Joan Martínez-Alier, impulsor del Atlas de la Justicia Ambiental

El economista Joan Martinez-Alier (Barcelona, 1939) es uno de los protagonistas de ese extraño año de la pandemia. Y por partida doble: por la publicación de sus memorias, Demà serà un altre dia, y por el reciente premio Balzan 2020 en la categoría de Retos ambientales. El galardón, que debía serle entregado en Roma el 19 de noviembre por el presidente de la República Sergio Matarella, destaca “la excepcional calidad de sus contribuciones a la fundación de la economía ecológica”. Dotado con 695.000 euros, de los cuales la mitad han de destinarse a proyectos de jóvenes investigadores, permitirá dar continuidad a su proyecto de Atlas de la Justicia Ambiental (EJAtlas), iniciado en 2012 junto con Leah Temper, investigadora canadiense.

“Al EJAtlas le dedico dos o tres horas de trabajo al día, domingos incluidos, lo veo como un proyecto más allá de mi vida, para los próximos diez o quince años”, explica Martínez-Alier al principio de sus memorias. Se trata de un mapa que recoge todos los conflictos ambientales del mundo según diez categorías: uso del agua, energía nuclear, minería, combustibles fósiles, extracción de biomasa, residuos, infraestructuras, industrias, conservación de biodiversidad y turismo. Actualmente registra 3.288 casos. Fácil de consultar, desde la web (www.ejatlas.org) se puede clicar sobre cualquier punto del mapa mundi y aparece una ficha de seis páginas. Si estuviese impreso equivaldría a unos 55 libros de 350 páginas. El objetivo ahora es triple: completar el mapa en zonas como China, India o Rusia, donde aun quedan lagunas; recopilar el vocabulario y archivo de fotos, documentos, canciones e incluso grafittis relacionados con el movimiento por la justicia ambiental, y potenciar a través de distintas actividades y publicaciones lo que él llama “una prosperidad sin crecimiento”.

Joan Martinez Alier
Joan Martinez Alier (.)

Este proyecto de Joan Martínez-Alier, catedrático emérito de la UAB y cofundador del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals, es la culminación de una larga trayectoria que queda plasmada en Demà serà un altre dia ( Icaria editorial), una autobiografía con un subtítulo explícito: “Una vida fent economia ecològica i ecologia política”. Un libro tan heterodoxo como su protagonista, donde combina entrevistas, artículos inéditos y capítulos más personales en los que ajusta cuentas con la Transición del 78 y con la burocracia de la propia universidad en la que ha trabajado. “A mis 80 años –escribe– es una edad para saber y para decir sin tapujos quien soy y que pienso”. Académicamente se define como “economista ecológico” y en lo político su pensamiento es “anarquista-narodnik-ecologista-independentista-descolonialista” (aunque en otros capítulos lo simplifica como “anarquista moderado que vota a las CUP” o “verde-separatista”).

Su biografía, de la que destacan los veinte años que ha pasado en otros países, no es fácil de resumir. Estudió economía en la Universitat de Barcelona (1956-61) y posteriormente economía agraria en Oxford y Stanford, lo que no impide que a veces se presente como “economista arrepentido”. Con 25 años hizo un trabajo de campo en Andalucía del que surgió su primer libro La estabilidad del latifundismo (1968), publicado en París por la editorial Ruedo Ibérico, porqué aquí nadie se hubiera atrevido. Entre 1967 y 1972 realizó estudios agrarios en Cuba y Perú, de donde saldrá otro libro, Haciendas, plantations, and collective farms . En Perú contribuyó a la creación del Archivo Agrario con documentos expropiados en los latifundios por la reforma agraria del general Velasco Alvarado. ”Yo mismo empaqueté archivos en la hacienda Laive, con Verena Stolcke, a 4.000 metros de altitud y los hice enviar en un camión a Lima”. Y, como él mismo explica, en Perú aprendió a contar en calorías, y no solo en dólares.

Sus trabajos sobre el latifundismo andaluz o el Archivo Agrario de Perú aún son referentes mundiales

Entre los años 1974 y 1975 trabaja en la editorial Ruedo Ibérico en París, a cuyo fundador Pepe Martínez, injustamente olvidado, rinde homenaje. De aquel periodo destaca varios artículos publicados en la revista de la editorial, algunos junto al economista José Manuel Naredo, y en especial su crítica a la opción del PCE en favor de la Reconciliación nacional y su defensa de las tesis del historiador Josep Termes sobre el nacionalismo catalán de origen popular y no burgués, en contraposición a los planteamientos de Jordi Solé Tura.

Martínez-Alier no se muerde la lengua la hablar de la universidad y de la “putrefacta” transición. Y pone como ejemplo una carta del “admirado” rector Villar Palasí de 1972 donde le pide al gobernador civil que se matriculen policías como estudiantes en la universidad para disponer de información. O las trabas que le pusieron al filósofo Manuel Sacristán para obtener una plaza pese a su valía.

Su compromiso político ha sido radical. Artículos censurados, conferencias o libros silenciados, presencia en manifestaciones e incluso una detención el 12 de octubre de 1992 por salir a protestar en Barcelona contra las celebraciones del Quinto Centenario. Estuvo 52 horas en comisaría. Al salir le preguntó a su abogado Mateu Seguí si podía hacer una denuncia contra la policía por detención ilegal y el letrado le respondió: “Parece mentira que a tu edad aun pienses que el Estado te dará la razón”. En distintas etapas ha vuelto al extranjero “para evitar el malhumor político” y “la oxidación del cerebro” y ha sido profesor visitante en Berlín, Oxford, Stanford, Quito, Yale y ha realizado estancias en India o Japón. Puso en marcha la revista Ecología Política y asegura que fue el primero en publicar un libro que en el título hablaba de “economía ecológica”. También ha sido pionero en la defensa del decrecimiento.

Durante 50 años sus trabajos se han centrado en la economía ecológica y la ecología política

Estas memorias están plagadas de frases rotundas: “No hay justicia ambiental en el mundo. Los ricos hacen lo que quieren”. Pero también de autocríticas, como el reconocimiento de los fracasos de los partidos verdes en España y Catalunya, de los que se siente partícipe.

El libro acaba diciendo: “Mi trabajo en economía ecológica y ecología política ha sido mi vida, al menos en los últimos 50 años”, Y a renglón seguido añade que quizás la frase es “irreal y ciertamente poco feminista” porque “a cualquier vida humana le hace falta mucho apoyo práctico y emocional”.

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