La historia de la bomba de Hiroshima, en viñetas

 que concluye con el lanzamiento de la bomba el 6 de agosto de 1945 sobre la ciudad de Hiroshima.

Pero creo que, al menos para los que, como yo, han crecido en las décadas de los 70 y lo 80, este cómic es algo más, es parte de la memoria íntima del mundo en que crecimos. Aún tengo frescos en mi memoria dos acontecimientos de aquellos años que produjeron en mí una auténtica desazón. El primero de ellos es el desastre en la central atómica de Chernobyl. Recuerdo a la perfección el miedo a que las nubes de lluvia radioactiva llegasen, por capricho de los vientos, hasta la pequeña ciudad donde yo viví y crecí.

El segundo, un periódico que llevaba en portada una noticia en torno a la crisis de los euromisiles, sin duda, uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría. Había una imagen de rusos y americanos en la ONU con cara de pocos amigos, un dibujo con un mapa de Europa donde se dibujaban los posibles blancos de los misiles de ambos bandos, y un titular que rezaba así: ‘Listos para ser disparados’. Recuerdo irme a la cama a dormir sin tener claro si, literalmente, habría un ‘mañana’.

‘Miedo atómico’

Dicho en pocas palabras, pertenezco a esas generaciones que vivimos entre el lanzamiento de la bomba en Hiroshima y el desplome del bloque soviético, para las que el ‘miedo atómico’ era algo tangible y muy real. Quizá por ello, el cómic de ‘La bomba’ me parece tan apasionante. Con su lectura se comprende el nacimiento de una nueva era marcada por la energía atómica, que es la sociedad en la que trascurren mi infancia y adolescencia. Creo que muchos estarán en mi caso, y saber de este tema les resultará una lectura realmente adictiva. A partir de aquí, solo queda sumergirse en las páginas de esta excelente historieta, dejarse llevar, y conocer múltiples detalles sobre el proceso de la creación de la bomba.

Hay dos aspectos que me han resultado especialmente interesantes. El primero de ellos es la atención que el volumen dedica a los científicos que, de un modo u otro, tuvieron que ver con la creación de la bomba. La obra cuenta con un pequeño prólogo en el que se repasa la historia de la energía atómica, nombrando someramente a aquellos que descubren los materiales radioactivos, como el matrimonio Curie, para dar rápidamente paso a grandes físicos posteriores que ayudaron a desarrollar la bomba, como Oppenheimer, Fermi y, en especial, el húngaro Leo Szilard, que hace de hilo conductor en todo el relato. Creo que los autores del cómic le eligen para estructurar toda la narración porque en él se aprecia, quizá mejor que en ningún otro, una gran evolución respecto a su postura en torno a la creación de la bomba atómica.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Szilard trabaja activamente para incentivar al Gobierno estadounidense a crearla, ya que considera que, de otro modo, los nazis acabarían desarrollando su propia versión de dicha arma y es capital que los aliados posean primero esa ventaja táctica. Pero, posteriormente, se convierte en un firme defensor del control atómico. Preocupado por el mundo que surge tras la Segunda Guerra Mundial, será él, por ejemplo, quien sugiera la creación del famoso teléfono rojo, último medio para que los máximos responsables de los gobiernos estadounidense y ruso dialoguen antes de iniciar una conflagración nuclear.

Reflexión moral

El segundo elemento que me interesa de esta obra es la reflexión moral que plantean sus páginas, los diversos dilemas éticos que surgen a la hora de crear la bomba y tras su lanzamiento. El cómic se ocupa de aspectos especialmente atroces del desarrollo atómico. Así, por ejemplo, se narra que, una vez se comienza a intuir la posibilidad de que la radiación afecte a aquellos que se exponen a ella, 18 personas inocentes, incluido un niño de cuatro años, son usados como cobayas por médicos del ‘proyecto Manhattan’, y se les inyecta plutonio sin su conocimiento (y, evidentemente, sin su consentimiento) para estudiar sus efectos en el ser humano.

Otra reflexión interesante se plantea a través del personaje de Klaus Fuch, que espía para el bando soviético desde el corazón de Estados Unidos, consiguiendo mucha información sobre el proyecto nuclear que los estadounidenses estaban desarrollando en Los Álamos. Gracias a él, se acorta la distancia de los proyectos nucleares de ambos países de forma espectacular. Lo interesante del personaje radica en su particular visión del nuevo mundo que se está creando. Fuch es uno de los primeros en intuir que el gran dilema ideológico de la segunda mitad del siglo XX no va a estar marcado por la lucha entre el fascismo y las democracias de corte occidental, sino por un enfrentamiento entre las sociedades capitalistas y los países comunistas.

Lo interesante del cómic es cómo plantea el dilema ético del personaje. Del mismo modo que otros protagonistas de la historia trabajan para que EE.UU. tenga el arma atómica antes que los nazis, Klaus Fuch intenta hacer lo propio con los rusos. Comunista convencido, considera que un arma de este calibre no puede estar solo en poder del país capitalista por excelencia.

Efectos de la explosión

Un último personaje interesante y que quiero nombrar es Naoki Morimoto. Juega un papel importante en la historia por dos motivos. Por un lado, su historia y la de su familia sirven para que el lector simpatice con la población de Hiroshima y enmudezca cuando llegue a las extraordinarias páginas en las que Rodier dibuja los efectos de la explosión. Pero, además, resulta que se trata de una persona de alto valor simbólico para ejemplificar esta tragedia. Los autores lo sitúan en el corazón de la explosión. Su cuerpo se volatiliza literalmente, quedando tan solo la sombra impresa en unos escalones que hoy se muestran en el museo de Hiroshima. Una sombra que simboliza a la perfección el horror de lo acontecido y el miedo de lo que está por venir en las décadas sucesivas.

‘La bomba’ es un cómic con muchas capas. Su lectura hace que me plantee preguntas respecto a la ética de la ciencia, el poder que manejan las élites que nos dirigen o sobre la fragilidad del ser humano y el horror de la guerra. Por último, quisiera destacar que es una obra que da mucho que pensar, pues, en último término, el mundo en que hoy vivimos se gestó durante la Guerra Fría, y es imposible saber quiénes somos sin saber de dónde venimos.

https://www.abc.es/cultura/libros/abci-historia-bomba-hiroshima-vinetas-202108051716_noticia.html

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