Ignacio Martínez de Pisón: "España ha dejado de ser un país inquisitorial con la mujer"

El autor, Premio Nacional de Narrativa en 2015, protagoniza la ‘rentrée’ literaria con una novela de corte realista sobre cómo el estigma de ser madre…

Todo cambia cuando uno suelta el mapa y decide fijarse en badenes, caminos de tierra, periferias y rutas ya abandonadas. Así se comporta Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) en su nueva novela, después de los tres años de trabajo, como siempre. El autor bordea ahora la linde de sus coordenadas usuales sobre conflictos familiares y retratos de época, para adentrarse en los vínculos telúricos y extraños entre una madre y un hijo que habitan fuera de la vida.

«El origen de la historia es real. Hace años, un amigo extremeño me habló de esa pareja. Con mi imaginación, pensé en darles una biografía». Las despliega en un camping de la Costa Dorada cerca de las centrales de Ascó, donde arraigan tras una infancia nómada, pero donde también se han detenido en el tiempo como un paisaje tras el accidente nuclear. Y eso sucede: un día algo estalla entre los protagonistas de la novela, porque no se pueden eludir los secretos y los riesgos larvados.

En Fin de temporada (Seix Barral), el Premio Nacional de Narrativa (2015) ha abandonado la Transición, donde solían desembocar sus historias de corte realista, como en El día de mañana (2011) o La buena reputación (2014), para arrancar justo ahí, en una mañana de 1977, cuando una joven pareja de novios, Rosa y Juan, cruza hacia Portugal para abortar y procurarse otro futuro a la vuelta.

En la siguiente escena, Rosa vive en otro extremo del mapa con su hijo Iván, que estrena mayoría de edad y ansias mal digeridas por volar del nido, pero sin Juan, el padre muerto en un accidente aquella mañana cuajada de porvenir, y calcado al hijo. Rosa decidió tenerlo para aferrarse a su amor de algún modo, y pasará toda la vida huyendo, tratando de eludir el dolor, la memoria, la explosión. «La única opción posible de narración era la de la fuga. En la España de los 70, una chica soltera que se queda embarazada e intenta abortar, pero finalmente se convierte en madre soltera, vivía bajo la sanción social de ser una mujer indecente».

Aquí, Martínez de Pisón prescinde de su terreno abonado de familias de clase media para abordar a las no-familias con no-vidas en los no-lugares, a la madre soltera hace décadas repudiada y siempre escorada. «Me interesaba contar cómo la sociedad castigaba a la mujer soltera embarazada y que, 20 años después, se aceptaba con naturalidad. España ha dejado de ser un país tan inquisitorial y religiosamente fanático. En los 70 y 80, una madre soltera era considerada una especie de prostituta, como esa adaptación de Guantanamera de cuánta ramera y cuánta madre soltera que tanto cantaban y que incluyo en el libro».

El autor plantea la huida a través del desarraigo, y enlaza de esa manera con su éxito narrativo y el primero fílmico, Carreteras secundarias (1996). Pero, ya saben, el cliché advierte de que el pasado siempre te alcanza. Más bien, no es posible eludirlo porque uno siempre lo lleva dentro. «Cuando concebí la historia fue con la idea de un destino ya escrito para Rosa e Iván. Aunque intentes crear una nueva vida, el pasado exige sus derechos».

El hijo emprende un viaje de descomposición de la historia familiar, en busca de la identidad propia que le ha vedado su madre, una de esas que, con atolondramiento y jovialidad, va tejiendo su tela de araña para que su tierna criatura no pueda abandonarla nunca. Porque el amor excesivo y el terror al abandono es lo que esconden las estructuras de protección de intemperie de ambos, una metáfora sobre componentes nucleares a la que recurre el autor y con la que advierte de las consecuencias ruinosas que acarrea tratar de penetrar en los vínculos maternofiliales. Esa realidad poco transitada en la literatura (algo más en los últimos años con el empuje feminista) y que el escritor aleja del mito de la santidad maternal. Otros mapas, nuevas rutas.

No obstante, el estilo del consolidado Martínez de Pisón continúa siendo sereno, sobrio y colmado de omnisciencia, porque, aunque la historia tenga sus momentos de ferocidad madre-hijo, al estilo de Vivian Gornick o Ariana Harwicz, el autor prosigue en su senda galdosiana. O, más bien, la suya propia y basta de acudir a referentes para analizar a escritores. «De joven, me avergonzaba ser un autor realista, pero el realismo sigue vivo. Hay una verdad literaria en captar el espíritu de una época. Igual que hicieron Tolstoi o Stendhal, forma parte del compromiso del escritor dar testimonio de su tiempo». Y Pisón lleva lográndolo 36 años.

De nuevo, en Fin de temporada, suelta sus clásicas pinceladas costumbristas para situar el tiempo de narración y, en este caso, recurre de pasada a Aznar, a Clinton, y más a los Beatles, a Chabuca Granda, a Carmen Laforet, a relatos de republicanos en Francia… En definitiva, a la nostalgia, aunque la narración transcurra en los 90, porque la madre y el hijo se anclan al pasado igual que aquella década cuya épica se agotó en el 92, como si los ajenos al triunfalismo y el desarrollismo de los 90 no tuvieran tampoco historia propia. Y ¿cómo abordaría estos tiempos tan de ciencia ficción un narrador realista? «Creo que esta pandemia no nos dejará tradición narrativa. Sólo querremos olvidarla».

CUATRO NOVELAS ESPAÑOLAS DESTACADAS DE LA 'RENTRÉE'

  • ‘Un amor’, de SARA MESA.: El miedo y el rechazo a las personas de fuera de una comunidad son el motor de esta novela que se publica mañana.
  • ‘La buena suerte’, de ROSA MONTERO::

    Otra novela que va desplegando su misterio paulatinamente en un entorno rural inquietante.

  • ‘Sin muertos’, de ALICIA GIMÉNEZ BARTLETT: La inspectora Petra Delicado recuerda su juventud y su ingreso en la Policía.
  • ‘Tiza roja’, de ISAAC ROSA:

    Colección de relatos que intentan retratar el mundo actual. A la venta el día 8.

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