Joaquín Gutiérrez Acha: El Gran Hermano de la naturaleza

Cuando alguien oye hablar de la dehesa, lo primero que le viene a la mente seguramente es la imagen de un paisaje relajante entre encinas y alcornoques dispersos, piaras de cerdos, rebaños de ovejas y algún buitre al acecho. Sin embargo, la dehesa ibérica es mucho más que eso.

Joaquín Gutiérrez Acha, un consolidado cineasta especializado en los documentales de naturaleza, muestra en su nueva película la otra cara de este ecosistema único modelado por el hombre hasta el momento presente, cuando las plagas, la insuficiente gestión y el cambio climático gravitan como sus mayores amenazas.

E n la trastienda de la dehesa, desentrañada tras casi tres años de paciente labor de observación tras la cámara, Gutiérrez Acha descubre un mundo que no es tan apacible y en el que se esconden mil batallas feroces entre especies que se disputan su supervivencia palmo a palmo para seguir retocando este paisaje en evolución permanente. Todo ello aparece en Dehesa, el bosque del lince ibérico , que se estrena el día 9 de octubre en los cines de toda España.

Los documentales de Rodríguez de la Fuente le movieron a querer revivir sobre el terreno la experiencia televisiva

La película es lo más opuesto a la foto fija que cabría sospechar de una idea preconcebida: el martín pescador entra en el agua como un cohete con precisión óptica; los linces exhiben cómo es su férrea posesión territorial, y la minuciosa grabación de algunas especies de escarabajos nos ilustra sobre los peligros que sufre un ecosistema asediado por plagas.

Este hombre es capaz de mostrar el vuelo del águila perdicera desde todos los puntos de vista, o dejarnos boquiabiertos con la traición de la mantis hembra, ­temible carnívora, que devora al macho tras una cópula fructífera para nutrir con proteína a sus huevos.

(Martín pescador)
(Mantis)

Sus cámaras lo ven todo, como un espía testigo privile­giado de los secretos de la natu­raleza.

Gutiérrez Acha explica que el suyo es un trabajo paciente que exige horas y horas de grabación hasta obtener “el corazón de la secuencia”, tras el cual completa la escena con metros de rodaje que irán construyendo la película, cambiando el valor del plano o enriqueciendo el punto de vista.

“Normalmente, estoy yo con una cámara pero a la vez trabajamos con cámaras autónomas que están grabando solas”, explica.

Él, mientras tanto, con su teleobjetivo, enfoca desde un escondrijo ( hide ) el lugar en el que presumiblemente hará su aparición el animal estrella.

Es también un trabajo que requiere un silencio sepulcral (sin Carlos Hita, su ayudante de sonido), en solitario, sobre todo cuando hay que perseguir rapaces nocturnas, que no ven a sus presas (las acechan, las escuchan, las identifican) y son verdaderas cazadoras de silencios .

Con su nuevo documental, el director de cine completa tres largometrajes que sirven para mostrar el estado de conservación de tres ámbitos ecológicos representativos de España (Guadalquivir y Cantábrico, y ahora, Dehesa ), lo cual le ha permitido consolidar un estilo en el que la unidad viene dada por el ritmo que imponen microrrelatos en los que se suceden escenas de violencia y crueldad, y secuencias de instinto maternal de los mamíferos (de la madre hacia una cría) o la desconocida intimidad en los lavaderos de buitres tras el festín de una oveja muerta.

Joaquín Gutiérrez Hacha, cineasta,
Joaquín Gutiérrez Hacha, cineasta, (.)

Inspirado por el autor de E , Gutiérrez Acha intentó seguir los pasos de Félix Rodríguez de la Fuente en su primera película ( Los últimos días de camaleón 1989). Pero decidió que era preferible salir de la escena para dar todo el protagonismo a los animales.

El aprendizaje de las nuevas técnicas y su particular lenguaje visual le llevaron a recibir el primer encargo de coproducción que hizo National Geographic a un director español para rodar en España. De ahí nació El latido del bosque (1977), un documental sobre el parque natural de los Alcornocales de Cádiz y Málaga. Ha sabido adaptarse a todos los mercados, incluido el que impone la exigente BBC británica.

Los documentales de Rodríguez de la Fuente le despertaron una curiosidad imparable hacia todo lo que sucedía en la naturaleza y una ganas inmensas de revivir sobre el terreno la experiencia sentida ante el televisor. “Félix me inoculó el veneno para hacer cine. Estoy aquí por Félix”, dice. “Me quedé prendado de su forma de vida, de cómo rodaba, de cómo enseñaba sus cuadernos de campo…”.

Hoy está convencido de que los jóvenes tienen una mayor conciencia de la necesidad de preservar la naturaleza, aunque igualmente expresa su convicción de que “la seguimos maltratando” y de que la principal razón de la destrucción de la biodiversidad es “la pérdida de espacios naturales” destruidos o cuarteados por el hombre. Ante este panorama, su mejor arma es la cámara porque “no podemos conservar lo que ignoramos”, dice. Él guarda en su retina todas esas visiones porque no solo quiere ser un curioso ojo controlador, sino un verdadero gran hermano de la naturaleza.

Lechuza
Lechuza

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