Jordi Basté exorciza el confinamiento en ‘Sol com un mussol’

Nadie se esperaba lo que ha acabado sucediendo a causa del coronavirus. Hay miles de historias distintas y Jordi Basté ha querido contar la suya. El director y presentador del programa líder de la radio catalana, El món a RAC1 , es supersticioso e hipocondriaco. Y esto no ayuda mucho cuando se tiene que estar confinado sin dejar de hacer, cada día, un programa de radio de seis horas en directo. Como es un culo de mal asiento, empezó a tomar notas, que se han acabado convirtiendo en un libro personal y, a la vez, universal, del momento actual. Sol com un mussol (Ara Llibres) también es un canto de amor a la radio y una autocrítica por no haber sabido prever todo lo que ha sucedido.

Estaba en confinamiento y cuando, de sopetón, la independencia se convierte en soledad –cuenta Basté–, decido explicar cómo se vive en casa, solo, aislado, y haciendo radio en directo. Al principio hace mucha gracia, porque te puedes despertar un poco más tarde de lo habitual, pero al cabo de una semana te das cuenta de que es una tragedia. La radio se hace en la radio y, como dice Toni Clapés , ‘el teletrabajo en la radio es una mierda’. Haciendo radio me distraía, pero cuando decía ‘buenos días y hasta mañana’, empezaba una angustia que, para los que somos hipocondríacos y con tendencias fóbicas diagnosticadas, eso que llaman TOC, empezaba una lucha contra el tiempo, contra la medicina, contra ti mismo y contra la soledad, que es lo peor que te puede pasar”.

“Soy hipocondriaco con tendencia fóbica, pero está bien contarlo”, declara el radiofonista

“Cuando me dijeron que era positivo fue bastante duro –confiesa Basté–. Era el 17 de marzo y, aunque fui asintomático, en aquellos momentos aún no sabíamos cómo iría todo. La palabra asintomático no existía”. El radiofonista llevaba el termómetro encima y aquel día, sobre las ocho y media de la mañana en el estudio, se lo puso por enésima vez. Estaba a 38,1º . Se fue a hacer la prueba y ya no volvió a la redacción de RAC1 hasta que el 4 de mayo dio negativo, 38 programas después.

Envié un mensaje a tres médicos, Jaume Padrós , Bonaventura Clotet y Antoni Trilla –relata–. Tenía acceso al dream-team, la ventaja de hacer un programa de radio, y los tres me dijeron más o menos lo mismo: ‘Calma, estate tranquilo’, y Padrós me dijo que lo hiciera público, que lo dijera al equipo y por antena, porque, si no, no podría vivir con eso dentro. Como buen hipocondriaco, cuando tuve el diagnóstico, me tranquilicé”.

Decide escribir el libro cuando se encuentra encerrado en casa: “Me he enamorado de mi piso. Hasta entonces no veía nunca la tele en el salón, como mucho algún partido de fútbol. Al cabo de una semana de mirar series y leer más libros de los que habitualmente puedo leer, pensé que era el momento de explicar todo eso. En el libro me desnudo desde un punto de vista psicológico, porque soy una persona con problemas mentales y contarlo puede parecer muy cruel, como una especie de autocrítica. Pero creo que está bien hacerlo”. Y añade: “Aunque estaba solo en casa, mi familia vive al lado y me da mucho apoyo”.

El libro también es un canto de amor a la radio, que ha demostrado su valor en pandemia”

Con un prólogo de la periodista Mònica Terribas y un epílogo del doctor Jaume Padrós, el libro acaba siendo un elogio de la radio, como herramienta imprescindible y de compañía en momentos como este. “La radio ha demostrado su valor en pandemia. Este libro también es un canto de amor a la radio y a la gente que me ha acompañado durante el confinamiento. La exhibición que ha dado a Paco González en la Cope me ha parecido extraordinaria. Igual que Terribas y Cuní , que han ido cada día al estudio a hacer radio presencial. Les tenía una envidia que me moría, porque están locos como yo por la radio”.

Basté también tiene palabras de admiración y reconocimiento para los técnicos, que previeron el confinamiento y le habían montado un pequeño estudio en casa antes de que diera positivo: “Sin técnicos no hay radio. Nosotros somos necesarios, pero no imprescindibles; ellos sí que lo son”. Y por ello trufa el libro de anécdotas, como el novio que se añade a la transmisión de los incendios del Empordà en el 2012, o el singular Ratatouille que montan una editora en el estudio y una productora por teléfono en pleno confinamiento. “Con todo esto, aún ha crecido más mi amor por la radio”, concluye.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *