La Restauración, un esperpento…¿o no tanto?

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Durante 23 horas y media, Máximo Estrella, poeta ciego de supuesto genio y ruina incurable, y su pícaro y turbio lazarillo, Don Latino de Hispalis, protagonizan por el Madrid antiguo una ruta beoda, cheli-castiza, lunática, pero con fogonazos de clarividencia descarnada. «España es una deformación grotesca de la civilización europea», proclama Max cuando raya el alba tras una noche de farra, escarnio y dolor. Lo afirma tras haber descrito un nuevo género literario, el único que permite taladrar una realidad insoportable: «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una realidad sistemáticamente deformada».

Max Estrella, trasunto literario del poeta bohemio Alejandro Sawa mezclado con gotas del propio Valle, visita tugurios del bebercio pobre, hace escala en trena y recibe una limosna del «fondo de reptiles», de manos de un ministro de la Gobernación de ínfulas literarias. Después se bebe ese aguinaldo con Rubén Darío en un café, dialoga con dos prostitutas en la madrugada de un parque frío y muere aterido al alba ante el portal de su guardillón, donde lo aguardan sin esperanza su mujer francesa y su hija. Pero el protagonista del libro no es el poeta ciego y sin blanca, sino el guiñol coral de una España rota, atrasada, sin nervio moral y económico para remontar. Luces de bohemia no discurre en un año concreto. Mezcla hitos de varios momentos del arranque del siglo XX para componer un fresco demoledor del universo de la Restauración, que se abrió con un pronunciamiento militar, el de Arsenio Martínez Campos en diciembre de 1874, y se cerrará con otro golpe, el de Primo de Rivera en septiembre de 1923.

Radiografía

En julio de 1920, cuando Valle- Inclán comienza a publicar Luces de Bohemia tiene 53 años y ya no es aquel joven literato de escritura estetizante y corazón tradicionalista. Valle está harto de las injusticias de un país que ve fallido, coquetea con ideas revolucionarias y rechaza el autoritarismo. Con el vía crucis noctámbulo de Max Estrella, a veces de una comicidad que escuece, denuncia un país que no funciona a través de la jerga de sus parias. «En España trabajo y la inteligencia se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero». Una radiografía implacable. ¿Pero hace justicia al sistema de la Restauración o es hiperbólica?

Valle mezcla varios hitos del arranque del siglo XX y compone un fresco demoledor

En 1920, cuando Valle lanza a Max Estrella a apurar la noche hasta la muerte, España es un país de 21 millones de habitantes. La mitad de la población es analfabeta (20 puntos más en las mujeres que en los hombres). El Estado no ha logrado tender a una educación universal, ni nada que se le parezca. La renta es la mitad que en las naciones más prósperas del norte. El sistema fiscal, anémico. La mitad de los distritos electorales son rurales, caldo de cultivo perfecto para la manipulación caciquil del voto. Además, en 1920 se ha acabado la ventaja económica de España por su neutralidad en la I Guerra Mundial. Los precios se disparan, acogotando a las clases populares, el grueso de la nación.

Severa crisis

El país no ha sabido aprovechar la ocasión de la contienda para modernizar su industria. Al retornar la competencia foránea se ve sumido en una severa crisis. Para superarla retornan las peores recetas: el proteccionismo y más aranceles, al dictado, como es norma, del empresariado catalán monopolístico. Cuando en 1924 Valle-Inclán amplía Luces de Bohemia en forma de libro, la situación ha empeorado. El año 1921 arranca con la aprobación de una infame Ley de Fugas. Con el propósito de salvaguardar el orden público, se legaliza matar a los detenidos: basta con fingir que el preso ha intentado huir.

Con Cánovas hay un intento de conciliar las tradiciones moderadas y progresistas

La violencia sindical rebrota y también el pistolerismo (los atentados de los sicarios de las patronales). En las calles hacen ronda patrullas paramilitares de la Acción Ciudadana. En el verano de 1921 llegó el mazazo del desastre de Annual: 11.500 soldados españoles caídos en la guerra del Rif. La crisis, la violencia, la desmoralización general y un Rey amigo de intervenir en política desembocarán en el golpe de Primo del 23. Y, sin embargo, ¿fue realmente un esperpento la Restauración (1874-1923)? Visiones más piadosas, o miradas más anchas, discreparían de la amarga autopsia que bosqueja Valle de un Madrid acanallado.

El malagueño Antonio Cánovas del Castillo, baleado en el balneario de Mondragón en 1897, a los 69 años, por un anarquista italiano, fue sin duda uno de los estadistas mayores de la Historia de España, de los pocos que intentó idear un modelo sostenible en el tiempo para una mínima concordia. «Cincuenta años sin pronunciamientos pueden hacer de nosotros un pueblo razonable» solía salmodiar. En cierto modo lo logró. La Restauración supuso un alivio comparada con los excesos del Sexenio Democrático previo, y también respecto a lo que vendría después: la autocracia de Primo, una República fallida, la brutal Guerra Civil y la larguísima dictadura de Franco.

Convivencia pacífica

La Transición, hoy cuestionada con tics populistas de retorno al esperpento, supone un milagro repasando la convulsa Historia de España. Con Cánovas, con todos sus errores, se acaba la sangría absurda de las guerras carlistas y hay un intento por conciliar las tradiciones de los moderados y progresistas. Seguidor de Burke, su objetivo era la convivencia pacífica, una cierta normalidad.

Las alas de la alentadora Constitución de 1876 fueron cortadas solo dos años después, con una Ley Electoral que impuso el sufragio restringido. El modelo del turnismo entre el partido Conservador y el Liberal se basó en la manipulación sistemática de las elecciones, mediante el «encasillado» (reparto previo de escaños entre los dos partidos) o el abierto «pucherazo» (la manipulación directa de resultados). Como mediador, el cacique, conseguidor electoral a las órdenes de los gobernadores civiles. Cánovas restringió las libertades, fomentó un giro centralista y unas políticas económicas proteccionistas. ¿Pero es todo su legado un esperpento? ¿O simplemente no había por entonces país capaz de sostener una obra mejor?

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https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-restauracion-esperpentoo-no-tanto-202010270115_noticia.html

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