Ian Gibson: "Lo peor de España es que la derecha no reconoce la criminalidad de la dictadura"

El hispanista promueve en su nuevo libro una República Federal Ibérica que reúna en igualdad a castellanos, catalanes y portugueses.

Hacia la República Federal Ibérica parece el título de un manifiesto del sigloXX, mezcla de idealismo y determinación. Lo es, pero no sólo es eso. En sus 334 páginas (Espasa), su autor, el hispanista Ian Gibson, narra la historia del iberismo, incluye un dietario personal que empieza en la exhumación de Franco y acaba en el encierro de marzo y deja caer algunas páginas autobiográficas. A su manera, todo conecta y desemboca en una última página en la que aparecen citadas As Lusiadas, el Quijote y

Tirant lo Blanch

en ibérica hermandad. Empecemos por el manifiesto político. La tesis de

Hacia la República Federal Ibérica

dice que el problema de España es que su proyecto nacional está basado en los delirios de grandeza imperial de Castilla. «Por eso, estas tensiones terribles que vivimos», dice Gibson. En su opinión, la mejor manera de deshacer el desapego entre españoles sería

ampliar y a la vez disolver la patria

en una federación de portugueses, catalanes, castellanos (en un sentido lingüístico) y vascos reunidos en igualdad fraternal y republicana. No es casualidad que los dos grandes iberistas españoles del siglo XX fueran dos escritores

catalanistas

: Ignasi Ribera iRovira y Joan Maragall, figuras paralelas a Pessoa y Saramago en Portugal.

En el extremo contrario aparece el madrileño Ortega y Gasset

. «En

La España invertebrada

, Ortega dice que una nación que no tiene misión no es una nación», explica Gibson. «España se construyó sobre la misión imperial de Castilla. Bien: pensemos ahora en una misión cultural ibérica. Pensemos en llevar hasta el máximo el potencial de esta Península, su riqueza inmensa cultural que se despilfarra». La idea, en el fondo, dice que

Portugal puede salvarnos a los españoles de nosotros mismos

y llevarnos a una democracia mejor. «Soy irlandés.También

me gustaría que Irlanda y el ReinoUnido se convirtieran en una federación de las Islas del Norte

que, entre otras cosas, curase a los ingleses de una vez de la pérdida del Imperio. Pero eso no lo veré nunca». Y si fuésemos portugueses, ¿cuál sería el motivo para creer en esa Iberia federal? «

En Portugal, el porcentaje de apoyo a una relación federal con España es bastante alto… siempre que no sea una absorción

. Para Portugal sería un enriquecimiento cultural enorme». El problema de esa tesis es que muchos españoles no entenderán eso de «los delirios de grandeza de Castilla».Para armar esa idea, Gibson incluye en su libro un dietario que, en síntesis, retrata a la derecha española en su peor versión: «

La derecha de España procede del franquismo

y no quiere reconocer la criminalidad del régimen. Es lo peor de este país. Hay una amnesia intencionada hacia una realidad atroz», dice Gibson.«El mayor problema de España son los 100.000 fusilados que están en las cunetas. Si no se resuelve eso,

¿cómo se va a hablar del futuro?

». Ese hilo lleva a Vox. «Yo

siempre creí que era mejor que la ultraderecha tuviese su partido en vez de que estuviese en el PP

. Quería que se les pudiese ver, que se supiera qué proponían. Que dijeran lo que son. Y que el PP se asumiera como un partido de centro-conservador. Lo que me ha sorprendido es su fuerza, la nostalgia neofranquista profunda que expresa». Contra Vox, Gibson recomienda buscar en Pessoa, buscar en su idea de una esencia ibérica basada en Grecia, Roma y Al Andalus. En cambio, el respaldo a Pedro Sánchez apenas tiene grietas, pese que Gibson reconoce que la alianza con Podemos es difícil. «Cuando Pablo Iglesias dice que España no es una democracia plena… No creo que lo piense de verdad. Creo que es una frase que le sale en contexto electoral y que la suelta sin pensar.Es el problema de Iglesias:

tiene facilidad de palabra y dice lo que se le ocurre

porque se ve capaz de defenderlo con brillantez». Sólo falta hablar de lo que ellibro tiene de memoria. «España ha sido una aventura maravillosa en mi vida. Yo me enamoré enseguida de la España física. Vine con 17 años a un curso de español en Madrid. Llegué en verano, no sabía más quie un poco del idioma.

Jamás olvidaré el viaje en tren

: Pancorbo, la Meseta, la inmensidad africana de la que hablan los franceses. Y, luego, llegar a Madrid, aprender algo del idioma, poco a poco,entender la guerra, la dictadura, ver a los grises. La visita a Toledo, el Tajo, la casa de Machado el sol, el vino y la comida, los amigos. Los profesores que me hablaban de Garcilaso, de Bécquer. Fue impactante. Luego, al volver a Dublín, me encontré con una plantilla de hispanistas que

era fuera de serie

. En un departamento pequeño, apasionado, que permitía un contacto personal. Hubo un curso de Rubén Darío que fue muy importante para mí. Todo eso influyó. La ornitología, la naturaleza… España lo tenía todo para mí. Luego el descubrimiento de Lorca fue lo que me cambió la vida. Me vine en 1978, en el año de la Constitución. Fue una decisión de riesgo, porque una cosa es hacer la carrea y otra cosa es venir aquí y tratar de vivir de tu pluma y de tu trabajo. Me vine en de sacarme una cátedra en Estocolmo, que debe de ser el mejor trabajo del mundo, con un buen sueldo, con la jubilación garantizada,… Yo hice todo lo contrario. Fue un riesgo para mí, para mi familia». ¿Llevó esa decisión a la fatiga de España? ¿A una pizca de desencanto? «

Un poco de fatiga, es normal

, porque no es lo mismo el día a día que ser estudioso a distancia. Pero yo quería vivir aquí el día a día, incluidos los problemas inevitables que eso implica. Hemos sobrevivido, hablo por mí y por mi mujer. Somos un equipo. No me arrepiento de nada».

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