Iñaki Arteta: "Ni las víctimas de ETA ni sus asesinos merecen el olvido"

El director vasco presenta ‘Bajo el silencio’, un documental que retrata a los que prefieren pasar página y olvidar el terrorismo. "Se tiene que hablar…

Hace tiempo que Iñaki Arteta (Bilbao, 1959) decidió convertirse, más por responsabilidad que por orgullo, en el «cenizo» oficial del laberinto vasco. Y entiéndase la ironía: frente a los que sólo miran al futuro como la más cómoda expiación de todos los errores propios y colectivos, Arteta vive empeñado en la incómoda necesidad de registrar y entender el pasado con cada una de sus innumerables cacofonías. Y desde ahí, desde el recuerdo que no el olvido, construir, precisamente, el futuro. De s

u mano y gracias a películas como ‘
Olvidados
‘ (2004) o ‘
Trece entre mil’
(2005), la filmografía sobre el terrorismo en Euskadi asistió a un giro tan inesperado como necesariamente obvio:
los protagonistas pasaron a ser las víctimas,
es decir, aquellos que al silencio del drama en carne propia sumaban el no menos trágico estigma de la marginación. Así era. Desde entonces, el cine de este vasco tozudo (mucho mejor que cenizo) ha sido lo más parecido a una pelea contra el silencio desde todos los puntos de vista: contra el silencio impuesto a los que callaron para siempre y, ahora, contra lo que el director llama
«el silencio como salvoconducto»
.
‘Bajo el silencio
‘, su último trabajo presentado hoy mismo en la Seminci, es aparentemente (sólo aparentemente) un giro de timón a todo su trabajo anterior. Ahora los que tienen que hablar y hablan son los que, curiosamente, prefieren callar. Si antes eran las víctimas las silenciadas, ahora son
«los otros» los que optan por el mutismo
. «Es curioso porque durante años la sociedad vasca ha estado mirando para otro lado. La gente moría y sus vecinos hacían vida normal. Yo mismo, que contaba con 22 años en 1980, el año más siniestro, y estudiaba arquitectura, me recuerdo hojeando los periódicos con una total indiferencia hacia los muertos. Nadie se asombraba por nada», recuerda. «Pero es que ahora pasa algo parecido e igual de sospechoso.
Nadie, ni los arrepentidos, hablan ya del pasado.
Como si no hubiese ocurrido nada. Como si lo mejor fuera no decir nada», dice e insiste: «El silencio es ahora el salvoconducto». En efecto, con la colaboración del periodista
Felipe Larach
, la película con distancia, sin mostrar ni asombro ni disgusto, se limita a dar la voz a, entre otros, buena parte de los que justificaron, entendieron o sólo disculparon la violencia entonces y, conscientemente o por ignorancia culpable, lo hacen ahora. El documental se ofrece en crudo y, salvo excepciones evidentes, no discute de forma explícita nada de lo que se escucha.
Prefiere mostrar las contradicciones y, por así decirlo, que sean las declaraciones las que se peleen contra sí mismas.
Hablan, en efecto, personajes que nadie se imaginaría en el cine de Arteta.
Y de ahí, la fascinación y pasmo.
El actual párroco de Lemoa, por ejemplo, da la pauta.
El cura que hereda ahora la plaza del que supuestamente colaboró en el asesinato ahí mismo del Guardia Civil José Olaya explica su ideario: «En principio no era terrorismo, sino respuesta a una situación de represión… Luchar contra esa opresión era justo…
[Ante un asesinato] por una parte te alegras y por otra, pues no está bien…
La opresión del pueblo vasco es real. Estuvo y está… Todos lo hemos hecho mal… Hay que respetar a la gente que no se arrepiente… Debería haber más pintadas por los presos. ¿Cuántos de sus familiares mueren en la carretera?… Me revienta la palabra terrorismo… Ante una agresión se responde con otra agresión. Era una guerra entre bandos, no hubo terrorismo… Todo el mundo admite que estuvo mal, pero quizá no había otra manera de hacer… Se habla sólo de víctimas de ETA,
pero hay otras víctimas ahora mismo encarceladas»
. Y así. Acto seguido, Larach se entrevista, entre otros, con la
alcaldesa de Bildu de Etxarri-Aranatz
; con un terrorista con la pena cumplida (además de filólogo, antropólogo y periodista); con un profesor de la Universidad del País Vasco que antes perteneció a la banda armada; con el director de una ikastola; con una concejala de Hernani; con un grupo de estudiantes de bachillerato; con el hijo de un etarra que murió en prisión o, ya más conocidos, el ex líder de HB
Floren Aoiz
, el novelista
Kirmen Uribe
o uno de los condenados por la muerte del guardia civil Félix de Diego (hay más en la lista. Entre los más destacados, dos viudas de agentes asesinados, un estudiante víctima de acoso en la UPV o el alcalde socialista de Irún). Buena parte de ellos, llegados a un cierto punto, o no quieren hablar de lo sucedido tiempo atrás, o recurren a la argumentación del sacerdote en alguno de sus puntos, o dicen desconocer quiénes son los retratados en el muro del consistorio, o simplemente exigen por orden:
silencio, pasar página y pensar en el futuro que no en el pasado.
Unos se remontan al principio de la Guerra Civil para justificar una estirpe difusa de violencia; otro va más atrás y saca a colación «la invasión castellana de Navarra»; algunos de los más jóvenes mezclan el 11-M con Carrero Blanco, y la regidora traduce al reportero una pancarta en la que se lee en euskera «El pueblo no perdona» por «No te olvidamos». En un momento dado el escritor Kirmen Uribe queda en silencio incapaz de responder a la pregunta: ¿Cómo explicar lo que pasó para que no vuelva a suceder?
«Me incomoda esta entrevista»
, confiesa confuso. Quién sabe si la confusión es ella misma una confesión. «Hace poco alguien me dijo que ni víctimas ni asesinos merecen el olvido. Y creo que eso es lo básico.
No hay que olvidar ni a unos ni a otros.
Los segundos tienen que contar por qué hicieron lo que hicieron. Se tiene que hablar de ello porque no hablamos de una historia del pasado. Es el presente de una sociedad traumatizada.
Vivimos rodeados de gente que ha hecho el mal y hay que hablar de ello.
El razonamiento de callar para no meterse en líos funcionaba antes y lo hace ahora», razona Arteta de corrido. Cuenta el director que no quiso identificar a las interlocutores («aunque de muchos de ellos hay pistas suficientes») porque ahora más que nunca importa el qué y no el quién: «Son arquetipos». Razona que la elección de los personajes tuvo mucho de azar y mucho más aún de inevitable:
«Es lo que hay».
Y para el final deja, de nuevo, el asombro: «Me llama la atención cuando algún español de fuera de Euskadi ve alguna de mis películas o lee ‘
Patria
‘, de Aramburu, y me dice:
‘¿Pero esto pasó realmente?’.
Y lo dice como si viviera en Noruega. Creo que ahora pasa lo mismo.
Hay una imagen de la paz que vivimos después del fin de ETA que no se corresponde con la realidad.
«. Arteta está convencido de que el ‘
boom
‘ de series, películas y documentales sobre ETA que vivimos ahora es bueno. Pero…
«me da la impresión de que hay una obligación de conciliación que malversa un poco todo.
Hay como un empeño en que sólo valgan las preguntas cómodas… Y no, la realidad parece otra», concluye. Y no es tanto por cenizo como por tozudez. Y claridad.

Para seguir leyendo gratis

O suscríbete a Premium y tendrás acceso a todo el contenido web de El Mundo


Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *