Ginés Marín, por el buen camino

El extremeño muestra una imagen mejorada de su torero en Barcarrota (Badajoz) y triunfa junto a Juan Leal ante una noble corrida de El Parralejo

La preciosa plaza de Barcarrota está construida bajo un campanario. Un coqueto ruedo en el corazón de Extremadura. Tierra de la que han brotado toreros de primera línea en los últimos años. Ginés Marín trenzó el segundo paseíllo del extraño año tras haber quedado segundo del escalafón de 2019, el primero fue en la casi olvidada -por su lejanía, no así por su contenido- Feria de Olivenza. Su actuación resultó notable por el progreso de su buen concepto y la búsqueda del clasicismo. Juan Leal ha toreado más, Simón Casas se ha unido al apoderamiento que desde el año pasado lleva Julián Guerra.

La corrida de El Parralejo estuvo bien presentada y tuvo la tónica general de la nobleza, en momentos ayuna de empuje y de casta. Permitió sin problemas el triunfo de los dos toreros jóvenes, de tan diverso concepto entre sí.

Juan Leal tiene un valor indiscutible, no paró de demostrarlo toda la tarde. El quite por saltilleras al primero fue completamente estoico. El inicio en los medios de rodillas fue por el mismo palo. El toro tenía un punto de manso que terminó en canto gallinero en cuanto se sintió podido por la poderosa franela de Leal que se ligaba en modo peonza, sin ajuste pero con continuidad. Los circulares en territorio comprometido coronaron una obra premiada con una oreja.

Dos trofeos sumó a su esportón tras estoquear en carrera al buen tercero. Las campanadas a las 18 advirtieron del largo metraje de la faena, como un aviso providencial, pero la faena siguió y siguió. Le hizo de todo aprovechando la buena condición del toro. Se pegó un arrimón al final, incluso de rodillas. Al natural llegaron los momentos más ceñidos.

Por su parte, Ginés Marín logró una oreja en cada toro de su lote. Manejó con categoría el capote en sus dos turnos, buenas verónicas y floridos remates. En primero, un toro que embestía en ocasiones recto, sacó su carácter en un magnífico inicio rodilla en tierra. A continuación fue corrigiendo el defecto hasta llegar a una perfecta serie de naturales. El cuarto fue un toro con calidad, con mayor chispa que sus hermano y un rítmico pitón izquierdo que aprovechó el extremeño dando una gran dimensión. Faltó contundencia con el acero en general pero dejó una grata impresión.

En cuanto a los premios de cada festejo de la Fundación Toro de Lidia y del Canal Toros, Guillermo Marín fue premiado por el mejor puyazo al coger con habilidad al cuarto toro que vino al relance. Precisamente, ese toro de El Parralejo fue escogido por el jurado como el mejor de la tarde. Antonio Manuel Punta protagonizó la mejor brega mientras que Agustín de Espartinas fue seleccionado por su buena actuación con las banderillas, de hecho, se tuvo que destocar.


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