Kiran Millwood: “Aunque mandáramos las mujeres, el poder corrompe”

Realmente ocurrió. En la terrible tormenta del 24 de diciembre de 1617 fallecieron todos los hombres de Vardø, al norte de Noruega, que habían salido a faenar al mar. Las mujeres tuvieron que tomar el relevo. Y lo hicieron, pero el castigo por aquella osadía terminó en una persecución por brujería.

Kiran Millwood Hargrave (Londres, 1990), poeta y novelista británica, ha forjado su cuarta novela, Vardø. La isla de las mujeres (Ático de los Libros), apasionada por esa historia, la de una sociedad incapaz de entender que un pueblo de mujeres pudiera sobrevivir sin hombres.

-En la tormenta de 1617 murieron cuarenta hombres en diez barcos que se hundieron. Las 91 mujeres que quedaron viudas, huérfanas y solas, fueron acusadas de ser las causantes, por brujería. ¿Cómo conoció esa historia y qué le atraía de ella?

-La descubrí por una obra de arte: el “Steilneset Memorial” de Louise Bourgeois. Salía en la página web de la BBC: de una silla de metal rodeada de espejos de bronce, salía un fuego ardiente, entre paredes de cristal ahumado. Quise ver la instalación pensando que estaría en Londres, Madrid o París…

-Pero estaba en una pequeña isla del círculo polar ártico

-Sí, en Vardø, al norte del punto más al este de Noruega. Donde aconteció la caza de brujas más sangrienta. Luego supe que, tres años antes, en 1617, una tormenta mató a los pescadores que estaban en alta mar. Era Nochebuena. Se me erizó la piel cuando lo leí. Supe que quería escribir sobre eso.

Hay matriarcados funcionando en tribus indígenas de China e Índia”

-¿Cree que hoy podrían consolidarse -ya existen en algún lugar del mundo- sociedades sólo dirigidas por mujeres?

-Hay matriarcados funcionando entre tribus indígenas y sociedades de todo el mundo, como los mosuo en China o los khasis en India. Las mujeres están a cargo de los asuntos políticos, sus apellidos pasan a sus hijos y son las que heredan las propiedades. No me imagino una sociedad matriarcal en occidente, aunque tampoco la defendería. Creo en la igualdad, pero nos queda largo camino.

-¿Cuál sería la principal virtud y el handicap de un matriarcado?

-He vivido toda mi vida en un patriarcado. Estoy adoctrinada, como todos los demás. Me pregunto si “Vardø” puede considerarse un matriarcado real, porque, aunque las mujeres gobiernan la isla y se defienden por sí solas tras la tormenta, también han crecido en un patriarcado, y no pueden olvidarlo de la noche a la mañana.

-Kirsten se alza como la líder del pueblo

-Ella puede pescar, encargarse del ganado y llevar pantalones. Pero ya se sentía empoderada, aprendió esas habilidades de su marido antes de que muriera. Así que está representando una forma masculina de actuar y vivir. Si las mujeres se sintieran lo suficientemente poderosas para liderar y mandar de acuerdo a sus energías femeninas, me pregunto si sería mejor. Pienso en Jacinda Ardern y Nicola Sturgeon: son líderes fuertes y benévolas. Pero separarnos por completo del sistema aprendido es difícil. En “El poder” Naomi Alderman dice que el poder corrompe de forma indiscriminada, y estoy de acuerdo.

-¿Qué debías hacer para ser considerada “bruja” como las 91 brujas de Vardø?

-Parece ser que muy poco. Estar en desacuerdo con tus vecinos. Usar hierbas medicinales, bordar en el Sabbat, usar un lenguaje que no se considerase femenino o vestir de forma excéntrica… ofensas. Añadían elaboradas acusaciones: casarse con el diablo o -como en Vardø- tejer el viento para invocar tormentas.

Kiran Millwood
Kiran Millwood (.)

-Sus protagonistas, Marten y Ursa, son prototipos fuertes. Se confiesan su amor al presenciar el fuego de la hoguera. ¿Serían su equivalente contemporáneo acciones como las de Pussy Riot?

-En cuanto a reclamar el poder sobre sus cuerpos y usar su sexualidad como acto de rebelión contra un régimen peyorativo y obsesivo, sí. Intento no establecer comparaciones sólidas; las mujeres de Vardø vivieron en un momento en el que el feminismo y el lesbianismo no existían como conceptos. Escribí el amor de Maren por Ursa desde aquel prisma —Maren explica que, si fuera un hombre, besaría a Ursa— y no como una mujer que desea a otra mujer. En Vardø las mujeres eran una propiedad, de modo que ni siquiera sus cuerpos eran suyos. Tan solo sus mentes, pensamientos y sentimientos lo eran. El lector podría querer que estas mujeres se alzaran y manifestaran igual que Pussy Riot, pero no pueden. Carecen del lenguaje para ello.

-Absalom Cornet, cazador de brujas escocés, es llamado para poner orden en la isla. Un tipo violento. ¿Qué le han dicho sus lectores hombres, sobre ese prototipo masculino?

-Es interesante que lo etiquete de prototipo, yo siento mucha simpatía hacia Absalom. Es víctima de su tiempo. He recibido algunas respuestas airadas, pero también comentarios de lectores masculinos que le entienden. No lo digo para justificar sus actos. Él no comprende a Ursa ni intenta hacerlo. Siempre he pensado que la ignorancia y el miedo llevan a la crueldad: la inseguridad de Absalom lo convierte en cruel. Espero que los lectores en España estén de acuerdo en que no es un personaje estático, sino un hombre con defectos atrapado por las circunstancias.

La ignorancia y el miedo siempre llevan a la crueldad”

-Es usted una autora muy joven y con éxitos. ¿Cómo ve el futuro de su generación? ¿Tras el covid qué ha cambiado en ustedes sobre su percepción de la vida?

-Nuestra generación hereda un planeta moribundo. Plagado de desigualdad e incertidumbre política. Pero somos profundamente compasivos, conscientes de los peligros del capitalismo, y tenemos tecnología en beneficio nuestro. Las divisiones entre las generaciones de mi país sobre el Brexit o el movimiento de Black Lives Matter me entristecen profundamente, pero también me dan esperanza. Mi generación rechaza la nostalgia y el miedo a lo forastero. La pandemia ha servido para resaltar nuestras desigualdades, y esta vez estoy decidida a no ser una mera observadora. Sé que muchos de mis amigos y colegas sienten lo mismo.

-Algunas de esas mujeres noruegas decidieron salir ellas al mar… No fue bien visto por todos sus conciudadanos.

-Existen muy pocos documentos de este periodo. Que no se les prestara demasiada atención a estas mujeres ya es significativo. Pero hay documentos de Cunningham, el escocés que se unió a las flotas de Dinamarca y Noruega y acabó gobernando Finnmark, donde está Vardø. Preocupado por la tormenta (pensaba que tenía un origen sobrenatural) y por consolidar su poder. Vardø era un importante puesto estratégico, cerca de los territorios eslavos y de las rutas de pesca del mar de Barents.

Nuestra generación hereda un planeta moribundo”

-Los registros cambiaron una ley

-Køning cambió la ley: se podrían reclamar derechos sobre las tierras de todas aquellas mujeres que fueran condenadas por brujería. Los juicios de brujas fueron una mezcla de codicia, fervor religioso y temor. Køning creía que la isla estaba llena de brujas que invocaron una tormenta para matar a los hombres. Un pragmático piadoso.

-¿El machismo tiene hoy su equivalente en algunos grupos feministas que denostan a los hombres? ¿No es ese un peligro?

-No dudo de que exista ese equivalente. Pero no cuenta con el apoyo social, económico y cultural necesario para ejercer una opresión real. Hay un abismo entre la amenaza que supone que haya mujeres que odien a los hombres y viceversa. Los hombres tienen el control mayoritario del gobierno y autoridad sobre nuestros cuerpos (como demuestra la lucha por los derechos reproductivos) y nuestro futuro económico. A las mujeres se les paga, sistemáticamente, menos que a los hombres por el mismo trabajo. Yo no odio a los hombres, pero si lo hiciera, no creo que tuviera las herramientas para usar ese odio como arma contra ellos. Como dice Margaret Atwood: “Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten.”

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