La cultura francesa, en coma pese a la lluvia de millones

La rentrée, palabra mágica de la cultura francesa –más de mil títulos nuevos en librerías, por ejemplo– y del espectáculo huele en 2020 a UCI. Si el plan de relanzamiento económico que detallará el gobierno este jueves promete 2.000 millones de euros a la cultura, el sector es tan diverso como sus daños. La cultura es un espectáculo dramático en 2020 y nada indica que deje de serlo en 2021.

El llamado espectáculo vivo se declara en coma “si no se recupera la actividad de aquí a fin de año”. Olivier Darbois, presidente de Prodiss, el sindicato que representa al 80% del sector de músicas actuales, lo dice con cifras: “9. 600 espectáculos anulados costarán 1.800 millones de euros, el 84% de nuestro volumen de negocio anual”. Y alerta sobre la destrucción consiguiente de 26.000 empleos. Darbois estima que un 51% de empresas podría desaparecer. Y las sobrevivientes, “no absorberían sus pérdidas antes del 2027”.

Los sindicatos de la música en vivo advierten: “9. 600 espectáculos anulados costarán 1.800 millones de euros, el 84% de nuestro volumen de negocio anual”

¿De dónde salen los 2.000 millones prometidos? A Francia le han tocado 40.000 millones de la UE, a los que añade otros 60.000 para intentar reponer su economía. La cultura forma parte del tendal. Y tiene peso.

El gobierno de Macron ha anunciado una ayuda de 2.000 millones al sector, pero aún así los números no cuadran

Según el Ministerio de Cultura, en 2018 su sector movió 47.000 millones de euros, un 2,3% de la economía francesa. Desde ese punto de vista, solo faltarían 300 millones de euros para que el relanzamiento cultural alcanzara la divina proporción. Pero basta sumar los 1.800 millones que llora la música y los 800 que costará mantener a flote a los trabajadores intermitentes, para que las cuentas no cuadren. Sólo impedir que los pequeños productores musicales tiren la toalla costaría 300 millones de ayuda directa.

El Centro Nacional de la Música –incluye la clásica–, estima la pérdida de recaudación conjunta en “1.700 o 2.000 millones de euros, según se recobre la actividad en septiembre o a finales de año”. Y una encuesta SoFest, para France Festivals, concluye que “el lucro cesante por la supresión de festivales oscilará entre los 2.300 y los 2.600 millones de euros, sin olvidar a 30.000 profesionales intermitentes sin trabajo”.

La supresión de los festivales ha supuesto pérdidas de entre 2.300 y 2.600 millones

De acuerdo con el estudio Tous les Festivals (todos los festivales), en 2019 el conjunto de citas musicales atrajo 7,5 millones de espectadores. Pero sobre todo padecen las ciudades pequeñas. “La anulación de Hellfest nos costó más de 9 millones”, calculó Xavier Bonnet, alcalde de Clisson, la ciudad de 6.900 habitantes que lo acoge. Peor es el caso de Carhaix-Plouguer, en el Finisterre bretón: este verano sin su festival Vieilles Charrues le cuesta cerca de 18 millones de euros a la región. Y si Marciac, célebre entre los músicos norteamericanos de jazz por su festival, cuenta dos supermercados, ocho restaurantes y dos hoteles no es gracias a sus 1.250 habitantes sino a los 250.000 festivaleros que la ocupan durante tres semanas. De hecho, su alcalde llora la evaporación de 20 millones de euros.

El drama puede no tener música. Es el caso del festival de Aviñón, referencia mundial, cuya suspensión dejó en la rada más de mil compañías y 6.000 trabajadores intermitentes. La ciudad perdió de 15 a 20 millones de euros.

Imagen tomada en la Cour d'Honneur du Palais des Papes de Aviñón, el pasado julio, poco antes de una proyección de vídeo programada tras la cancelación del festival
Imagen tomada en la Cour d’Honneur du Palais des Papes de Aviñón, el pasado julio, poco antes de una proyección de vídeo programada tras la cancelación del festival (CLEMENT MAHOUDEAU / AFP)

Si Darbois protesta por la negativa gubernamental a conciertos y espectáculos al aire libre, “cuando parques y y playas están abiertos”, su homólogo en la agrupación de productores teatrales de París se queja de la desigualdad de trato con el transporte. “La SNCF –la Renfe francesa– se jacta de haber transportado a 20 millones de personas desde el desconfinamiento que, como en el Metro, viajan con máscara, pero uno al lado del otro. En cambio, nuestras salas deben dejar una butaca vacía entre dos espectadores, lo que impide toda rentabilidad”.

Otro detalle crucial: si en el total de trabajadores de Francia sólo un 12% es independiente, en la cultura esa inestabilidad concierne a uno de cada tres, víctimas colaterales por lo tanto de los estragos del año Covid. Un panorama del que solo parece salvarse un sector en el que Francia es importante, el cine de animación: los “actores” no llevan mascarilla ni guardan distancia social.

La incertidumbre es incompatible por otra parte con la programación, a más o menos largo plazo en cada especialidad. Y no hay que olvidar tampoco el cierre de fronteras. Cuando se habla de músicas actuales hay que hacerlo en inglés: del 35 al 40% de los espectáculos llegan de los Estados Unidos o de Gran Bretaña.

Los promotores de conciertos piden la “reapertura de salas sin distanciamiento y mantener los Erte hasta por lo menos agosto del 2021

Malika Seguineau, directora general de Prodiss sintetiza la demanda del sector: “reapertura de salas sin distanciamiento y mantener los Erte hasta por lo menos agosto del 2021”. Lo matiza Jean-Philippe Thiellay, presidente del Centro Nacional de la Música, quien admite la reducción del número de espectadores a un máximo de 5.000 personas, “a condición de que inventemos un dispositivo para que el Estado acompañe a los productores hasta que la situación se normalice”.

El problema es que no hay programador humano ni algoritmo capaz de dar una fecha para la normalidad.

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