La oleada de cancelaciones de festivales españoles, una «avalancha» inminente

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Aunque lo sabe cualquier persona medianamente informada y con dos dedos de frente, casi nadie en el mundillo de la música en directo quiere hablar de ello. Ningún gran festival español ha anunciado lo inevitable aún, pero cuanto antes se admita la realidad, mejor será para todos: este año tampoco habrá festivaleo veraniego. Así lo aseguran, muy a su pesar, varios agentes del sector consultados por este periódico.

«No hay movimiento de contrataciones, ni de confirmación de que se podrá ejecutar lo aplazado el año pasado. Hay un silencio sepulcral en el sector», asegura una fuente de una importante promotora de conciertos, que prefiere mantener el anonimato. «No va a haber grandes festivales este verano».

Juan Santaner, promotor y director de la agencia de management Industrias Bala, habla de «miedo, prudencia e incertidumbre» en el sector. «No creo que haya ni un solo promotor que se atreva ahora mismo a asegurar que su festival se va a celebrar. Sabiendo lo que sabemos, y viendo la situación actual, es comprensible. A nadie le apetece empezar a cancelar de nuevo, con lo perjudicial que es eso para los festivales y, no lo olvidemos, para los patrocinadores. Sin personalizar en ningún festival, creo que va a ser difícil, por no decir que imposible, celebrar festivales con los aforos de 2019. Sería una sorpresa increíble. Y ojalá sea posible. Sería maravilloso.

Alan Queipo, promotor de conciertos y director de Raso Estudio, cree que es «bastante inviable pensar que un Mad Cool o un Primavera Sound pueda celebrarse: son festivales que dependen del consumo de la masa, de la gente apelotonada, de la venta de decenas de miles de abonos… y de las giras internacionales, que aunque seguramente vaya a haber, no creo que todos los artistas que hay confirmados vayan a salir de gira. Además, con lo que cobran los Taylor Swift, Bad Bunny, Billie Eilish, Red Hot Chili Peppers, etc., se necesita recaudar mucho dinero para que sea rentable ese modelo de festival».

«La industria del directo sabe perfectamente lo que hay, lo complicado que es esto, y el panorama del verano», dice el director de un sello discográfico independiente, que también prefiere opinar de forma anónima. «Todos sabemos que el verano de 2021 va a ser esa frontera entre el mal sueño que ha sido el último año, y la normalidad, así que todo el mundo está conduciendo con mucho cuidado, para cruzarla sano y salvo. Desde mi punto de vista, y desde, creo, el de cualquier ciudadano de a pie, es evidente que no habrá festivales masivos este año. El formato de este tipo de eventos gira alrededor del «cuantas más personas por metro cuadrado, mejor», y eso ahora mismo es el enemigo público número uno. Es una realidad que para verano en el mejor de los casos, estará vacunado un 60% de la población española, y eso ya implica que habrá restricciones. Y ya no te quiero contar lo que pasará en otros países, desde donde vienen los grupos a tocar. La incertidumbre es tan grande y evidente, que la realidad es clara». Desde la dirección del festival A Summer Story, el mensaje es igualmente claro: «Hablar en 2021 de esos grandes aforos de 50 o 60 mil personas a los que estábamos acostumbrados en 2019 es una utopía».

El anuncio de la cancelación del festival de Glastonbury ha sido definitivo en este sentido. «Creemos que es el primero de muchos, desgraciadamente, que van a tener que hacer lo mismo. Será el primero de una avalancha de cancelaciones», aseguran desde la promotora que opta por no dar su nombre. «Afectará totalmente a los grandes festivales», opina Alan Queipo. «Lo principal es que seguramente había muchos artistas que iban a tener una gira por Europa con Glastonbury como acto central, y en base a eso sumaron algunas fechas en otros macrofestivales europeos. Una vez cancelado el ‘evento central’, quizás no les interese tocar en otros… sobre todo, porque si no se hace el Glastonbury es probable que no se puedan hacer los otros. Creo que, cada vez que un evento tan importante anuncia su cancelación, lo que sucede es que todos se ponen a recolocar piezas: a tratar de especular con qué tipo de eventos se pueden hacer, qué tipo de artistas son los que van a poder salir de gira, cuáles son las condiciones aproximadas de celebración de eventos, etc. Pero psicológicamente, cualquier espectador que vea que el gran festival de masas sobre los festivales de masas cancela, solo tiene que atar cabos para, como mínimo, perder la confianza en que ese perfil de evento no vaya a poder llevarse a cabo».

El citado director de un sello «indie» cree que «más que afectar, la cancelación de Glastonbury representa una realidad evidente. Es el movimiento más inteligente que había que hacer, y la mejor decisión: cuanto antes asumas la realidad, antes reaccionas».

El festival Bilbao BBK Live – ABC

«Desde luego que la cancelación de cualquier festival afecta al sector, sobre todo uno de las dimensiones de Glastonbury», señala la dirección de A Summer Story. «Esta noticia ha ido seguida de una gran preocupación y como resultado, emerge de nuevo el miedo tanto del público como de nosotros los promotores. No obstante, cada país se está enfrentando a sus situaciones particulares, en muchos casos extremadamente delicadas, y adoptan diferentes posturas y medidas frente a esta terrible situación. Habrá que ver cuáles son las medidas que adoptan España y el resto de países de nuestro alrededor».

«Glastonbury es enorme, gigantesco», dice Juan Santaner. «Sin un aforo real, o cercano al real, no creo que fuera viable. El músculo financiero que haría falta para celebrarlo con aforo reducido o cancelarlo de nuevo es demencial. Además, ahora mismo, el Reino Unido está peor que nosotros, aunque sabemos que esto puede cambiar en apenas unas semanas e invertirse, y era en junio, una fecha que, como he dicho, de momento parece aún precipitada para este tipo de eventos. Es un mal síntoma, por supuesto, pero nada definitivo. ¿Qué pasará en julio, agosto o septiembre? Desgraciadamente, no tenemos ni idea. Ni de cómo estaremos en cuatro semanas».

Una vez asumido que no se podrán celebrar como otros años, a los festivales les quedan algunas posibilidades. Una de ellas, es la de reducir el aforo de forma drástica. Pero tampoco parece viable. «La política editorial de estos grandes festivales es la masa», apunta Alan Queipo. «Nacieron para hacer una foto con un dron desde las alturas y que se vea la inmensidad de público, los 20.000 escenarios en funcionamiento, la gente consumiendo, las marcas iluminando los escenarios, etc. No sé si tiene mucho sentido que se transformen en un festival pequeño, recogiendo cable y perdiendo identidad, cuando no sería del todo rentable hacerlo. En cualquier caso, esa idea de ‘cribar’ compradores es un poco ‘racista’, creo. Es una especie de apartheid donde nadie va a quedar contento, y a nivel imagen y comunicación no sería beneficioso para ningún festival de este perfil. Entiendo que si el aforo de una sala de 1000 personas de repente le dejan meter 600 es más fácil. Pero si has vendido 40.000 personas y te quedas con 10.000, van a saltar por todos lados, y la imagen del evento quedaría dañada. Veo más factible que, en caso de querer hacer un evento que represente el 20% de su aforo, devuelvan todas las entradas, comuniquen ese nuevo evento y pongan las entradas a la venta desde cero. Pero, como te decía antes, no sé si a estos festivales les interesa transformarse en ese tipo de evento; tras varios años construyendo una imagen contraria a ello».

La dirección de A Summer Story tampoco creen que la solución pase por hacer criba. «Cada festival tendrá que analizar su situación de venta y actuar en consecuencia. Si definitivamente decides ir adelante con ello, siempre que la situación sanitaria así lo permita, creo que debemos hacer el máximo esfuerzo para dar servicio a todos aquellas personas que han depositado su absoluta confianza al guardarse su entrada. Esto no quiere decir que todos tengan que disfrutar de su entrada el mismo día o a la vez. De hecho, parte importante de este reto es dar con la fórmula que permita de alguna manera responder a la confianza depositada por el público».

«Yo he escuchado muchas ideas», dice Juan Santaner. «Recordemos que el experimento que hubo en la Sala Apolo de Barcelona hace pocos meses (ha habido más en Europa, con idénticos resultados) se realizó con un test de antígenos a la entrada. Y no hubo un solo contagio. Funciona. Lo de la división por zonas, siempre con entradas y salidas individuales, y siempre al aire libre, es otra opción perfectamente viable. Esto se ha hecho ya y se puede hacer en conciertos. No se hace en los transportes ni en la mayoría de lugares de trabajo, y es algo que hay que repetir todo el rato para demostrar una de las pocas certezas de esta pesadilla: que la cultura es segura. Hay miles de datos que lo certifican. Pero a los políticos y a nuestro desaparecido ministro les resbala, prefieren no escucharlo».

También se ha mencionado la posibilidad de admitir a festivaleros que demuestren estar vacunados, pero Santaner no cree «que tenga sentido, ni enganche legal». Otra fuente anónima reconoce que «es un tema del que se ha hablado, pero con el que hay bastante escepticismo. Si realmente llega a haber un pasaporte de vacunación se podría hacer con esa parte del público ya vacunada y con el resto realizar pruebas de antígenos, pero la viabilidad de que esto ocurra es muy complicada».

«Podría ser una solución rápida y efectiva para empezar a hacer cosas», dice el director de la discográfica independiente. «Pero la pregunta es si queremos el «todos o nadie», o empezar a ver la luz poco a poco. Yo apostaría por la segunda, aunque me vacunase el último».

Así las cosas, ¿qué esperanzas reales quedan? «La sensación es de que los ‘festivales de autor’ le van a ganar la batalla en 2021 a los macrofestivales», opina Alan Queipo. «Creo que festivales del perfil del Vida, del Sinsal, del Ribeira Sacra… que tienen una genética de festival de autor, más pequeño, sin tanta aglomeración ni tanta obsesión por el consumo, sí se van a poder hacer. Seguramente con limitaciones, pero tiene pinta de que ese modelo es bastante más probable. Creo que los meses clave para saber un poco cuál va a ser el panorama en verano serán marzo y abril. Aún así, creo que todo el mundo está especulando. Está instalada la sensación de que para octubre va a haber algo más de población vacunada, va a estar más organizada la agenda de vacunación de la población más proclive a ir a festivales y, además, ya se tendrán más datos acerca de la reapertura de salas y demás. Es bastante increíble que casi un año después sigamos con incertidumbre, con salas cerradas y con imposibilidad de que haya confianza en la seguridad de los eventos culturales y la música en vivo, donde ha habido cero brotes. Pero así está funcionando en todo el mundo, y esta es la fotografía que las crisis le regalan al gremio».

El festival Ribeira Sacra – ABC

«Es cierto que la mayoría de profesionales también sabe que hay formatos que se pueden plantear, de menor aforo, más «boutique», pero que pueden seguir con el motor en marcha. Lo importante es no pararte, y ya se están empezando a escuchar propuestas muy interesantes», apunta el capo del sello «indie».

Hay otra cosa que no hay que olvidar, tal como apunta José Vela, subdirector de la promotora de conciertos Planet Events (responsable de Las Noches del Botánico), y es que «otoño sigue siendo una buena temporada en nuestro país». Además, como señala la directora de comunicación de esta promotora, Beatriz de la Guardia, «gracias a los estudios y experimentos realizados en Alemania (Restart-19) y en la sala Apolo recientemente, sabemos que siempre que se sigan las medidas de higiene y de seguridad y, muy especialmente, teniendo una correcta tecnología de ventilación en los recintos, el riesgo de contagio es cero. Ojalá los políticos tengan estas evidencias científicas en cuenta».

En este sentido, Juan Santaner lamenta «que no exista ya una normativa clara al respecto, ya sea por parte de las comunidades autónomas o del Gobierno central, estableciendo al menos unas normas generales sobre las que poder trabajar. Una vez que se ha demostrado que no existen brotes y ni siquiera contagios en los conciertos que siguen todas las normas establecidas, cada vez es más incomprensible que no se esté haciendo. Esta incertidumbre es funesta. Y ya dura un año. De todos modos, si las autoridades aún no han sido capaces de ordenar las salas de conciertos, lo de reglamentar los festivales tampoco tiene buena pinta, seamos realistas. Y el daño puede ser definitivo para muchos. El olvido y el abandono a la cultura, espectáculos y conciertos es algo desolador».

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