Greta Thunberg: "Nadie decide por mí, pienso por mí misma"

La joven activista sueca habla sobre el documental que se ha presentado hoy en la Mostra

Cuenta Nathan Grossman, director de ‘Greta’, que la primera vez que vio a la adolescente más famosa, célebre, amada y hasta odiada del planeta se quedó tan sorprendido de su determinación, cerca de la más simple tozudez, claridad de ideas, a un paso de la iluminación, y convencimiento, pura fe, que decidió hacer una película de ese mundo que en ese momento se le antojó duro, firme y, sobre todo, «pequeño». «Me habló a mí y a la gente que pasaba por el ventoso Riksgatan de Suecia con la voz débil y tartamudeante», recuerda. «No podía imaginarme entonces lo equivocado que podía estar. Era mucho más grande de lo que nadie podía sospechar». concluye.

Y es desde aquí desde donde el documentalista sueco levanta su trabajo ‘Greta’ presentado fuera de competición en el Festival de Venecia. La película avanza por la pantalla partida en dos. Por un lado, vemos a la activista en todas y cada una de sus apariciones públicas, sea en Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019 en Madrid, sea en la Asamblea francesa en compañía del presidente Macron, sea de la mano de Arnold Schwarzenegger. Y por el otro, la vemos en familia como probablemente nunca antes y con todo lo que eso significa: Greta de repente se parece a alguien que no figura normalmente ni en la pantalla ni en los editoriales ni en las polémicas; alguien, fuera proclamas, realmente irresistible.

Un momento del documental 'Greta'.
Un momento del documental 'Greta'.

Y quizá por apelar a ese su lado más a mano y difícilmente manipulable (por demasiado cotidiano y aparentemente banal), la intervención que hizo el viernes por teleconferencia en la rueda de prensa de presentación de la cinta se detuvo ahí, en la Greta inalienable. «Nadie decide por mí, pienso por mí misma», dijo con su ya habitual aplomo y con los ojos perfectamente abiertos. Arremetía así contra la bandera reiteradamente exhibida por sus enemigos. Sí, dada la condescendiente y machista violencia con la que se refieren a ella, se pueden considerar enemigos.

«El documental demuestra que hay algunas personas que hablan de teorías de la conspiración, dicen que no hablo por mí misma, ni pienso, o que alguien escribe mis discursos. Y yo creo que en la película se puede ver que de hecho esto no es verdad», añadió. Y cierto es que el grado de exposición de Greta en la película es bastante más que sólo abrasivo. Todo a la vista y en todo momento.

La activista medioambiental celebró (o, mejor, destacó) el hecho de hablar a un grupo de periodistas que, distancia de seguridad mediante, atendía desde Venecia. Y lo hizo por lo que hacía mención a la ciudad que tras las inundaciones del pasado invierno en «la prueba evidente de la amenaza del calentamiento global», y por lo que tenía que ver con una pandemia que ha detenido en seco toda movilización. «Seguiremos pronto, respetando, eso sí, los protocolos sanitarios», advirtió y lo hizo de tal modo que no quedó otra que creerle.

El director sueco Nathan Grossman en la presentación de 'Greta'.
El director sueco Nathan Grossman en la presentación de 'Greta'.EFE

‘Greta’, la película, es Greta, la adolescente, por los cuatro costados. El espectador es invitado no tanto a seguir a la adolescente como a colocarse en su lugar. La cámara se detiene en su ensimismamiento diagnosticado con la misma claridad que lo hace en su total ausencia de pudor cuando se trata de defender en lo que cree. Pero siempre a una prudente distancia para ni ofender ni herir. No se da información nueva. Todo lo que tiene que ver con Thunberg hace tiempo que está ahí, manoseado hasta la extenuación. Simplemente se entrega un nuevo punto de vista: más cerca de la piel, de las dudas y hasta de la urgencia de su pelea.

Digamos que la gracia es que pese al tamaño inconmensurable que ha adquirido ya el personaje, el documental se niega a perder de vista que nació como un proyecto simplemente «pequeño». ¿Quién lo iba a decir?

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