Irene Escolar y Bárbara Lennie: "Sin la pandemia, la locura de 'Escenario 0' habría sido imposible"

Las dos actrices son las creadoras y productoras ejecutivas de la nueva serie de HBO: seis episodios de televisión salidos de seis obras de teatro…

Imagine a un vaquero cabalgando a lomos de su caballo, alejándose lentamente en el desierto de Las Vegas… Pero imagine bien, porque no hay caballo, no hay desierto, no hay ningún Las Vegas. Solo un simple hombre al que ve a través de su pantalla de televisión haciendo como que trota, saliendo de una nave industrial para adentrarse en lo que parece un campo de la meseta castellana. ¿Dónde está la magia? Esa magia del cine, de la pantalla, esa magia del engaño que con nuestro vaquero queda al descubierto sin ningún tipo de disimulo. Esa magia que es otra en el teatro, porque en el patio de butacas aceptamos el autoengaño sin efectos especiales. Pues esa es la magia de Escenario 0, la nueva serie de HBO que se estrena el 13 de septiembre.

¿Qué es entonces Escenario 0? «Es una fusión entre diferentes disciplinas buscando la magia y la imaginación del teatro, que es muy diferente de la magia y la imaginación del audiovisual, del cine o la televisión», responde Irene Escolar en una entrevista con EL MUNDO. Ella y Bárbara Lennie son las creadoras y productoras ejecutivas de este experimento único que no, no es una mera adaptación de seis obras teatrales a la pequeña pantalla.

Qué es entonces. ¿Teatro? ¿Televisión? «Un híbrido muy particular que no tiene nada que ver con lo habitual… Una buena definición es esa dificultad para etiquetar lo que es Escenario 0, pues cada persona puede aproximarse como quiera. Es el lugar de la no definición», dice Lennie.

Seis episodios de televisión salidos de seis obras de teatro, sin (aparentemente) conexión entre sí: Juicio a una zorra, Hermanas, Vania, Los mariachis, Todo el tiempo del mundo y Mammón. Sea lo que sea, lo único cierto es que su gestación solo podía salir de un confinamiento. De este año surrealista que ha obligado a repensar la pandemia.

«Teníamos programados ensayos que, ante el panorama de incertidumbre que se nos venía encima con las prórrogas del estado de alarma, vimos que no iban a poder ocurrir», explica Escolar. De esa parálisis nació la idea. De la idea de grabar Hermanas -en la que Escolar y Lennie son las absolutas protagonistas- surgió la idea de hacer algo más. Y por qué no, pensaron ambas.

Por qué no aprovechar que la inmensa mayoría de los artistas de este país estaban parados, sin proyectos en una nueva normalidad de difícil encaje para la industria cultural. «Sin lo que hemos vivido, esta locura de proyecto para HBO habría sido imposible, empezando por esa cuestión práctica de poder juntar a tanto talento en dos meses», dice Lennie. «Hemos podido rodar seis peliculitas en tres meses, de junio a agosto» porque, como señala Escolar, «cuando empezamos todo estaba en el aire y todos podían, todos estaban disponibles».

Cada episodio -se tardaron tres días en rodar cada uno- tiene su director de teatro, de cine, de montaje, de fotografía… Escenario 0 ha unido así en la dirección los nombres de Lino Escalera y Pablo Remón, Pascal Rambert y Diego Postigo, Nao Albet y Maracel Borrás, Pablo Messiez y Carlos Marques-Marcet, Álex Rigola y Carla Simón y Miguel del Arco y Clara Roquet.

Sin embargo, antes había que convencer a HBO. Y la pregunta es cómo, claro, cómo se logra que una plataforma apueste por esta idea ¿loca? que a priori consiste básicamente en trasplantar el teatro a la televisión. «Pues fue fácil», resume Lennie. «Creo que vieron una oportunidad, en un momento complicado para tener material particular, de apostar por algo que se salía de sus cánones. De hecho, hemos tenido libertad absoluta para hacer y deshacer».

«Es reseñable que en este momento en que la cultura está abandonada, una compañía apueste por defender la cultura de raíz», puntualiza Escolar. Y hasta la raíz desciende precisamente Escenario 0. Según la actriz, el título habla precisamente de esa «metáfora del lugar cero». «En el confinamiento se hablaba de un nuevo comienzo, de volver a la nada para repensar y hacer algo nuevo».

Esto es también Escenario 0, donde «todo parte de un escenario, de un texto teatral que luego evolucionará de manera diferente según el caso…». En palabras de Lennie, al final es «el escenario como lugar donde ocurren cosas, la vida… es poner a disposición de los creadores un escenario donde repensar lo que ya ocurría».

En el teatro, el escenario, el lugar donde se representa la obra, está ahí. Bien visible, presente para el público. En este proyecto de HBO, casi se diría que el escenario no es lo importante… o sí. Porque está el escenario vacío, está el escenario que no está, está el escenario que no se disimula. El (no) escenario define cada historia.

Hasta el punto de que vemos por televisión la anti-televisión. Los mariachis es la historia de un político corrupto que vuelve al pueblo de su infancia, a esa granja llena de balas de paja que no desaparecen ni cuando entra en escena el vagón de metro. O, para ser más exactos, la pared de un vagón por cuya ventana se ve una luz moviéndose y simulando el movimiento. El movimiento de un metro entre la paja y los focos del set de rodaje. El teatro hecho televisión. O viceversa.

En Mammón no hay escenario. Aunque, claro, cuenta la disparatada secuencia de hechos de lo que iba a ser una obra de teatro, que ni fue de teatro ni fue de televisión. La pregunta es qué más da cuando te puedes permitir el lujo de tener en el reparto a Luis Tosar y relegarlo a un papel de extra. Cuando la obra va del desenfreno de dos directores de teatro en Las Vegas y hay que relatar una partida de póker sin cartas o una escena con cocaína sin cocaína. No hay club de striptease, pero nos lo imaginamos también.

La magia aquí es la mímica, o incluso escuchar la voz en off… mientras vemos la voz en off. Es decir, mientras el actor de la voz en off se pasea por el escenario que debería ser un club de striptease pero que sabemos -vemos- que no es. En resumen, «dos tarimas de mierda», como nos explican sus protagonistas. No nos engañemos, vaya.

En Hermanas, el teatro es un escenario vacío. La batalla dialéctica entre Irene y Bárbara no necesita más. Solo ellas: «Nos importa una mierda tu escena principal». Es el vacío porque aquí solo importa la palabra. El lenguaje como arma de destrucción.

En Vania, por el contrario, el escenario es justamente el pretexto para reflexionar. Esa soledad del bosque que nos lleva a preguntarnos si somos felices. Un paseo por el monte que se convierte en un viaje a nuestro yo más íntimo. Al final no es el lugar, somos nosotros.

Y como somos nosotros, nosotros somos los que tenemos derecho a reescribir nuestra historia. Como en Juicio a una zorra, donde la propia Helena de Troya explica su mito. Ella, y no quienes siempre escriben la historia: ellos, los vencedores.

Y nosotros, como público, estamos al otro lado de la pantalla. Para Lennie, «es la principal diferencia respecto al teatro, que es la experiencia del momento, del ahora». Hay ocasiones en que lo de menos es el escenario, el lugar, pues cuenta el tiempo. Como aprendemos en Todo el tiempo del mundo, «este beso es ahora, y volverá a serlo cada vez que alguien lo mire. Qué alivio». El beso en el teatro es efímero, pero en la televisión es para siempre.

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