'La voz humana' y 'Sentimental', las incidencias del amor en el desierto del cine español

<h2 class="ue-c-article__subheadline">EN SITUACIÓN DE CRISIS TOTAL</h2> A muy poco de acabar el año, la situación del cine en España y la situación del cine español…

EN SITUACIÓN DE CRISIS TOTAL

A muy poco de acabar el año, la situación del cine en España y la situación del cine español es de crisis total. Con lo primero -«en España»-, quiero referirme principalmente al descalabro en el sector de la distribución y de la exhibición derivado del cierre -provisional o definitivo- de salas de cine en varias regiones españolas -ahora mismo, en Cataluña, por ejemplo- y a la reducción drástica de aforos en las salas que permanecen abiertas. Con lo segundo -«español»-, aludo al descalabro sufrido por las películas, los productores y los directores españoles en su salida a las pantallas -o por el aplazamiento de su comparecencia-, por no hablar de la crisis laboral y financiera del sector -rodajes postergados…-, a lo que cabe añadir, en función de lo visto en el primer trimestre y, luego, con cuentagotas, la apariencia de una previsible pobre oleada de calidad -resultado de los rodajes del año anterior- entre las películas españolas estrenables. Pero ésta es otra historia. La nueva dilación del estreno de Nieva en Benidorm, de Isabel Coixet, previsto para este pasado viernes, reduce al mínimo las bazas de atraer al público a los cines con el nombre de directores españoles sobradamente acreditados. Esos directores, y sus correspondientes películas, son Pedro Almodóvar y La voz humana y Cesc Gay y Sentimental. La retracción drástica por la pandemia del número de espectadores que acuden a los cines les ha deparado muy malos resultados. A fecha de 8 de noviembre, según datos de la empresa Comscore, recogidos en la web oficial del Ministerio de Cultura, La voz humana, a las dos semanas de su estreno, ha tenido 27.036 espectadores, y Sentimental, a las tres semanas, 43.152 espectadores. Las cifras son calamitosas y muy injustas para las dos películas.

UNA OPERACIÓN MUY ARRIESGADA

Son casos muy diferentes. Almodóvar ha querido y logrado, por supuesto, estrenar en las salas un cortometraje de unos 30 minutos de duración, que podríamos etiquetar, sin desdoro ninguno -todo lo contrario- y para entendernos, como de arte y ensayo. A 8 de noviembre, La voz humana permanecía en 77 pantallas del país, después de haberse estrenado, creo recordar, en más de 170. Almodóvar ha deseado abordar una operación muy arriesgada, como es la de estrenar en los cines, sin ningún complemento, una película de sólo media hora de duración. Puede que lo haya, pero no recuerdo ningún precedente similar. La voz humana, sólo sea por su intensidad dramática, no es una película para ser vista en inmediata continuidad antes o, mucho menos, después de otra, circunstancia que perjudicaría la recepción de ambas. No sé, y es mera especulación, si Almodóvar podría haber intentado -y conseguido- estrenar La voz humana como primera parte de un programa doble completado con la reposición de La ley del deseo o de Mujeres al borde de un ataque de nervios, películas en las que ya estaba presente el monólogo de Jean Cocteau. Es hablar por hablar. De todas maneras, y sin duda ninguna, la suerte y el destino -ni siquiera económicos, supongo- de La voz humana se juegan para nada en esta salida a las salas de cine españolas, que es, creo yo, una maniobra de fogueo. Su carrera, a todos los plazos posibles, va a estar en festivales, plataformas, televisiones, museos y otros centros culturales del mundo entero. La película recuperará su inversión y reforzará -como ya lo ha hecho desde su paso por Venecia- el prestigio del director.

EL MONÓLOGO DE JEAN COCTEAU

El monólogo teatral en un acto de Jean Cocteau fue estrenado en la Comedie Française en 1930 y, aunque la representación fue accidentada, hizo fortuna de inmediato. Cocteau lo escribió para su amiga Édith Piaf, pero la cantante y actriz no se atrevió a interpretar, sola en el escenario, a una mujer muy enamorada y desesperada que aguarda ansiosa la llamada telefónica de su amante y habla, por fin, con él, después de haber intentado -de aquella manera- suicidarse, confirmando la desgarradora ruptura definitiva entre ambos. La pieza requiere, desde luego, de grandes actrices, y las ha tenido en infinidad de teatros de todo el mundo (España incluida) y también en el cine: Anna Magnani, bajo la dirección de, nada menos, Roberto Rossellini (1948) e Ingrid Bergman, dirigida por Ted Kotcheff (1966), en una película para televisión. El tirón del texto es tal que, pese a la dificultad de su adaptación a otros medios, Francis Poulenc compuso y estrenó una ópera de un solo acto que, sin apenas acompañamiento musical, ha sido cantada por sopranos de la talla de Julia Migenes y Jessye Norman. Algo debe de tener la situación y el texto abordados por Cocteau -entre otras cosas, es la expresión de una encrucijada muy común-, que también ha sido interpretado por actores, tanto para escenificar el fin de una relación heterosexual como homosexual. La voz humana, pues, se ofrece como una joya o, mejor, como un diamante en bruto que puede ser pulido según los diferentes gustos y miradas de directores e intérpretes.

CAMBIOS RESPECTO AL ORIGINAL TEATRAL

El texto original de La voz humana -editado en castellano y también disponible en internet- ocupa muy pocas páginas y ha sido prácticamente reescrito en su totalidad por Pedro Almodóvar. La literalidad de las palabras dichas por Tilda Swinton conserva muy poco de las escritas por Cocteau. Es la situación básica la que cuenta: una mujer, un teléfono, una llamada, un final del amor, un tremendo desgarro, unos enseres personales a recoger por el amante…Almodóvar, en su primera película rodada en inglés, ha añadido un, a mi juicio, innecesario prólogo en el que la mujer -no tiene nombre- compra un hacha; ha introducido un perro (real) que se mueve por la casa de la mujer e interactúa con ella y al que sólo se aludía en el texto de Cocteau y, entre otros detalles, ha suprimido las reiteradas interrupciones y cruces de línea con otros comunicantes que se dan en la pieza original. Pero los cambios principales son dos: uno, que condiciona y facilita su puesta en escena cinematográfica, es que la mujer no tiene que permanecer pegada a un aparato de teléfono, pues, con la actual tecnología, usa auriculares inalámbricos y se puede mover o efectuar otras pequeñas acciones mientras habla; y dos, fundamental y decisivo, que, aunque la mujer sigue estando muy enamorada de su amante y muy destrozada por la ruptura, Almodóvar ha menguado abundantemente su dependencia y sumisión totales respecto a él y la desorbitada expresión de su amor hacia él, introduciendo varios apuntes llámeseles de rebeldía, enfado, hostilidad e, incluso, intención de independencia final, lo que se escenifica con su decidida salida de su encierro doméstico. Esta digamos que adecuación a los tiempos que corren incluye una fugaz alusión al comportamiento violento del amante en alguna ocasión.

LA GRAN INTERPRETACIÓN DE TILDA SWINTON

Ya se ha escrito mucho y bien de La voz humana de Almodóvar -léase en EL MUNDO a Luis Martínez-, pero me apetece completar algunas observaciones. Las calidades de la película son máximas en todos los apartados técnico-artísticos -decorado, atrezo, fotografía, música, vestuario…-, todo muy en la línea del refuerzo y el logro estético y cultural habitual en el cine de Almodóvar, pero, a la postre, la fuerza de la película reside, con el concurso del texto, en la intensísima interpretación de Tilda Swinton, permitida y potenciada por el modo limpio y claro con el que la cámara de Almodóvar la filma, recoge su rostro y su cuerpo, permanece quieta o la sigue en sus movimientos y transiciones. También merece ser destacada la deliberada manera en la que Almodóvar, queriendo conservar el realismo y su fuerza, juega, al mismo tiempo, arriesgada y brillantemente en su contra: muestra abiertamente que la película está rodada en un estudio, en una nave, y muestra que la casa es un decorado ahí construido con sus falsas paredes móviles, subrayando con ello que enfrenta una «realidad real» sin esconder el carácter metacinematográfico, de representación y plenamente ficcional de su propuesta. En esto, Almodóvar ha conectado, por poner algún ejemplo, con las estrategias narrativas y la poética visual de un Carlos Saura, que muestra los estudios en los que filma muchos de sus musicales, o, en alguna medida, del Lars von Trier de Dogville.

LA DIVERTIDÍSIMA COMEDIA DE CESC GAY

No dejen de ver Sentimental, del director catalán Cesc Gay, que ha adaptado al cine su propia obra teatral, Los vecinos de arriba, que tanto éxito le dio en 2015. Sé que es un tópico mencionar la necesidad de reírnos que todos tenemos ahora (y siempre), pero es bien cierta, y ver Sentimental es una ocasión para la risa que la pintan calva, pues es una de las más divertidas comedias españolas de los últimos años y, encima, de calidad. El argumento es bien sencillo: a instancias de la mujer, un matrimonio de carácter teóricamente progreliberal y de posición económica desahogada recibe una noche en su domicilio, para picar algo, a sus vecinos de arriba, una pareja que el marido detesta por meter un ruido estrepitoso siempre que hace el amor. O sea, todos los días. ¿Envidia o justa irritación? Desde el principio sabremos que algo anda mal en la pareja anfitriona (poca comunicación, rutina, descuido de los detalles, caída de la pasión…lo corriente), pero nos queda por ver, y riendo a mandíbula batiente, cómo los muy educados, por otra parte, vecinos de arriba desencadenan la crisis definitiva de esa pareja con su comportamiento y con sus audaces propuestas durante la velada. ¿Y también la solución a la crisis? Habrá que verlo. No hace falta extenderse. Todo en Sentimental es una ecuación o una suma perfectas y en estado de gracia: la situación, los diálogos, lo que va sucediendo (y sus giros), la forma sencilla y eficacísima con la que Cesc Gay narra la historia y, por supuesto, la formidable prestación cómica de los cuatro comediantes: Javier Cámara y la argentina Griselda Siciliani (los anfitriones) y el bombero Alberto San Juan y la psicóloga Belén Cuesta (los vecinos). Gay ha tenido el extraordinario acierto de no tratar de disimular el origen teatral de la película, que incluso huele un poco a perfecto decorado, pero ha dado a la puesta en escena -planificación y montaje- todo el dinamismo que requiere para que no languidezca un solo segundo. ¿Podría haber tenido el personaje de Cámara en el guión una mejor defensa de sus puntos de vista? Probablemente, sí, pero es un reparo menor y, al fin y al cabo, es un cenizo que no sabe o no quiere saber lo que su mujer (y cualquier otra) desea. Les recomiendo, pues, que disfruten de Sentimental y rían con sus diálogos y con sus cuatro magníficos actores, igual incluso aprovechan para pensar un poco sobre el estado de sus relaciones amorosas. Fabricarse, si les fuera posible -yo lo hice en los cines Verdi de Madrid-, un programa doble, con pausa de una media hora, con La voz humana y Sentimental -¡el amor y sus incidencias!- sería una opción más que gratificante.


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