no tiene nunca bastante Ozon?
De hacer cine. para mí hacer cine es un placer. Si sufriera, haría una película cada diez años.

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