La pasión canaria de Agatha Christie

Agatha Christie, prácticando el surf – ABC

La pasión canaria de Agatha Christie

Las Palmas de Gran Canaria recuerda con una placa la estancia de la escritora británica en la isla al llegar el 130º aniversario de la escritora

Madrid Actualizado: Guardar

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El 4 de febrero de 1927, arribaban a Tenerife tres turistas inglesas: una de ellas era Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie. Junto a ella viajaban su hija Rosalind, de trece años, y su secretaria, Charlotte Fischer, conocida como Carlo. Se hospedarían en el Puerto de la Cruz, en el hotel Taoro.

Hacía solo unos meses que el marido de la reina del misterio, Archibald, la había abandonado para irse con otra mujer y la escritura buscaba en las Islas Canarias reposo para aliviar su dolor y poder concentrarse en su novela «El misterio del tren azul».

En esta isla apenas estuvo un mes. Echaba de menos sus baños en el mar y le molestaba el viento tinerfeño, como escribió en su «Autobiografía»: «Había, sin embargo, dos cosas que me molestaban: la bruma que descendía de la montaña al mediodía y que convertía lo que había sido una espléndida mañana en un día completamente gris; a veces incluso llovía, y los baños de mar, para los aficionados a nadar, resultaban terribles. Tenías que tumbarte boca arriba en una playa volcánica en pendiente, enterrar los dedos en la arena y esperar a que las olas te cubrieran. Pero tenías que ir con mucho cuidado para que no te cubrieran demasiado, pues se habían ahogado ya muchas personas. Resultaba imposible meterse en el mar y empezar a nadar; solo lo hacían los dos o tres nadadores más fuertes de la isla, e incluso uno de ellos se había ahogado el año anterior. Por eso, al cabo de una semana nos trasladamos a Las Palmas de Gran Canaria».

Postal antigua con la fachada del Hotel Metropole en Las Palmas

Allí llegó el domingo día 27 de febrero. Junto a sus dos acompañantes se alojaron en el hotel Metropole, a medio camino entre el muelle de Santa Catalina y la ciudad, y con las playas de Las Canteras y Las Alcaravaneras flanqueándola. Se trataba de un hotel construido y dirigido por británicos, donde Agatha Christie se sentía como en casa; estaba rodeada de compatriotas, que ya entonces eran numerosos en las islas, con los que se encontraba en el British Club y el Tennis Courts.

Así describe en la citada «Autobiografía» su estancia en Las Palmas. «Tenía dos playas perfectas; la temperatura también lo era: la media era de unos 25 grados, que para mí es la temperatura ideal del verano. La mayor parte del día soplaba una brisa estupenda y las noches eran lo suficientemente cálidas como para sentarse a cenar al aire libre».

El próximo martes, 15 de diciembre, se conmemora el 130º aniversario del nacimiento de Agatha Christie en Torquay, un pueblo costero del sur de Inglaterra. Ese día, y con este motivo, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria colocará una placa con su nombre en una plaza cercana a la zona surfera de la playa de Las Canteras. Se suma a la que ya existe en el lugar donde estuvo el Hotel Metropole.

Y es que la creadora del inspector Hércules Poirot no solo era aficionada a los baños de mar, sino también al surf, y no es imposible (aunque no haya ninguna constancia) que aprovechara las playas de Las Palmas para practicarlo.

La estancia de Agatha Christie en Canarias resultó fructífera, ya que allí empezó a escribir «La señorita de compañía» («The Companion»), relato que formaría parte de su libro «Miss Marple y los trece problemas», publicado en 1933. En él, situó la acción expresamente en el Hotel Metropole y en la playa de Las Nieves. Se suma a otro relato anterior -«El hombre del mar»-, escrito en Santa Cruz de Tenerife e incluido en el libro «El misterioso Mr. Quin».

También logró superar su situación personal gracias especialmente a un médico que, según el escritor tinerfeño Javier Campos, «le ayudó a remontar el pozo en que cayó a partir de que su primer esposo, Archibald Christie, le solicitó a finales de 1926 el divorcio, algo que, en esa sociedad británica de reminiscencias victorianas, relegaba a un limbo social y económico a la mujer, que no tenía derecho a cobrar compensación alguna y se veía como una fracasada».

Ya en su «Autobiografía» señaló la propia Agatha Christie el gran beneficio que le había producido su trato con este médico al que llamaba «doctor Lucas» y cuya identidad revela Campos en su libro «Crimen en el Confital by Agatha Christie».

En marzo, después de dos semanas en las islas, Agatha Christie se embarcó de vuelta a Inglaterra recuperada ya del estado depresivo que, probablemente, motivó su desaparición durante once días (y que recogió en su portada The New York Times) en diciembre de 1926 y su posterior tratamiento psiquiátrico en Harley Street.

 

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