La emblemática librería parisina Shakespeare and Co pide ayuda para sobrevivir al nuevo confinamiento

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Macron anunciaba ayer un nuevo confinamiento para Francia al tiempo que advertía que esta segunda ola en la que estamos inmersos será más «dura y mortífera». El territorio galo comienza mañana un nuevo confinamiento, que aunque más flexible, viene a agrandar la herida de los establecimientos a pie de calle, ya muy tocados.

En una triste caída de dominó pandémica, restaurantes, tiendas y direcciones emblemáticas van cayendo al no poder frente a los desafíos económicos que supone volver a cerrar puertas. La última que anunciaba que estaba en la cuerda floja es la parisina Shakespeare and Company, una de las librerías más emblemáticas del mundo.

Inaugurado por primera vez por Sylvia Beach en 1919, el célebre espacio pedía ayer ayuda a sus clientes para sobrevivir, ya que anunciaba que sus ventas han bajado un escalofriante 80 por ciento desde marzo.

Tras sobrevivir a dos Guerras Mundiales y a la recesión del crack del 29, la librería en la que rebuscaban títulos Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, TS Eliot o James Joyce, reconocía en un correo electrónico que se enfrentaba a «tiempos difíciles», ya que la pandemia de Covid-19 mantiene alejados a los posibles compradores.

«Como muchas empresas independientes, estamos luchando, tratando de ver un camino a seguir durante este tiempo en el que hemos estado operando con pérdidas», afirmaba la tienda en el texto mientras añadía que estaría «especialmente agradecida de recibir pedidos «on line» de todos aquellos que tengan los medios y el interés para hacerlo.

George Whitman abrió la versión actual de la tienda en 1951, con James Baldwin, Lawrence Durrell, Allen Ginsberg y Anaïs Nin entre sus asiduos visitantes. Fue él el que instauró una «utopía socialista disfrazada de librería», en la que se invita a los escritores a dormir gratis entre los estantes a cambio de unas horas de ayuda en la tienda.

Muestras de apoyo

«No cerramos nuestras puertas, pero hemos gastado todos nuestros ahorros», ha aseverado la hija de Whitman, Sylvia Whitman, a The Guardian. «Hemos bajado un 80% desde el comienzo de la primera ola. Ahora hemos gastado todos los ahorros de la librería que tuvimos la suerte de acumular, y también hemos estado haciendo uso del apoyo del gobierno».

La tienda estuvo cerrada durante dos meses durante el primer bloqueo de Francia, y no vendió libros en línea durante ese período por consejo del organismo comercial Syndicat de la librairie française.

Desde que pidió ayuda el miércoles por la mañana, la propietaria asevera que se había visto inundada de muestras de apoyo y, lo que es más importante, pedidos, incluido uno de un antiguo huésped de la liberría, que gastó 1.000 €.

«Creo que nos va a dar un gran impulso para superar el próximo capítulo», ha reconocido Whitman. «No hemos dicho nada públicamente antes porque somos muy conscientes de que todos están en situaciones difíciles. Solo queremos pedirle a la gente que nos ayude a hacer lo que hacemos, que es vender libros».

Shakespeare and Company ha seguido apenas unos días después el ejemplo de l a librería neoyorquina Strand, que hacía un llamamiento desesperado a través de las redes sociales. «Ahora estamos en un punto de inflexión en el que nuestro negocio es insostenible», apuntaba la propietaria del local de 93 años Nancy Bass-Wyden.

Después de la petición, Bass-Wyden ha afirmado que la tienda había recibido 25.000 pedidos durante el fin de semana, por un valor de casi 200.000 dólares.

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