«La música tiene que estar, no podemos seguir con miedo a ir a los teatros»

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Poco a poco, aún a tientas y con todas las precauciones del mundo, los festivales vuelven a ponerse en marcha, porque la cultura no puede permitirse el lujo de pararse. En el terreno de la música clásica, uno de los primeros en regresar es el Festival Internacional de Piano Guadalquivir, en Córdoba, que a lo largo de este mes ha desarrollado una undécima edición que debió reinventarse casi totalmente debido a la pandemia.

Para saber cómo levantar un evento en estas circunstancias, charlamos con su directora artística, la pianista María Dolores Gaitán (Villa del Río, Córdoba, 1983), que nos comenta la edición que finalizará este sábado con un concierto «En torno al Guadalquivir» en el que el ENSEIC (Ensemble Instrumental de Cantabria) desarrollará un programa que incluye el estreno de obras de compositores contemporáneos, como Tomás Marco o Miguel Ángel Gris.

¿Cómo compagina su faceta de pianista con la de organizadora de este festival?

Con mucha pasión, si no es difícil conjugar ambas disciplinas. Podemos llamarlo locura, porque quien es gestor cultural sabe bien que hay que estar muy encima. Y, con la carrera de pianista, que ya te ocupa todo el día, faltan horas. Pero para un artista también es fundamental conocer lo que es desde dentro la gestión cultural, porque te hace entender mejor las necesidades del público, ver cómo hay que tratar a los artistas y explorar mundos que muchas veces no conocemos.

Imagino que esta ha sido una edición del festival muy distinta en cuanto a su preparación. ¿Cuándo se decidió que se podía celebrar?

Decidí embarcarme en ello más o menos a principios de julio. Antes de que empezara la pandemia tenía proyectada una edición totalmente diferente, ya que iba a ser la primera en que el festival recorrería las cinco provincias del Guadalquivir. Estaba todo prácticamente atado. En el último momento, al enfrentarnos con esta situación, tuvimos que ver qué se podía hacer. Y pensamos que septiembre podría ser un mes esperanzador después de lo que estamos viviendo. Así que apostamos por hacer una edición más limitada. Pero la música tiene que estar, no podemos seguir con ese miedo a asistir a los teatros. No hay que ponernos una venda en los ojos, pero sí ser valientes y saber que ahora la labor nos toca a los gestores culturales. Si no empujamos para que se haga, difícilmente vamos a poder recuperar el sector musical, que ha sido muy golpeado y es quizá de más lenta recuperación que otros. En tiempo récord, hablé con las instituciones y cambié todo el planteamiento. Decidí hacer un guiño a la esencia del festival, coger elementos clave de lo que han sido los pilares de este evento y remarcarlos con eventos de calidad, uniendo distintos sectores. Y hemos tenido muy buena acogida, porque en solo dos días las entradas estaban agotadas, así que creo que la gente estaba esperando que la música volviese a Córdoba.

«Cada época tiene su lenguaje. Hay que apostar por seguir creando música»

¿Resulta difícil innovar en torno al piano clásico?

Requiere esfuerzo, la innovación viene de la dedicación hacia una profesión. Como artista y como gestora soy muy curiosa y veía que nos estábamos quedando un tanto obsoletos y que la gente nos desconoce. Vivimos en una sociedad veloz, concebimos medios y redes sociales inmediatos. Eso es un problema, porque innovar requiere mucho mayor esfuerzo y mayor velocidad y en el arte hay que mimar las cosas para poder crear. Poco a poco, la experiencia de gestión que me ha ido dando el festival me ha permitido ir probando distintos tipos de eventos y formatos de conciertos, y he ido viendo cómo el público reaccionaba antes ellos. El piano tiene muchísimos recursos que explotar, hay muchas caras de este instrumento y lo bonito es saber descubrirlas y llevarlas al público de una forma atractiva, sin perder la autonomía ni la grandeza que tiene.

¿Y cuáles han sido las actividades que mejor acogida han tenido por parte del público durante estos años?

En primer lugar, aquellas en las que participan los propios músicos, porque se sienten de verdad parte de ello y eso es gratificante para todos. Las «masterclass», el «piano móvil» en un autobús, el evento que organizamos en Medina Azahara cuando fue declarada patrimonio de la UNESCO… Otra con mucho éxito fue «Piano Córdoba», con la que abrimos las casas de la gente, los famosos patios de Córdoba: igual que antes se hacía música de cámara, volvimos a esa manera de hacer música en espacios más íntimos, porque se vive de una forma diferente. También hemos hecho muchos eventos para niños que han tenido mucha acogida. Y los conciertos, por supuesto, que han tenido una evolución muy diversa.

¿Cómo reaccionan a sus propuestas la gente que se suma al festival desde fuera del ámbito de la música clásica?

Creo que hacemos descubrir a muchas personas de otros sectores un nuevo mundo. Evidentemente ya tienen conocimiento de antes, pero creo que no son conscientes de lo que realmente es un festival de esta envergadura hasta que no forman parte de él. Y es muy gratificante ver cómo hacemos que se enamoren aún más de la música clásica. Por ejemplo, lo primero que me comentó el chef Paco Morales cuando le introdujimos en el festival fue que no sabía que la música clásica era tan potente y tan versátil, tan flexible.

«El piano tiene muchas caras, muchísimos recursos que explotar»

En el concierto que cerrará el festival este sábado 26, se estrenarán obras de autores contemporáneos, como Tomás Marco y Miguel Ángel Gris. ¿Le da mucha importancia a apoyar a compositores actuales?

Muchísima. Es la labor de mecenazgo, como la había antaño. Creo que los programadores, los gestores culturales y los propios intérpretes tenemos la obligación de dar vida y voz a obras de nueva creación. Cada época ha tenido su lenguaje, un reflejo de lo que está pasando. El festival comisiona obras y da temas sobre los que poder componer, porque hoy en día necesitamos tener un hilo conductor, de ahí que se proponga a los compositores una temática, como en este caso ha sido el propio Guadalquivir. De esta forma se esfuerzan por reinventarse y por seguir una línea. Y los intérpretes tenemos el lujo de contar con los compositores vivos a la hora de preguntarles y de poder ver cómo lo han proyectado. Hay que apostar al cien por cien por seguir creando música.

Otro atractivo de ese concierto es que José Luis Turina ha versionado «Por el río Guadalquivir», una pieza de su abuelo Joaquín Turina, lo cual es algo histórico.

Yo soy una fan de Turina, toco muchísimo su música. Así que, cuando se lo propuse a José Luis y él aceptó, me hizo una gran ilusión, porque es algo histórico y relacionado directamente con el Guadalquivir, en torno al que gira todo el programa de ese concierto.

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