La productora de BTS, la mayor sensación del K-pop, sale a Bolsa

Durante los últimos dos años, las mayores noticias en el mundo del K-pop han sido francamente desagradables. El año pasado, un escándalo centrado en el deslumbrante club nocturno de Seúl Burning Sun involucró a diversas estrellas masculinas del k-pop, así como a algunos ejecutivos del sector, que han sido acusados de abusos sexuales, proxenetismo en favor de socios empresariales, tráfico de drogas y soborno. Unos meses más tarde, ese mismo año, tres cantantes femeninas se suicidaron en el espacio de unas pocas semanas. Ambas habían sido objeto de maltrato misógino durante años.

Sin embargo, no parece que ese lado sórdido del sector afecte a sus mayores estrellas. BTS, el grupo surcoreano con más éxito y la mayor banda de chicos del planeta, ha encontrado el éxito global vendiendo algo que está casi en las antípodas del machismo y la arrogancia que suele exigirse a los ídolos del K-pop. Los siete veinteañeros se presentan como personas sencillas, francos sobre las presiones y los inconvenientes de la fama, comprometidos socialmente y conscientes de sus propios defectos. Cuando hace unos años sus fans se molestaron por una serie de letras sexistas, el miembro que las compuso se disculpó por su ignorancia y prometió “estudiar más” para evitar tales errores en el futuro (tras ello se lo vio leyendo una novela feminista). Y, cuando este año las fans estadounidenses les pidieron que apoyaran las protestas de Black Lives Matter, lo hicieron enseguida.

Tal comportamiento encuentra eco entre su público de Corea del Sur y otros países. “El mensaje que envían es muy diferente al de otras bandas de chicos”, dice Lim Hyun-jee, una joven de 26 años de Seúl. “Hablan de crecimiento, salud mental, acoso y de todo aquello con lo que podemos identificarnos”, dice con entusiasmo. “Y se llevan muy bien, resultan muy atractivos”.

Hong Seok-kyeong, de la Universidad Nacional de Seúl, cree que el éxito de BTS proviene en parte de la esperanza que ofrecen a una generación de fans agotadas por la presión de competir y amoldarse en su educación y sus carreras. “Tanto en las canciones como en las interacciones con las fans muestran que pueden identificarse con esas presiones”, dice. “Toda su historia proclama que está bien ser diferente y que puedes seguir teniendo éxito incluso si no encajas del todo.” Piensa que a las mujeres jóvenes, en particular, les gusta su modelo de masculinidad más suave y emocionalmente vulnerable en tanto que alternativa al machismo surcoreano. Ser atractivos ayuda, por supuesto. “La forma en que se muestran atractivos tiene que ver con la idea de proporcionar placer visual a un público femenino.”

Algunas feministas coreanas conjeturan que esa imagen amigable que proyectan hacia las mujeres es demasiado buena para ser cierta dadas las normas sexistas del sector en el que trabajan. Otras la toman al pie de la letra. Como mínimo, el éxito de BTS ha demostrado que la amabilidad es una cualidad comercializable, algo que puede animar a otros grupos a intentar hacer lo mismo. Los números hablan por sí solos. Tras estar hace una década al borde de la bancarrota, Bang Si-hyuk, fundador de la productora de BTS, Big Hit Entertainment, es ahora un hombre muy rico. Da la impresión de que el plan de la compañía de salir a Bolsa el 15 de octubre los hará a él y a BTS aun más ricos. Masivamente sobresuscrita tanto por inversores institucionales como por fans incondicionales, se espera que el valor de Big Hit alcance los 4.000 millones de dólares.

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De The Economist, traducido para La Vanguardia, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, puede consultarse en www.economist.com.

Traducción: Juan Gabriel López Guix

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