Joan Mir, campeón del mundo de MotoGP

Joan Mir celebra su primer título Mundial tras el séptimo puesto, en el Gran Premio de la Comunidad Valenciana.

Se crio en la tienda de patinetes de su padre, pero acabó escogiendo las motos. Joan Mir (Palma, 23 años) es un soplo de aire fresco. La mirada limpia, el chascarrillo a punto. Atrevido en la pista, entra al trapo con menos reparos que a las curvas del circuito de Cheste, donde este domingo se ha proclamado campeón del mundo de MotoGP.

Pregunta. ¿Qué tiene de especial correr para Suzuki?

Respuesta. Mucho. Este romanticismo que tiene correr con esta marca, al ser una familia más pequeña, al ser pocos los que trabajamos aquí… Al final, parece que ganar con Suzuki es un reto un poco más difícil. Cuando recibí su oferta, entre otras, pensaba que si ganara con Honda sería uno más que ha ganado con Honda. Sería la bomba, pero es lo que todos esperan. Nadie espera que ganes con Suzuki. Eso me motivaba y me sigue motivando. Por eso aposté por ellos.

P. ¿De pequeño era skater?

R. Lo que más hacía era ir en patines; cogías más velocidad que con un patinete. Luego, con el longboard [un patinete más largo], me tiraba a tope, en descenso, con unos guantes que eran como las deslizaderas que llevamos los pilotos en las rodillas. Se parecía mucho a ir en moto. Me encantaba.

Es imposible que con cuatro años tú digas que quieres una moto

P. En moto empezó más tarde que muchos rivales, con 10 años.

R. No considero que empezar a competir en moto con 10 años sea empezar tarde, lo que creo es que los otros van demasiado rápido. Yo con tres y cuatro años quería… bueno, no me acuerdo de lo que quería ¡porque tenía cuatro años! Pero imagino que querría disfrutar. Es imposible que con cuatro años tú digas que quieres una moto. Es cierto que yo veía una moto y flipaba, pero no es lo mismo. A los nueve años sí que dije: ¡Quiero una moto! Y tenía clarísimo que quería una moto. Y a la que me dejaron subirme a una y me dijeron esto se hace así y así lo cogí rápido, a la primera. Antes ya había montado, teníamos una por casa y la cogía cuando podía, la sacábamos al jardín, hacía locuras cuando venía algún amigo… pero sin competir, sin ningún tipo de presión. Ya cuando entré en la escuela de Chicho Lorenzo [padre de Jorge Lorenzo] empecé a tomármelo más en serio.

P. Reside en Andorra, ¿siente mucha morriña?

R. Siempre he sido muy de Mallorca, de los que dice que en verano se está fatal, que mejor que no vayas, que ya hay demasiada gente. Pero después de Moto2 me sentía un poco estancado. Tenía la sensación de haber rodado ya 50.000 veces en los mismos circuitos. Llegó un momento en que sentí que para evolucionar tenía que salir fuera, tenía que hacer motocross, que me encanta, en otros circuitos, en Francia o Barcelona. Y lo mismo con el dirt-track; no había manera en Mallorca de encontrar un buen circuito de dirt-track. Quise probar una temporada en Andorra, a ver cómo era aquello. Y ahora no me quiero ir. Me falta el mar, que a mí me tira mucho; y parte de la familia. Pero estoy muy bien.

P. En 2017, antes de ganar el título de Moto3, dijo que detestaba esa sensación de sentirse campeón antes de tiempo.

R. Ahora siento lo mismo. No me gusta que nadie dé por hecho que esto ya está. Sobre todo, la gente que está más cerca de mí. Los hay a los que les gusta saber qué celebración les preparan. Yo no quiero oír ni una palabra. Quiero vivirlo como un fin de semana más. Si somos capaces de hacerlo y no pensar en el título, lo tenemos hecho.

Márquez hubiera sido el piloto a batir, pero no sabemos si habría ganado

P. ¿Es este campeonato sin Marc Márquez y con nueve ganadores distintos en 12 citas un Mundial por eliminación?

R. Se parece más a un Mundial por eliminación que a uno en el que domina el líder desde las primeras carreras. Yo empecé sin hacer demasiado ruido, desde abajo. Y fui creciendo hasta que empezaron a verme como el favorito. Pero ha pasado tarde, no lo hemos vivido desde la primera carrera. Eso es lo que se añora de Marc Márquez. Él falló en la primera carrera, se lesionó y estoy seguro de que hubiera sido la persona a batir en este campeonato. Aunque tampoco podemos decir que hubiera ganado porque eso no lo sabemos.

P. ¿Han cambiado las carreras sin Márquez?

R. Perdimos esa referencia, la del tío que lidera el Mundial. Pero antes no corría solo él y ahora que no está no es que tengamos el camino libre y corramos solos. Toda la parrilla que ha estado luchando contra él estos años sigue compitiendo.

P. ¿Qué es lo más difícil de competir en plena pandemia?

R. Ahora mismo a mí me da mucho miedo la covid. Cada vez estoy más concienciado. Y más maniático. No quiero ni un fallo. No quiero cogerlo ni que lo coja nadie de mi equipo. Cada vez hay más positivos en los equipos, más mecánicos que acaban fuera del paddock. La situación es cada día más complicada. Tengo unas ganas de terminar…

P. Pese a la acumulación de carreras, la exigencia mental ha ganado a la física.

R. Sí, totalmente. El año pasado fue el que más me costó físicamente. Me lesioné y en las últimas carreras no aguantaba. Este año me encuentro superbien y las carreras las aguanto perfecto. Pero con tantas carreras ni siquiera cuando te vas a casa descansas, porque tienes la cabeza más aquí que allí. No tienes tiempo para vacaciones, no puedes ir a un restaurante, ni desconectar haciendo las cosas que antes eran normales… Solo puedes quedarte en casa tranquilo y no pillar el virus.

P. Es su segundo año en MotoGP después de solo cinco años en el Mundial, ¿se siente un pipiolo todavía?

R. Me siento superbien. Cada vez tengo más la sensación de estar luchando por un campeonato, de ser más líder. Y eso me hace sentir bien, me gusta. Estoy en mi salsa. Cuando no lo estaba es cuando el año pasado peleaba por estar entre los cinco primeros, sufriendo.

P. ¿En qué es mejor piloto?

R. He cogido experiencia, conozco más a mis rivales, entiendo más la moto y lo que necesito para ir rápido.

Mis padres se esforzaron mucho. Yo me exigía ser el mejor, no fallar

P. En una de sus primeras remontadas, en Misano, adelantó a Rossi en la última vuelta. ¿No temió que se enfadara?

R. No se podía enfadar, porque lo hice muy bien. Pero si en aquel momento en que le adelantaba se hubiese cerrado, nos hubiésemos tocado y ufff… Menos mal que no pasó nada. Recuerdo que estaba un poco lejos de él, frené tarde, empecé a soltar los frenos, medio cerré un ojo y pensé ¡aaaaay!

P. Sus padres se fijaron en Nadal para inculcarle unos valores.

R. Sí, se esforzaron mucho para que fuera humilde y entendiera que quien algo quiere, algo le cuesta. Mis padres hacían un esfuerzo muy grande para que yo pudiera correr. Aunque nunca hemos pagado para competir, la gasolina o las motos para entrenarme sí que las teníamos que pagar. Y eso es mucho dinero, son perfectamente 2.000 o 2.500 euros más que necesitas cada mes. Mi padre me decía: ‘Hazte a la idea de que te estoy pagando la universidad’. Él llegaba a las diez de la noche, reventado. Y yo me exigía mucho. Me exigía ser el mejor, no cometer ningún fallo, ser supereducado y no faltar al respeto a nadie. Eso fue una educación exprés brutal. Sobre todo, en un momento en que veía por televisión a pilotos de nivel que se enfadaban y tiraban los guantes al suelo. Ha habido momentos en que yo también he querido, pero aprendí entonces que eso no lo podía hacer. ¡Que si me echan me voy a vender patines!

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