Guía práctica para adentrarse en el mundo teatral

<strong>¿Cómo poner en pie una obra de teatro más allá del mero entusiasmo? </strong>Si usted no es un actor profesional, si es un aficionado que…

¿Cómo poner en pie una obra de teatro más allá del mero entusiasmo? Si usted no es un actor profesional, si es un aficionado que quiere dar el salto desde la butaca al escenario le puede ayudar El experto amateur. Guía para iniciarse en el teatro (Bolchiro), de José María García-Luján.

El libro pretende ser una linterna para avanzar en la oscuridad de quienes quieren formar una compañía, «para ese grupo de amigos, alumnos o comunidad de vecinos… Da igual, lo importante es saber qué figura hay que crear, qué requisitos se necesitan y cómo funciona», comenta García-Luján, que ha sido presidente de la Federación de Teatro Amateur de Madrid y luego presidente de la federación nacional, ha dado numerosas conferencias sobre el teatro y es un prestigioso abogado.

Tal vez se desconozca que en España hay 7.000 compañías de teatro amateur, según dice Luis María Anson en el prólogo, lo que muestra el interés de la pasión por el teatro. El número, dice García-Luján, es aún mayor. «El teatro amateur es una realidad incontestable, pleno de pujanza y completamente olvidado por la legislación y toda la clase política. El teatro amateur sirve para transmitir una serie de valores especialmente positivos como la constancia, la disciplina, la mejora y el trabajo en equipo. Debería formar parte de nuestro sistema formativo».

Esta guía para iniciarse en la práctica del teatro, dirigida para quienes empiezan sin contar con ningún tipo de formación, no sólo se encamina a los actores y directores: atiende también a labores técnicas, como el sonido, el vestuario o la iluminación. Y para ello García-Luján se basa en su experiencia en el mundo del teatro amateur y en las obras que él mismo ha escrito. «Tengo numerosas obras cortas, a las que llamo chupitos de teatro, para dos personajes, en tono cómico, con un tipo de humor que pretende recordar al absurdo. Casi todas han subido a las tablas. Me gustan Sí, aquí es, La secretaria eficaz, Un hotelito muy cuco, Reencuentro explosivo, A su debido tiempo…», escribe el autor. El libro recoge tres de esas piezas.

Por las páginas de El experto amateur García-Luján desliza comentarios como estos: «La diversión es mayor cuando se interpreta a quien no se nos parece», «Empecemos por lo esencial: comprensión del texto», «Hay que traducir los matices de un texto leído con gestos, silencios, muecas, ademanes, expresiones, tono de voz, posición corporal, vestimenta, iluminación…». Es importante, incluso, cómo debe estar el actor en el escenario frente al público, su postura. Que los movimientos sean claros. Tampoco olvida detalles como qué hacer con las manos. Para todo ello recomienda una «sana obsesión, constancia y paciencia».

Por este manual repleto de trucos pasean figuras como Stanislavski y su método, Peter Brook y William Layton como teóricos de la formación de actores, recogidos por un entusiasta de las obras de Juan Mayorga, Paloma Pedrero e Ignacio Amestoy. A García-Luján le gustan actores de la talla de Concha Velasco, Carmen Machi, Nuria Espert, Carlos Hipólito, Aitana Sánchez Gijón o Juan Echanove. Entre los directores se queda con Ernesto Caballero, Miguel del Arco y Angélica Liddell.

«Soy muy lorquiano, me parece pura poesía sobre las tablas», dice a EL MUNDO por correo electrónico. «Pero me gustan los clásicos y el siglo XIX. El Tenorio me parece un misterio indescifrable: ¿por qué gusta tanto y a través de las generaciones y de los siglos? También soy un apasionado de la comedia ligera de principios del siglo XX. En aquel entonces el teatro se hacía a granel y estaba en cartel el tiempo que producía en taquilla, pudiendo cambiarse de función, incluso, en el mismo día; la exigencia era altísima y aunque la dramaturgia se resentía a favor de la comicidad, la arquitectura teatral era siempre impecable. Te diré nombres como Muñoz Seca o Arniches y, más adelante, Jorge Llopis o Miguel Mihura. A todos los he representado mucho».

José María García-Luján considera que el teatro amateur «suele tener una frescura y un desparpajo muy divertido de ver… y de practicar. El teatro cumple la función de ser un espejo en el que la sociedad se mira, que es esencial para comprendernos». Así como el hecho de que la representación se hace en un momento en particular y para un público concreto. «Eso es algo mágico, por irrepetible».


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