Johnny Ryan: «El humor es muy subjetivo, pero a todo el mundo le encanta la violencia»

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Johnny Ryan: «El humor es muy subjetivo, pero a todo el mundo le encanta la violencia»

Se publica el último tomo en España de la saga de tebeos «Pudridero», que un comentarista de Goodreads definió como «el Moby Dick del cómic underground de masacre extrema espacial nihilista»

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Escroto Indigerible, Los Hermanos Holocausto o Cáncer del Cielo son algunos de los enemigos a los que se enfrenta Carantigua, un recluso trasladado a un planeta-cárcel de máxima inseguridad rodeado de otros presos chunguísimos de la galaxia en donde, básicamente, se dedican a matarse. ¿Hay algo edificante en esta historia? No. La saga de cómic «Pudridero» es un festival de inventiva para el desagrado, la macarrada máxima, el summum de lo cafre y lo pueril. Una especie de nada perfecta rellena de tortazos y tabús pisoteados por un niño desquiciado. Por fin, la editorial Fulgencio Pimentel publica su tercer y último tomo en nuestro país. Y lo amas u odias. No ha tenido casi premios. O te ríes o vomitas.

«Mataste y violaste a todos los seres vivos de mi planeta», le dicen al siempre ensangrentado Carantigua. «Me hago caquita», responde guasón el héroe nihilista. Johnny Ryan inició el tebeo en 2009 y lo cerró en 2018, provocando durante estos años un extraño debate sobre si había algún tipo de mensaje o incluso trasfondo político o psicológico en este cuento gore. Él nos dice: «Conscientemente, no tenía la política en mente mientras lo dibujaba. ¿Quizá lo hacía de forma inconsciente? Si alguien quiere leer «Pudridero» como una metáfora política, no voy a ser yo quien le lleve la contraria».

Seguimos preguntándole, a sabiendas de que no parece tener demasiado sentido sobreanalizar una superficie de limpia y orgullosa demencia. «En «Pudridero» no lucha el bien contra el mal sino el mal contra el mal. ¿Hay algún tipo de metáfora de nuestra sociedad?», le planteamos. «¿Te refieres a algo así como que la vida es una mierda y la gente es subnormal? La respuesta es sí», dice el autor. Y quizá en este último volumen de la saga sí hay algo de «realpolitik» marrana ya que el «establishment» retuerce a las bravas la legalidad para acabar con Carantigua (su asesinato se paga en variables).

Humor descerebrado, racista y homófobo, escenas sexuales y escatológicas repulsivas, sangre a espuertas y varios personajes luciendo esvásticas son algunas de las armas con las que Ryan pretende entretenernos salvajemente en busca del disfrute desconfigurado de la infancia. «Empecé porque me pareció que me lo pasaría muy bien dibujándolo. Quería hacer algo más largo y con un tono diferente a lo que ya había hecho antes. Por aquella época leía mucho manga y cómics de otros géneros y me apetecía abordarlos y ponerles mi propio sello», contesta el dibujante cuyo trazo remite al del chaval punk que pintarrejea sus libros en vez de atender en clase.

Carantigua es un prota atípico, en tanto que asesino de masas. Va de frente: «Ni primos ni piedad, masacre absoluta y total», es su leit motiv. Y su tarea homérica consiste en escapar del «Pudridero», llevándose a todos los que pueda por delante. ¿Es realmente transgresora la obra? «¿Comparada con qué? Si la comparamos con internet, donde a diario puedes ver maltratos y asesinatos, no es muy transgresora, pero probablemente lo es mucho más que casi todo lo que aparece en la televisión, el cine y los cómics. En todo caso, eso es algo que deben decidir los lectores, ¿no? Algo que a ti te parece transgresor puedo que a mí no me lo parezca, y viceversa».

Acerca de la cancelación cultural o de si el mundo está más escrupuloso o no que nunca con el humor, el de Ryan, desde luego, es extremo. ¿Tienes miedo al qué dirán? «Le doy vueltas a ese asunto muy a menudo. En realidad, casi siempre estoy dentro de mi propia burbuja, paso bastante de todo, pero lo que sí es cierto es que tengo una gran habilidad para encontrar maneras creativas de solucionar cualquier restricción que me pongan por delante. Si me dicen que no puedo hacer algo, para mí es como un reto, y buscaré una forma ingeniosa de hacerlo y salirme con la mía», explica el creador de «Juventud cabreada». ¿Y qué crees que significa que estos cómics sean un éxito? «Bueno, mola que la caricatura de la violencia extrema sea algo así como un lenguaje universal. Incluso en tu propio país, el humor puede ser muy subjetivo, pero a todo el mundo le encanta la violencia».

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