Ignacio Martínez de Pisón: «El novelista no busca personajes sanos, equilibrados, sino conflictivos»

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Desde su primera novela, La ternura del dragón (1984), a la que siguieron Carreteras secundarias, Dientes de leche, El día de mañana y La buena reputación, entre más de una veintena de títulos, Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) ha ido construyendo un particular universo que le ha valido el reconocimiento de crítica y lectores, y donde la exploración de los lazos familiares es una constante. A ella regresa en su última novela, Fin de temporada, nacida de una historia que le contó un amigo. A partir de ahí -confiesa-«fui trabajándola con la imaginación».

Tras «Filek» vuelve a la ficción pura…

Soy un novelista. Como historiador no paso de ser un amateur. Cuando encuentro un asunto o personaje interesantes y poco conocidos, les sigo la pista. Eso me pasó con el José Robles de Enterrar a los muertos y con el estafador Albert von Filek. Pero el hecho de que los dos hubieran existido me inducía a contar sus trayectorias ateniéndome a las informaciones que descubría. En las novelas, en cambio, no hay limitaciones y puedo inventar lo que quiera.

Y regresa a explorar la familia, ¿es un territorio inagotable?

La familia es lo primero que tenemos, lo que nos conecta con el resto de la humanidad. Escribir sobre conflictos familiares se me impuso desde mis comienzos, con La ternura del dragón, como la opción más natural: todos tenemos familia y en todas hay conflictos. Es un campo inagotable como lector. Este año se han publicado unas cuantas novelas familiares excelentes: A corazón abierto, de Elvira Lindo, Libro de familia, de Galder Reguera, incluso Amor intempestivo, de Rafael Reig, que es a medias una novela familiar… Y también como escritor, aunque tenga que idear familias diferentes de la mía.

«Me gustan las novelas construidas a partir de sentimientos, pero detesto el sentimentalismo»

¿El nexo entre una madre y su hijo es el más fuerte que existe?

Una madre ve a su hijo como una parte de su organismo que se ha ido desprendiendo por fases: primero lo llevó dentro, luego lo tuvo un tiempo colgado de su pecho, etc. Que ese bebé acabe convirtiéndose en un cuerpo extraño es algo que cuesta imaginar. El recuerdo de esa unión física nunca termina de desvanecerse del todo.

Rosa e Iván, madre e hijo. ¿Alguno de los dos le ha resultado más difícil de trazar?

Cuando creas unos personajes, llega un momento en que empiezan a actuar por sí mismos y solo tienes que seguirlos y prestar atención a sus reacciones. Ésa es la magia de la ficción: que unos personajes inventados pueden tener una vida tan real como la nuestra.

Los dos viven en una montaña rusa de sentimientos, pero todo transcurre sin desmelenamientos, e incluso con algún toque de humor. Es un acierto.

Me gustan las novelas construidas a partir de sentimientos, pero detesto el sentimentalismo. Si he logrado que ésta sea una novela dura y suave a la vez, me doy por satisfecho.

«La música tiene la extraña virtud de hacernos viajar en el tiempo: de ahí el éxito de los karaokes, que explotan nuestra nostalgia»

Mabel es un personaje muy potente, un magnífico contrapunto. Quizá la que actúa con más cordura: «¡No puedo estar toda la vida arreglando lo que los otros estropean!».

Ella también arrastra un pasado complicado. Su integración en el pequeño núcleo familiar aporta un sentido a su vida que no conocía desde su infancia. Por eso es la más interesada en que todo funcione de forma armoniosa. Podría presentarse como una víctima de la sociedad y, en lugar de eso, opta por el sentido de la responsabilidad: mientras los demás crean problemas, Mabel busca soluciones.

«La cadena de azares podía alargarse hasta el infinito». ¿Es el azar un elemento esencial de nuestras vidas?

A veces un detalle circunstancial te lleva a elegir un camino y no otro. Y luego resulta ya imposible rectificar. Ése es un tema privativo de los novelistas: las otras vidas que han quedado en el camino y no hemos podido vivir, todos esos yoes que ya nunca podremos ser.

«Creemos conocer a algunas personas, pero siempre hay una parte a la que no podemos acceder». ¿La literatura es una llave que contribuye a ese acceso?

Los personajes conocen sus propios secretos y de vez en cuando llegan a los secretos ajenos. El escritor (y con él los lectores) sabe todos los secretos de todos los personajes, lo que le coloca en un lugar de privilegio, como un pequeño dios omnisciente.

La «banda sonora» de la novela, con sus referencias a canciones de la época, contribuye muy bien a su ambientación…

La música tiene la extraña virtud de hacernos viajar en el tiempo: de ahí el éxito de los karaokes, que explotan nuestra nostalgia. Veinte años después de la muerte de Juan, Rosa sigue escuchando las mismas casetes que oían juntos: Chicago, Fleetwood Mac… Para ella, no es que la música le devuelva a esa época: es que nunca ha querido salir de ella, esos años de su adolescencia que también fueron los míos.

«Me siento heredero de la gran tradición realista, que en España nadie representa mejor que Galdós»

En el trasfondo asoma «Nada», de Carmen Laforet…

Es una clave secreta de Iván y su novia francesa, Céline. Pero también es un recordatorio de la brutalidad intrínseca de algunas familias, como la que protagoniza la novela de Laforet.

«Saber nos hace diferentes, nos convierte en otras personas». ¿También acarrea dolor?

En el caso de Iván, sí. Descubrir que su madre le ha ocultado durante veinte años las circunstancias de su concepción y su nacimiento provoca en él un dolor profundo que acaba convirtiéndose en intolerancia.

Aparece en su nueva novela el uso de chats y páginas de contacto. ¿Internet ha cambiado la manera de relacionarse?

Es mi primera novela ambientada en una etapa en la que ya existen internet y los teléfonos móviles. Desde luego, todo eso cambió nuestra forma de relacionarnos. Para Iván es muy importante el momento en el que por fin posee un teléfono móvil. Para él es un símbolo de autonomía personal.

«El pasado siempre acaba encontrándote». ¿El ayer marca el presente y el futuro?

Concebí la novela como una tragedia de tono menor. La estructura interna es común a todas las grandes tragedias: por mucho que te empeñes en escapar de tu pasado, está escrito que ese pasado acabará encontrándote. Y, en efecto, eso es lo que ocurre y lo que desencadena el conflicto.

¿Es mejor hacer frente al pasado antes de que se enquiste?

Sí, pero entonces los personajes serían sanos, equilibrados, digamos apolíneos, y no existiría el conflicto, que es lo que el novelista va buscando.

«La Transición, con todos sus defectos, nos ha permitido vivir en paz estos cuarenta años, lo que no es moco de pavo»

¿El punto de partida para una nueva novela: una historia, una imagen, un personaje…?

Generalmente, un episodio aislado o una anécdota. Si intuyo que puede tener una prolongación interesante, empiezo a darle vueltas. Es lo que me ocurrió con Fin de temporada cuando me hablaron del accidente de una parejita que se dirigía a una clínica abortista clandestina… El que el novio muriera y la novia, indemne, decidiera tener el niño invitaba a imaginar todo lo que a esa madre y a ese hijo podría haberles acaecido después.

Celebramos el Año Galdós, ¿es lector suyo?

Me siento heredero, como tantos otros novelistas, de la gran tradición realista, que en España nadie representa mejor que Galdós. Para saber cómo era la sociedad española de la segunda mitad del XIX basta con leer al novelista canario. Ojalá en el futuro alguien lea mis novelas para hacerse una idea de cómo ha sido el tiempo que me ha tocado vivir.

¿Cómo vivió el confinamiento?

Sin grandes problemas. La literatura es un buen refugio contra confinamientos.

¿Qué le parecen los ataques a la Transición, un periodo muy tratado en sus novelas?

En ningún sitio está escrito que todo tenga que ser perfecto. La Transición, con todos sus defectos, nos ha permitido vivir en paz estos cuarenta años, lo que no es moco de pavo.

¿Cuáles serían sus principales autores de referencia?

Muchos: Cheever, Anne Tyler, Alice Munro, Natalia Ginzburg, Modiano, Julio Ramón Ribeyro… Forman parte desde hace años de mi panteón personal. De vez en cuando vuelvo a leer sus libros y nunca me decepcionan.

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