Frédéric Lenoir: “La felicidad no es ‘todo va bien, todo es fácil’”

Una novela que es casi un testamento filosófico y vital. La voz del ángel (Grijalbo) es la nueva entrega del pensamiento del filósofo francés Frédéric Lenoir (Antananarivo, Madagascar, 1962), que durante años dirigió la revista Le Monde des religions. Y que ahora habla del mundo actual a través del emocionante encuentro en un hospital de un joven que ha intentado suicidarse y una mujer que vivió el Holocausto y apura sus últimos días. Un mundo que, cree Lenoir, ha dejado fuera de la realidad uno de los dos componentes que le atribuía el filósofo Spinoza, quien apuntaba que lo real era materia pero también alma. Un mundo que lo explica todo en clave química y se olvida del espíritu y de preguntarnos qué nos da sentido y qué nos pone realmente alegres. Un mundo cuya idea de libertad le parece equívoca: “Ser libre no es hacer todo lo que nos apetezca sino no ser esclavos de nuestras pulsiones, deseos y emociones”.

“Hoy tenemos necesidad, como señaló el filósofo Henri Bergson, de un suplemento de alma”

“Lo que intento hacer desde hace 30 años en mi trabajo filosófico y mis novelas –cuenta a través de una entrevista por Zoom– es recordar que tenemos necesidad, como señaló el filósofo Henri Bergson, de un suplemento de alma. La materia es tan poderosa a través de la tecnología que tenemos más necesidad de conciencia para gestionar los desafíos”.

“Tras la Segunda Guerra Mundial vivimos 50 años únicos con una ficción de estabilidad. Ahora ha vuelto un mundo caótico”

Y dice que La voz del ángel muestra su visión del mundo a través de su heroína, “una vieja mujer que era profesora de filosófica y va a morir”. “Quería transmitir lo que pienso sobre todo a jóvenes adultos que se preguntan por qué estamos en la Tierra y si la vida tiene sentido, las grandes cuestiones existenciales”.

Víctor Hugo fotografiado en 1884
Víctor Hugo fotografiado en 1884 (Félix Nadar)

Utilizando numerosas citas del autor de Los miserables, Víctor Hugo, un autor que le inspira y que, dice, “se conoce por sus novelas pero poco por su poesía, muy espiritual”, Lenoir recorre un mundo actual mejor que el de cualquier otro momento histórico pese a sus fallos. Pero que ha entrado en crisis. “Hemos vivido años únicos en la Historia, los 50 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con una paz ligada a la Guerra Fría que creó una ficción de estabilidad. El mundo era previsible y había crecimiento económico, tecnológico y confort material. Hoy que no hay Guerra fría hay terrorismo y hay crisis y epidemias. Pagamos con crisis ecológica y sanitaria la explotación de los recursos y el hundimiento de la biodiversidad del planeta de esas décadas. Volvemos tras un periodo excepcional a un mundo caótico, imprevisible, más peligroso que durante esos 50 años. Hay una crisis sistémica. O cambiamos la lógica de crecimiento a cualquier precio y consumo infinito y encontramos soluciones o habrá crisis permanente”.

“La felicidad es una satisfacción de la existencia ligada a un equilibrio en nuestra vida”

La respuesta, dice, “está en la conciencia, tomar conciencia de la problemática, cambiar nuestro comportamiento, dejar de usar combustibles fósiles, acabar con la catástrofe de la deforestación, lo que resulta difícil para todos con nuestro hábito de consumo desenfrenado y la dopamina que genera y que proporciona un placer inmediato. Estamos adictos a la dopamina”. Y la felicidad, señala, no es sólo placer, es otra cosa.“La felicidad es una satisfacción de la existencia –concluye– ligada a un equilibrio de la vida, profesional, emocional, con uno mismo y los otros, no depende de esos pequeños placeres inmediatos que renovamos sin cesar”.

“¿Vivo para tener pequeños placeres continuos o para comprometerme en algo?”

“Nos falta sentido”, apunta. “Freud decía que la felicidad está esencialmente ligada al placer. Viktor Frankl, uno de sus discípulos, que fue deportado, vio en los campos de concentración que los que mejor sobrevivían, los que tenían más fuerza, eran los que tenían razones para vivir. Por eso mi heroína le dice al joven que no tiene ganas de vivir que se debe dar razones.¿Vivo para tener pequeños placeres continuos o para comprometerme en algo, aportar algo útil a la humanidad, crear algo artístico importante, comprender el mundo? Darse sentido es encontrar verdaderas razones para vivir. ¿Sobrevivo, o vivo plenamente porque me he dado razones para hacerlo?”.

“Para Freud todo era libido. Frankl añadió el sentido y Jung la dimensión espiritual”

Claramente Lenoir prefiere la filosofía de Frankl y la de Jung a la del maestro de ambos, Freud. “Tomaron distancia con él porque lo centraba todo en la libido como motor fundamental de la existencia. No se equivocó, es fundamental, pero Jung y Frankl le dijeron que había otros motores de la existencia. Frankl añadió el sentido y Jung la dimensión espiritual”. Si Freud se centró en la materia, el joven protagonista de La voz del ángel explica el mundo por la química humana, serotonina, oxitocina, dopamina. “La materia es muy importante y las sustancias químicas del cuerpo participan en nuestro bienestar y no hay que ser maniqueo. Pero no se puede reducir todo a la materia. Ni oponer el espíritu a la materia, necesitamos los dos”.

“La felicidad más profunda se basa con frecuencia sobre la tragedia que uno ha conseguido remontar”

Tampoco hay oposición, dice, entre tragedia y la alegría. La octogenaria protagonista atraviesa el gran horror del siglo XX, el Holocausto, y sin embargo muestra “que se puede atravesar dramas y recuperar la alegría”. “Es la resiliencia, y esta novela es sobre la resiliencia. Muestra que la felicidad no es ‘todo va bien, estoy muy bien, todo es fácil’. La felicidad más profunda se basa con frecuencia sobre la tragedia que uno ha conseguido remontar y superar. Yo me he reunido con gente que ha sobrevivido a Auschwitz, tres mujeres, y lo que les ha ayudado es no considerarse de víctimas. No poner de forma permanente la deportación en el centro de su vida. No se reduce a ello. Hubo un antes donde fueron amadas, queridas, y se han conectado a esas experiencias positivas, han reconectado con lo cotidiano de la vida”.

“El amor es la energía más potente del universo, necesitamos estar en comunión con otros”

Y, añade. la resiliencia reposa sobre el amor, es gente que se ha reconstruido a través de relaciones amorosas, que les han devuelto el gusto de vivir”. Un amor que resulta ciencia ficción para el joven protagonista. “Es la energía más potente del universo y tiene muchas maneras de existir, es deseo, amor incondicional para batirse por la justicia o dar la vida por un desconocido, amor paternal, por animales de compañía, pero tenemos necesidad de estar en comunión con otros seres vivientes”.

“Hoy sólo pensamos la libertad en términos políticos, que nadie me impida hacer lo que quiero”

En ese sentido, el joven también cree en una libertad que Lenoir no comparte. “Spinoza en el siglo XVII es el primer pensador de la Ilustración, antes que Voltaire o Comte, que dice que haría falta que estuviéramos en sistemas democráticos y que separa la política de la religión. Define perfectamente la libertad política moderna y a la vez nos dice que no es la más importante, sino dominar nuestras pasiones, no ser esclavos de ellas. Hoy sólo pensamos la libertad en términos políticos, que nadie me impida hacer lo que quiero. Pero un niño al que se le permite hacer todo se convierte en insoportable, es incapaz de vivir en sociedad y es infeliz. Hay que aprender a limitar el deseo y el individualismo narcisista. Los límites nos permiten ir más lejos en la conciencia, si no, vivimos en la pulsión infinita”.

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