La Cartuja de Miraflores, una estación hacia el paraíso

 posee un equilibrio y una elegancia que nos conmueve. Tal vez porque sus dimensiones están concebidas a escala humana.

La Cartuja está construida en torno a una iglesia, junto a la que existen dos claustros y un conjunto de edificios para los usos de los monjes cartujos, una orden fundada por San Bruno en el siglo XI, a la que se considera como una de las más austeras de la Iglesia. Sus miembros hacen el voto de pobreza, castidad y obediencia. Y viven en un silencio sólo roto en el paseo semanal por el entorno.

Resulta impresionante la expresión de dolor del Mesías con los ojos semicerrados y del que mana la sangre por un costado

Cuando era joven, solía ir con frecuencia a caminar por los alrededores. Me subía a la tapia de piedra que rodea el recinto y veía trabajar a los monjes en la huerta. Muchas veces sentí envidia por la paz y el aislamiento de este paraje fuera del mundo de las vanidades y la ambición.

En una estancia en Silos, un fraile benedictino me confesó que lo más duro del monacato es la convivencia, algo que jamás olvidaré. Pero la visión de los cartujos desde lo alto del muro me parecía una estación de paso hacia la patria celestial.

Retablo

Para entrar a la iglesia, empezada a construir por Juan de Colonia a mediados del siglo XV, hay que pasar bajo una puerta ojival con una escena del Descendimiento en el tímpano. Sobre ella, los escudos de los fundadores del templo.

Nada más acceder al recinto, hay una inscripción en el trascoro barroco que dice: «Felix coeli porta», feliz puerta del cielo. Así es porque el espacio que se abre ante la vista es el impresionante retablo policromado de Gil de Siloé, la tumba de los reyes Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, padres de Isabel la Católica, y la bruñida sillería de nogal de los monjes.

En el centro del retablo hay una imagen de Cristo crucificado, flanqueado por Dios Padre y el Espíritu Santo. Resulta impresionante la expresión de dolor del Mesías con los ojos semicerrados y del que mana la sangre por un costado. Las escenas de la Pasión ilustran su calvario.

Gil de Siloé fue también el autor de la tumba de Juan e Isabel, una de las joyas del recinto y un exponente virtuoso de la escultura gótica. Los sepulcros están construidos en alabastro. Juan está representado en actitud mayestática con la corona, nobles ropajes y unos chapines. A su lado descansa con expresión de placidez su esposa, madre de la Reina Católica y de su hermano Alfonso, sepultado a unos metros. Poco se sabe de Gil de Siloé, al parecer de origen flamenco. Murió en Burgos en 1501 tras concluir el retablo y la tumba. La Cartuja no sería lo que es sin tu talento excepcional, no suficientemente reconocido.

Espiritualidad

No es posible visitar la Cartuja sin reparar en la sillería de los monjes, en la que una parte estaba reservada para los padres y otra, para los hermanos. Los artistas que labraron su madera decoraron los respaldos con animales fantásticos, hojas de plantas y rostros distorsionados, con un gran facistol en el centro para leer las Sagradas Escrituras.

No hay detalle ni rincón que no merezca la atención del visitante, pero no se puede abandonar el templo sin detenerse ante la estatua de San Bruno, del escultor portugués Manuel de Pereira. Y tampoco se puede dejar de mirar hacia arriba para admirar las nervaduras que tejen sus simétricas bóvedas góticas, un verdadero himno que eleva el alma hacia el cielo. Por último, la nave está iluminada por vidrieras flamencas que representan escenas de la Pasión. Sus cristales filtran una luz que realza la espiritualidad del retablo y las tumbas.

No se puede escribir sobre lo sublime y menos describirlo, por lo que lo más recomendable es visitar este asombroso conjunto monacal y dejarse llevar por su belleza.

https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-cartuja-miraflores-estacion-hacia-paraiso-202109150031_noticia.html

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