José Luis Rebordinos, sobre 'Patria': "Sin olvidar que ETA fue una banda asesina y fascista, en Euskadi se torturó"

El director de Zinemaldia, que arranca el viernes bajo estrictas medidas de seguridad y con menos películas, defiende sus apuestas de ‘Patria’, de Woddy Allen…

«No estoy dispuesto a ceder a chantajes vengan de donde vengan». El ideario de José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, bien podría resumirse en esta frase entre la resistencia y simplemente la obviedad. No siempre lo evidente aguanta el envite de lo interesado. Casi nunca, de hecho. La sentencia de marras vale igual para demostrar el empeño de celebrar el festival pese a la pandemia y la tentación del trasladar las proyecciones al mucho más seguro mundo virtual; que para mantener a un Woody Allen repudiado por buena parte de Hollywood en el lugar de honor de la inauguración; que, ya puestos, para reivindicar ‘Patria’, la serie sobre el universo de ETA basada en la novela de Fernando Aramburu, pese a polémicas y juicios apresurados de «censores». Y así.

En efecto, la edición número 68 del certamen que empieza el viernes de la mano de la última película del veterano director de Brooklyn, ‘Rifkin’s Festival’, será probablemente no sólo la más extraña sino la más convencida de sí misma. Allá por mayo, cuando Cannes cedió a la presión de los datos y el confinamiento y acabó por anunciar su cierre, San Sebastián estuvo a punto de convertirse en un inevitable daño colateral. Pero aguantó y eso le ha llevado, como a casi todos nosotros, a darse de bruces por la más elemental y vieja de las preguntas: ¿por qué el ser y no más bien la nada? O, de otro modo menos aristotélico, ¿tiene sentido el maremágnum de un festival con su descomunal huella de CO2 en tiempos virtuales de zoom, ‘streaming’ y atracón de series?

«Un festival», razona Rebordinos, «sólo tiene sentido presencialmente porque el cine es básicamente un acto colectivo que se genera en comunidad. Ni las películas pueden ser juzgadas correctamente si se ven en una televisión ni su sentido puede ser apreciado si no existe una discusión pública alrededor de ellas. Una obra de arte que proponga algo nuevo exige un debate, un diálogo… Y eso sólo es posible si nos vemos las caras». Y sigue para evitar dogmatismos: «Estoy hablando de certámenes como San Sebastián, Cannes o Venecia… Luego, por supuesto, puede haber festivales que programen películas de otros festivales que sí pueden ser íntegramente ‘online'». Queda descartada pues la opción de Toronto que, por primera vez, y dado su formato en ‘streaming’ convivirá unos días con Zinemaldia.

Sea como sea, el coronavirus ha obligado a que este año haya un 20% menos de películas con respecto a años anteriores. Eso y una rebaja de ‘estrellas internacionales’ resumidas básicamente en una nómina de tres: Viggo Mortensen, que recibe el Premio Donostia, Matt Dillon, que dirige ‘El gran Fellove’, y Johnny Depp, que acude como productor de ‘Crock of a gold: a few rounds with Shane MacGowan’. La sección oficial a competición la componen 13 cintas de las que sólo tres están dirigidas por una mujer. Entre los trabajos seleccionados, destacan los del francés François Ozon (‘Été 85’), la japonesa Naomi Kawase (‘True mothers’), el danés Thomas Vinterberg (‘Another round’) o el español Antonio Esparza (‘Sala del juzgado 3H’). Fuera de competición, se verán las producciones del ya citado Woody Allen, Fernando Trueba (que clausura la muestra con ‘El olvido que seremos’), el debut como director del nombrado Viggo Mortersen (‘Falling’) o las series que firman Luca Guadagnino (‘We are who we are’), Rodrigo Sorogoyen (‘Antidisturbios’) o, en lugar de honor, Aitor Gabilondo a cargo de, la más esperada, ‘Patria’.

Para Rebordinos, el lugar natural de la adaptación de la novela de Fernando Aramburu es San Sebastián. «Hay que acabar con esa fea costumbre de quitar o censurar todo aquello que no nos gusta. El punto de vista de la serie es muy interesante, siempre del lado del dolor de todos. Este festival siempre ha estado de lado de mostrar todos aquellos trabajos que tienen algo que decir sobre lo que ha pasado en Esukadi sin dogmatismos. Y eso ha supuesto que unas veces se nos acuse de inquisidores franquistas y al año siguiente de proetarras. Eso ha pasado», dice, se toma un segundo y aborda el espinoso asunto del cartel anunciador de la serie donde la imagen de un atentado compartía sitio con la de un etarra torturado: «Sin olvidar nunca que ETA fue una banda asesina y fascista, lo cierto es que aquí se torturaba y humillaba. ‘Patria’ es esencialmente realista. Lo que cuenta es real. Nunca proyectaremos una película propagandista venga del lado que venga, pero aprender a comprenderse para que nunca vuelva a pasar lo que pasó tiene que pasar por el hecho de que cada uno aporte su punto de vista. Y cuantos más allá mejor».

El último punto conflictivo tiene que ver con la claridad a la hora de defender la decisión, que también es una declaración de principios, de poner a Woody Allen en el más visible de los escenarios. Pocas veces San Sebastián, la ciudad, fue retratada con tanto mimo como lo hace la fotografía de Vittorio Storaro. La película llega como colofón a un año que detuvo la publicación de las memorias del director tras la reactivación de las acusaciones de abuso por parte de su hijo Ronan y de todos los actores y actrices que abjuraron de él. «Que yo sepa, Woody Allen no tiene ninguna causa pendiente con la Justicia. Hay policías que investigan y jueces que juzgan. Yo no soy ni una cosa ni otra. Decididamente, no estoy dispuesto a ceder a chantajes», dice. Pues eso.


Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más

CineMuere Chadwick Boseman, protagonista de Black Panther, a los 43 años
Cine'Las niñas', de Pilar Palomero, mejor película española en el Festival de Málaga
Cine'Fitzcarraldo': un barco en la cima de una montaña

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *