La Niña de los Peines, viva en las voces flamencas de hoy

La cantaora catalana Mayte Martín durante un concierto – ABC

Flamenco

La Niña de los Peines, viva en las voces flamencas de hoy

Mayte Martín, Miguel Poveda, Esperanza Fernández e Israel Fernández son algunos de los muchos artistas que mantienen, casi intacto, su repertorio

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Murió, hace 52 años, para empezar a crecer, como lo hizo la enredadera de Manuel Machado, alimentándose de la pena para sortear el olvido. Su voz, apagada ya de este mundo que por peteneras quiso repoblar de nuevo, fue ramificándose desde entonces, extendiéndose por aquí y por allá toda llena de anomalía. Pastora Pavón (1890-1969) no registró su imagen en vídeo, como todos los de su generación, que pudiendo, no lo hicieron. El Carbonerillo, de quien recientemente ha aparecido una grabación en movimiento de los años 20 perteneciente a la Universidad de Carolina del Sur, es una excepción rara. No hubo, en aquella época, demasiados posados frente a las cámaras. Aún así, nada iba a evitar que la Niña de los Peines, dentro de esta cultura audiovisual en la que hoy nos movemos, se convirtiera en un icono popular que perdura en la actualidad.

Los viejos escuchan a Pastora con los mismos oídos que los jóvenes. No es Janis Joplin, quien por Woodstock andaba el año en que ella murió, ni Chavela Vargas, sino algo más remoto en el tiempo, con un halo mayor de extrañeza. Es, a su vez, radicalmente desconocida, pero su obra, esos 260 cantes que interpretó en los discos con las mejores guitarras de entonces, de Montoya a Niño Ricardo, parecen intactos en las voces de hoy, donde ella habita. Y no se me ocurre un mérito más elevado: seguir siendo reconocible en lo que otros hacen tras un siglo de amenaza en los relojes.

Vayan, entonces, a los álbumes flamencos y a los espectáculos en directo para resucitar de forma efímera su legado, que como un Guadiana de música y emoción se levanta poco antes de sumergirse. Flota y ya no está. Sugiere sin quedarse. Aparece como se esfuma. Así el exitoso montaje ‘¡Viva!’, del bailaor Manuel Liñán, está henchido de ella, de su carácter más llano. Hombres y mujeres, en su estela, comparten espacio y se recrean en sus formas con una característica común. A lo de Pastora, para adaptarlo a la estética de cualquiera, no hay que añadirle nada, ni un giro ni un detalle ni una escala, sino al contrario: quienes se acercan a sus cosas han de simplificarlas en el pentagrama. No hay velocidad como la suya, sentido rítmico ni melódico. No hay, tampoco, afán creativo ni capacidad a la hora de domeñar lo de los demás con un discurso tan propio. Fue una ladrona de versos y destellos. Mujer que aglutinó, filtró y en su resultado nos puso a todos de acuerdo.

De este modo, por La Niña de los Peines pasan casi todos: desde la voz laína de Mayte Martín, que toca este legado con la lengua cubierta de nube, al Torta, que hace de la bambera una nave de dolor con más vueltas que idas. Israel Fernández, quien le dedicó un disco entero, la tiene tatuada entre los dientes, como Estrella Morente, que por bulerías y por tangos no puede desdibujarla de su mente, Miguel Poveda y Esperanza Fernández. También Ana Reverte y Fosforito, Argentina en esa seguirilla esquiva que echa su manto por las sierras de Armenia, Jesús Méndez, Rancapino Chico, Rocío Márquez y maestros de esta generación como lo fueron Naranjito de Triana, el Perro de Paterna, Paco Taranto, Camarón, El Lebrijano, quien convivió con ella y la tuvo presente, sobre todo, en su magistral ópera prima, ‘De Sevilla a Cádiz’, y, para no hacer la lista más extensa, cualquiera en algún momento dado. Por cantiñas y en los cuplés por bulerías, por soleá, sea de La Serneta, Alcalá o Cádiz, por seguirillas, en los tientos, la sevillana y la farruca, las asturianas, la petenera, por fandangos y malagueñas, en la granína y Levante… También, y sobre todo, queda en el imaginario colectivo su agilidad vocal, la deconstrucción de las letras, los propios textos, su apuesta al compás, el vuelo vivaracho de su nuez y la profesionalización que desarrolló en el sector a lo largo de tantas giras… Depositó en los palos el sello que otras escuelas han recogido. Y ella, claro está, también tuvo sus maestros: Arturo Pavón, su hermano mayor, Antonio Chacón, Manuel Torre, Niño de Medina…

Producción frente a reproducción

Niña de los Peines
Niña de los Peines – ABC

El flamenco, en definitiva, no es más que la construcción de una cadena donde los eslabones que no cierran perecen y el resto, los que quedan, hacen avanzar; como en cualquier otro arte, en realidad. Enrique Morente, por ejemplo, hizo de todo el misticismo anterior una pieza de museo con órgano de fondo que sobrecoge, precisamente, por su recogimiento, y que lo proyecta todo hacia delante desde una mirada intimista. Cogió la seguirilla de Manuel Molina, antiguo cantaor jerezano, que había grabado Pastora, ‘Mírame a los ojos’, le quitó el polvo de los surcos y le incorporó un velo espiritual que parece lanzarse solo hacia unos muros románticos y elevados, donde el eco se encuentra con la muerte y charla de tú a tú, naufragando por la piedra sin perderse. En eso, podría decirse, se basa la cadena de la creación que antes mencionaba. En la producción frente a la reproducción, ese cambiarle las alas a un paisaje sonoro como este, que tiene todos sus vértices bien fijados.

Una iniciativa que parte de diferentes peñas y de un grupo numeroso de aficionados trata de conseguir estos días que se le otorgue definitivamente la Llave de Oro al cante que se le negó en vida. Desde luego, resultaría justo, pero lo que ha logrado sin ayuda de ninguna institución se antoja mucho más poderoso que ese reconocimiento. Ella, directamente, es la llave.

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