La mítica librería Shakespeare and Co de París pide ayuda

Una librería en la que han dormido más de 30.000 personas, ¿sigue siendo librería? Peor aún cuando esa librería se convierte en referente turístico y atrae millones de visitantes, pero solo decenas de compradores. Es el caso de Shakespeare and Company, independent bookstore -solo vende libros en inglés y traducciones al inglés de autores franceses– del París más turístico, justo frente al Sena, que a causa del reconfinamiento parisino, inundó las redes con pedidos de ayuda en forma de compra de libros por internet.

Ahora tiene esa posibilidad porque su propietaria, Sylvia Whitman, hija de George, el fundador en 1951 de lo que hoy es una institución, aprendió del primer confinamiento que le costó la pérdida del 80% de su volumen de negocio e instaló el sistema de venta virtual. “No vamos a cerrar -aseguró a un periodista del Guardian-, pero hemos agotado nuestros ahorros. Necesitamos un salvavidas”.

El copropietario de la mítica librería parisina Shakespeare and Company, David Delannet
El copropietario de la mítica librería parisina Shakespeare and Company, David Delannet (María Díaz Valderrama / EFE)

Una librería con mucha historia

La librería, septuagenaria, es mucho más joven que el edificio que la contiene, alzado en el siglo XVII, para alojar un monasterio, a dos pasos del Sena, por entonces vía de transporte y de negocios y proveedor de pescado para los monjes.

Laicos, pero devotos. En este caso del libro: gran parte de la intelectualidad norteamericana e inglesa pasó por la librería, durmió en sus catres que durante el día se volvían sofá y pagó con esas tres extrañas obligaciones prescriptas por George, a cambio del lecho: leer un libro, ponerlos en orden en los estantes y escribir una autobiografía de una página.

George era un americano inquieto, nacido en la Salem de las brujas, en Massachussetts. Hijo de profesor emigrado a China, buen estudiante en Harvard luego, más tarde soldado, George aprovechó la desmovilización, en París, en 1946, para inscribirse en la Sorbona y estudiar la lengua y la cultura de su nuevo país. Sin renegar las del propio. Al contrario.

Por eso cuando abrió Le Mistral -nombre original de la librería-, estimulado según contaba por su amigo, y poeta, Lawrence Ferlingheti, la especializó en literatura en inglés. Pronto incorporó libros de autor francés, pero traducidos. Y sobre todo, instituyó la tertulia como eje de aquel espacio.

Shakespeare and Co. cerrada por la crisis sanitaria
Shakespeare and Co. cerrada por la crisis sanitaria (Francois Mori / AP)

Su hija se llama Sylvia por alusión a otra Sylvia. Y a un juego de nombres. En 1919 Sylvia Beach creó, no muy lejos de allí, en el número 12 de la rue de l’Odéon, la librería Shakespeare and Company, que a la vez funcionaba como biblioteca de préstamos. Y, ya, punto de encuentro de la intelectualidad angloparlante: Hemingway, Elliot, Ezra Pound, Scot Fitzgerald, Gertrude Stein. Entre los franceses asiduos, André Gide, Jules Romains, Paul Valéry. Y un irlandés extraño, muy amigo de Pound, buen lector aunque con poca vista: James Joyce.

La librería llevaba solo tres años cuando Beach protagoniza la tal vez mayor revolución literaria del siglo: publica Ulises, el libro de aquel irlandés, que nadie osaba imprimir. Seguramente el libro más célebre del siglo XX. Y el menos leído, por cierto.

Un primer cierre durante la ocupación

La librería cierra en 1941, cuando los alemanes ocupan París. Beach contará todo en sus memorias, tituladas naturalmente Shakespeare and Company. El libro, publicado en 1959, tres años antes de que la autora muriera en París, terminaba con la liberación de la capital, hazaña de republicanos españoles que de Gaulle atribuyó a los franceses para levantarles la moral.

Esa liberación marcó también su regreso a la ciudad de la por entonces poca luz. Desde 1951 Beach se convirtió en habitual de Le Mistral y en amiga de Whitman, a quien picaba para que rebautizara la librería. La ocasión se presentó en 1964: para conmemorar los cuatro siglos del nacimiento del autor de Hamlet, Whitman accedió a modificar la enseña.

Listado de escritores y huéspedes

La nómina de habituales de entonces es un who’s who de la literatura en inglés: se cruzaron o alternaron Allen Ginsberg, Gregory Corso, William Burroughs, Anaïs Nin, Richard Wright, William Styron, Henry Miller, William Saroyan, Lawrence Durrell, James Jones o James Baldwin. Y un asiduo americano, pero del sur, Julio Cortázar, no en vano traductor de Poe.

Importantes, también, los tumbleweed como los llamaba George, algo así como planta rodadora, corredora: eran aquellos huéspedes espontáneos, que dormían allí tras la tertulia. Ferlinghetti habría inaugurado la costumbre, por derecho propio. Las autobiografías repiten nombres y apellidos repetidos en los estantes: Alan Sillitoe, Robert Stone, Kate Grenville, Sebastian Barry, Ethan Hawke, Jeet Thayil, Darren Aronofsky, Geoffrey Rush, David Rakoff, Ian Rankin…

Huéspedes y tertulianos, así como sus antecesores, confunden sus nombres en los fondos de los siglos XIX y XX, adornados con ediciones curiosas y modernizados por la obra de autores del siglo XXI, adoptados desde que Sylvia Whitman lanzó los encuentros semanales, con charlas de una hora, gratuitas, y posterior firma de ejemplares. Los videos y podtcast del sitio de la librería muestran a, entre otras y otros, a la gran AM Homes, Zadie Smith, Karl Ove Knausgaard, John Berger, Don DeLillo…

En 2015 nace un café con aromas ingleses

Otros autores significativos – Paul Auster, Will Self, Marjane Satrapi, Jung Chang, Siri Hustvedt, Martin Amis…- participaron del simpático festival literario que tuvo primera edición en 2003, extendido al vecino parque René Viviani-Montebello, antes claustro de la iglesia Saint Julien le Pauvre, cuya misión hospitalaria medieval, asilo de peregrinos, prefiguraba la que dio Whitman a su librería.

También era idea suya la de abrir un Café. Y la de que su especialidad fuera la comida macrobiótica que desde finales de los 1960 echó raíces entre la intelectualidad parisina. En 2015 Sylvia hizo realidad aquel deseo: un pequeño café, unas mesas en terraza con vistas a Notre Dame, té de Postcard Teas London, especialidades preferentemente vegetales -ensaladas, bagels, veggie stew…- de Bob’s Bake Shop. Y por supuesto, la tarta de limón de George.

La librería Shakespeare and Co antes del confinamiento
La librería Shakespeare and Co antes del confinamiento (MATTES Ren� / AFP)

Desde que París se convirtiera en primer destino mundial de turismo urbano, el Barrio Latino se transformó en parque temático, museo, con instituciones como esa Shakespeare and Company, obligatorio escenario de selfies. Entre las multitudes consagradas a ponerle decorado a su ombligo se filtraban sin embargo lectores angloparlantes que además de sentarse a leer, en honor a sus mayores, compraban. Ahora, sin turismo y con los parisinos confinados, Sylvia Withman solo puede confiar en internet.

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