La última película de Rafael Berrio delante de Rafael Berrio

La Cineteca de Madrid proyecta durante este fin de semana ‘Escuchando Niño futuro’, una soberbia genialidad que el músico dejó poco antes de morir en…

«Esto es, de otro modo,/ el revés del tapiz», escribe y canta Rafael Berrio en el poema que da título a su penúltimo disco, ‘Niño futuro’. Y de alguna manera en esos dos versos que preceden al cataclismo de seres míticos y mitológicos, santos y demoníacos, vírgenes e impuros que pueblan entera una canción eterna se adivina la voluntad de mantenerse a la contra, al otro lado. Justo es por tanto que la que cuenta como la segunda aventura cinematográfica del músico, poeta y náufrago de San Sebastián con ascendentes gitanos fuera y es básicamente un perfecto dibujo a ciegas del otro lado, de lo siempre oculto, de lo que el ruido calle.

‘Escuchando Niño futuro’, de Andrés Daniel Sainz, y que se proyecta este fin de semana en la Cineteca de Madrid, es exactamente lo que dice su título: un cortometraje de apenas 45 minutos en el que Rafael Berrio escucha su propio disco ‘Niño futuro’. Canción a canción, sin pausas, con la cámara detenida en el estudio de música frente a Berrio. No hay más. Y es ahí en su simplicidad solemne, en su lentitud majestuosa donde la película se hace fuerte hasta acercarse a algo parecido al milagro. Siempre en el límite de la delicada impostura que anuncian las revoluciones de futuro, cada segundo de la cinta se antoja una perfecta refutación de casi todo y de cada uno de los monstruos que pueblan, precisamente, ‘Niño futuro’, la canción.

Si se quiere, la película tiene algo del experimento trágico del John Cage. Fue él el que en su pieza más conocida y parodiada incluso impuso a la audiencia cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio. 4’33», así se titula, puede ser interpretada en cualquier instrumento y, dado el caso, por cualquiera. El músico se sienta y sobre la partitura lee: Tacet. Nada más. Tras un instante de obligado desconcierto, el espectador es obligado a detenerse en la rugosidad incómoda de su propio mutismo. Y así hasta dibujar con una precisión trágica y cómica a la vez el significado profundo de todo lo que falta, de cada una de las ausencias que tal vez nos definen.

Del mismo modo, ‘Escuchando Niño futuro’ obliga a un silencio activo en el que se escucha solamente con una concentración tan ciega como la fe ciega. Berrio, el autor, escucha con nosotros. Y en esa duplicidad se descubre un rito que es a la vez antiguo como perfectamente nuevo: la complicidad de la soledad en compañía.

Hay más referentes. ‘Acció Santos’, de Pere Portabella, colocaba a Carles Santos en el trance de interpretar el preludio Op. 45 en Do sostenido menor de Chopin. Primero el pianista toca la pieza. En la segunda parte, el pianista se sienta delante del magnetófono, pulsa play y, en un momento dado, conecta los auriculares. El espectador es invitado a ‘escuchar’ un metraje mudo a través de los oídos del propio Santos. Son casi cinco minutos de observación, de nuevo, cómplice.

La pieza de Sainz, que ya trabajó con Berrio en el cortometraje ‘El tercer hombre’, se encontraría a la distancia justa entre la propuesta de Cage y la de Portabella-Santos. En los tres casos, lo que importa es la observación de un gesto detenido. Siempre con la idea de investigar la reacción del espectador. El que mira escucha y se escucha. Sin embargo, la que ofrece Berrio se antoja ligeramente más sutil, delicado y hasta preciso. No hay broma ni trampantojo ni parodia. Sólo existe la certeza de un tiempo que, de repente, se descubre invisible, eterno y, lo más relevante, compartido.

Dice Jonás Trueba, a la sazón amigo de Berrio con el que trabajó en ‘La reconquista’ y productor de esta genialidad milagrosa, que «con su gracia solemne y su encanto fuera de este tiempo nuestro, Berrio se erige en maestro de la ceremonia y director de su propia orquesta invisible». Y le creemos.

Berrio grabó ‘Escuchando Niño futuro’ en 2019. El 31 de marzo de 2020 murió por culpa del cáncer. La película, como su música, queda como un homenaje perenne y silencioso. Como eso y como una invitación a no cejar, a mirar siempre detrás del tapiz.


Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más

La entrevista finalIsabel Coixet: "Estoy con los dos brazos para que me pongan todas las vacunas: la china, la de Dolly Parton, la de los que hacen Viagra…"
CineEl cine independiente resiste a la pandemia, protagoniza el 93% de los estrenos y acapara los Goya
LiteraturaJonás Trueba: "Con tanta distracción, el acto de leer es ahora mismo más revolucionario que nunca"

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *