Kidd Keo: "Vivimos en un régimen de censura, hoy El Fary estaría prohibido por cantar 'La mandanga'"

El ‘trapero’ de Alicante aspira a convertirse en Mesías de la generación Z. "Yo sé quién soy, tengo un Maserati, pero me voy a encerrar…

Probablemente el 90% de los españoles menores de 25 años conocen de sobra a Kidd Keo y el 90% de los mayores de 40 pensarán que es el nombre de una chocolatina. Nacido en Alicante en el 95 este cantante de trap es un símbolo no sólo de los nuevos vientos que airean la cultura nacional sino de una insalvable ruptura generacional. Sus códigos al hablar, su forma de vestir y sus valores son los de un mundo nuevo que ya está aquí.

«Hace cinco años había un vacío artístico, España necesitaba algo fresh (fresco), no había ningún flavour (sabor) nuevo y surgió el trap. Pero todo eso ya se ha muerto, C. Tangana ha tenido que volverse más blandito para sobrevivir. Los de mi cosecha ya no se mojan, ¿sabes por qué? Porque este es un país donde todo ofende, en el que es mejor quedar bien con todo el mundo. Creemos que tenemos libertad de expresión pero vivimos en un régimen de censura, hoy El Fary estaría prohibido por cantar La mandanga», dice el artista en una conversación a través de la aplicación Zoom, sentado en una cafetería de su barrio en Alicante.

España necesitaba algo fresh y surgió el trap, pero todo esto ya se ha muerto

Habla con una frescura envidiable pese a que, según reconoce, pasó la noche anterior grabando un videoclip en una trap house (un espacio de reunión para generar ideas junto a los amigos). «Había mazo droga y todo lo que quieras, pero hoy me he levantado para estar hablando aquí contigo», aclara.

Con su nuevo disco, Back to Rockport, aspira a que los chavales se olviden del mundo exterior y pasen las horas sumergidos en el universo de Kidd Keo, algo que no parece tan descabellado en estos tiempos de cuarentenas forzadas por la pandemia.

«He construido un mundo propio donde están todas las cosas que me gustan: las carreras de coches callejeras, la música y las fiestas», cuenta. Según lo describe parece una versión fumeta de la saga de acción Fast & Furious del actor Vin Diesel mezclada con las batallas entre avatares animados del videojuego Fortnite.

La pose de ir de trapero todo el rato es como tenerla pequeñita y tener que marcar músculo

Esa idea de crear un refugio frente a la realidad le acompaña desde el principio de su carrera en obras como Keoland (2018) y Welcome to Gotham (2016). Sólo que ahora quiere trasladarlo a la realidad. «Estoy construyendo una nave industrial para recrear este universo. Fuera de ahí seguirá siendo España pero dentro estarás en Rockport. Sólo te puedo contar que habrá un tobogán de caracol que conectará con el piso subterráneo, la gente va a flipar».

Está más cerca del youtuber El Rubius (nacido en el 90, quien se estima que genera cuatro millones de euros al año) que del cliché del rapero macarra con vida de gángster: con su imagen colorida (el pelo decolorado y la ropa urbana, coqueto a su estilo) y una capacidad innata para comunicar, fruto de su empatía y una cabeza que piensa tan rápido como los beats de sus canciones.

Él se define por encima de todo como «un creador», un concepto contemporáneo para describir a una persona creativa que aspira a hacer de todo (música, videojuegos, series, moda) y, aún más importante, a sacar beneficios con ello.

«Es lo que me considero desde los 13 años, cuando pedí a mi abuela que me ensañara a coser para crear mis propios diseños. Salgo del barrio, tengo amigos duros, pero esa pose de ir de trapero todo el rato es como tenerla pequeñita y tener que marcar músculo. Esa película del trap en España es un engaño, todo el mundo se levanta por la mañana, caga y se hace un café con leche. Yo sé quién soy, tengo el Maserati ahí aparcado en la esquina, pero no me voy a encerrar en esa imagen: quiero crear algo más, construir cosas nuevas».

Este es un país donde todo ofende y en el que es mejor quedar bien con todo el mundo

La ambición de Kidd Keo parecería propia de un lunático si no hubiera logrado construir un icono tan grande en tan poco tiempo. «Me mola la idea de trascender, cuando tenga tres millones de euros levantaré una torre inmensa como la de Stark», dice en referencia al rascacielos futurista del superhéroe Iron Man de Marvel, mientras acepta con amabilidad un selfi junto a una fan espontánea que pasaba por ahí.

Más allá de C. Tangana, Kidd Keo es uno de los primeros cantantes del trap español en fichar por una multinacional (Warner Music) y es el gran pulverizador de récords en YouTube. En su perfil, canciones como Touchdown superan la burrada de 100 millones de reproducciones y tras su paso en 2017 por Colors se convirtió en el artista más popular de los cientos que han pasado por esta plataforma de vídeos convertida en radar de la modernidad, solo por detrás de la mega estrella global Billie Eilish.

Dice que le dan pereza las discusiones que no llevan a nada, la crispación en las redes sociales. «¿Por qué no nos concentramos en las cosas que harían mejor a la sociedad?». Defiende la libertad individual: dejar hacer y no entrometerse en la vida de los demás. «Si quieres abortar, adelante. Si eres un chico y te quieres liar con otro chico, adelante. Yo no soy mujer ni soy gay, ¿entonces por qué tengo que decir a los que sí lo son lo que tienen que hacer?».

Gira la cámara del portátil y muestra a sus colegas, que le corean cuando dice alguna burrada (pocas veces en esta charla de casi una hora, pese a su fama de díscolo) y atienden con atención cuando desarrolla una idea (todo el rato, en realidad, está enlazando una teoría con otra, como una ametralladora). «Muchos de ellos siguen en la trap life (vida del trap), si es lo que les gusta, ¿qué otra cosa van a hacer?», dice, y aclara que su círculo de confianza le acompaña desde al menos 10 años atrás.

La autenticidad quizá sea la clave del éxito de este cantante que mezcla con soltura en sus letras español e inglés (vivió unos años en Canadá cuando era más joven) y no olvida quién es y de dónde viene. «A mi padre no le conocí, ahora debe estar en la cárcel, pero gracias a mi madre he llegado hasta aquí, ella lo ha pasado mal, tuvo que criarme sola, pero me dio confianza para luchar por las cosas que quería hacer desde pequeño».

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