Javier y Jorge M. Reverte: «Ya se puede contar el pasado sin que la convivencia se rompa»

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La conversación es en un céntrico bar, sentados los hermanos Reverte junto a una mesa y ante unas cañas.

– Javier Reverte: Mi padre, Jesús Martínez Tessier, era un autodidacta, pero había leído mucho: poesía, los clásicos. Era culto, sin ambiciones ni vanidades. Le pedimos que lo escribiera por una causa terapéutica: estaba muriéndose, tumbado en un rincón, ya no leía ni hacía nada.

– Jorge M. Reverte: Hace poco escribí «Hijos de la guerra». Me pareció curioso que todos habían cogido el punto de vista de entonces. A mi padre le pasó lo mismo: revive su pasado con esa misma frescura.

– Javier: Había vivido mucho y tenía mucho que contar.

– Jorge: Claro, además, la guerra debe ser contada por sus protagonistas. Leyendo a mi padre se entiende mucho mejor que en 500 páginas por qué alguien se va a la División Azul.

– ABC: Un perdedor de dos guerras que no parece tener grandes odios.

– Jorge: Políticamente era anticomunista y detestaba a algunos personajes. Por ejemplo: al Campesino, que fue su jefe, un tipo muy cruel; a Pasionaria y a gente como Alberti los detestaba en concreto, como a algunos de Falange porque animaban, hacían propaganda y enviaban a otros a la guerra. A Ridruejo, especialmente, porque inventó aquella frase: «Rusia es culpable» que llevó a treinta y pico mil falangistas a la División Azul (volvieron no demasiados).

– Javier: Quizá era demasiado escéptico como para creer en nada. Y demasiado tierno de corazón. En el libro se ve que lo que le fastidia es la crueldad. Venga de donde venga.

– Jorge: Sobre todo le gustaba reírse. Es un horror lo que le pasa en la guerra, pero lo supera con humor.

– Javier: Tres años de campaña y los «nacionales» no consideraron que había hecho la mili…

– Jorge: Aún purgó año y pico en la División Azul. En nuestro país ha ocurrido una cosa muy buena: por primera vez en su historia alguien no odia a su vecino porque sea de otro partido o de otra ideología, sino que se toman unos vinos juntos, se ríen, se dan palmadas y van juntos al cine o al fútbol. Eso se logró a costa de no exhibir demasiado la memoria. Ya se puede contar el pasado sin que esa convivencia se rompa.

– Javier: Hasta su generación, España se ha pasado casi dos siglos en guerras civiles. Las siguientes somos generaciones privilegiadas. La nuestra en cierta manera toma el poder, es la de Felipe González, la que supera el franquismo.

– ABC: La generación que hace la Transición es la misma que la de ustedes: la de Adolfo Suárez.

– Javier: Lo curioso es que eso se produce en la derecha desde un Movimiento que se podía llamar funcionarial, y que ni siquiera tiene una ideología falangista muy profunda. Son burócratas del régimen.

– ABC: Sí, parece que la sociedad iba muy por delante de sus políticos…

– Javier: Se pedía la abstención pero habría que ver lo que votó cada cual.

– Jorge: El discurso reformista de Suárez me animó mucho. Supe o sentí en aquel momento que las cosas cambiaban de verdad en España.

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