Gerardo Malla, la calma de la sabiduría

Gerardo Malla, en «Las bicicletas son para el verano» – Ángel de Antonio

Gerardo Malla, la calma de la sabiduría

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Tenía Gerardo Malla puesta una media sonrisa pincelada de ironía y de guasa sorda, y en su voz levemente acerada la calma que da la sabiduría. En su mirada se alojaban tanto un viejo cascarrabias como un profesor cariñoso; pero sobre todo, irradiaba respeto, él mismo que él siempre demostraba por quienes se dirigían a él. Gerardo Malla. Era un actor artesano, de los que teñía a los personajes con su discreta pero asentada personalidad; y era un director firme y flexible. En este país de magníficos secundarios, Gerardo Malla engrosaba la nómina con un arte que fue afilándose con los años y que brindó en destacados trabajos como el padre de «Las bicicletas son para el verano», de Fernando Fernán-Gómez, bajo la dirección de Luis Olmos, o «Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?», dirigida por su autor, Adolfo Marsillach.

Gerardo Malla (fallecido el viernes a los 84 años) nació en la localidad conquense de Buendía el 24 de noviembre de 1936; era, por tanto, hijo de la guerra civil, seguramente determinante de un modo de entender la vida que compartió con tantos españoles. Tenía 19 años cuando entró en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas y no había cumplido los 22 años cuando debutó profesionalmente como actor en «La Orestiada», en el Teatro Español. A ésta seguirían obras como «El perro del hortelano», «El lindo Don Diego», «La persona buena de Sezuán», ésta última en la compañía de Nuria Espert, con quien trabajó también en «Nuestra Natacha» y en «A puerta cerrada; Espectáculo Jean-Paul Sartre; La puta respetuosa». En este último montaje también trabajó con Adolfo Marsillach, con el que haría dos de sus funciones míticas: «Marat-Sade» y «Tartufo». En esta época conoció a la que sería su mujer, Amparo Valle con quien tuvo dos hijos: Coque y Miguel, ambos músicos.

«La murga» (1974), de Francisco Díaz Velázquez, fue su primer trabajo como director, faceta que cultivaría posteriormente con asiduidad y eficacia: «Bajarse al moro», «Fuera de quicio», «Trampa para pájaros» o «Pares y Nines», de Alonso de Santos (uno de sus socios en la creación, en 1989, de la productora Pentacion) son solo unos pocos ejemplos de un director que también firmó trabajos en la CNTC («El desdén con el desdén») o el Teatro de la Zarzuela («La chulapona», «El hijo fingido», «Los gavilanes») y que siempre honró el oficio de actor.

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https://www.abc.es/cultura/teatros/abci-gerardo-malla-calma-sabiduria-202101170102_noticia.html

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