Las hijas de Bertín Osborne, tres mujeres independientes a la vera de su padre

Desde la izquierda Alejandra, Claudia y Eugenia Ortiz Domecq durante el Festival Starlite de Marbella, en agosto de 2016.

Bertín Osborne está de bajón y es difícil que eso ocurra en este hombre que consigue hacer reír incluso a los que van a encontrarse con él armados con una batería de prejuicios. Estos meses están siendo raros para todos y él no se ha librado del zarpazo. Lleva 20 días sin ver a su familia y le pesan en la voz y en el ánimo. Kike, el mayor de los hijos que ha tenido junto a la venezolana Fabiola Martínez, contrajo la covid y, aunque ya ha superado la enfermedad, Osborne extrema las precauciones para evitar un contagio porque cada dos o tres días tiene grabación de sus programas. Con sus hijos y su esposa viviendo en Madrid y él en Sevilla, estos días de pandemia se le están haciendo cuesta arriba. Por suerte enseguida cuenta que su hijo —que nació con una lesión cerebral a consecuencia de una listeria sufrida durante el embarazo— la ha pasado sin síntomas y cree que en parte se debe a que su alimentación influye mucho en su estado físico. “Kike desde que nació no come nada más que productos ecológicos, no toma azúcar, no come trigo ni muchas otras cosas, y no se pone enfermo nunca”.

Bertín Osborne, que se siente sobre todo cantante pero ha mutado a entrevistador de éxito y showman, estrenó hace pocas semanas nuevo programa en Canal Sur, El show de Bertín, un espacio hecho a su medida donde un personaje se desnuda metafóricamente ante las cámaras al ritmo de sus preguntas de amigo y las sorpresas que le preparan los colaboradores, entre ellos Vicky Martín Berrocal, El Sevilla, el deportista Cisco García, la rejoneadora Lea Vicens y el chef Ale Alcántara, todos amigos del madrileño, de los de toda la vida o de nuevo cuño. Porque a Bertín Osborne le podrán llover las críticas pero no serán por falta de gracejo o porque no sea capaz de tomarse una copa de vino con casi todo el mundo. Así lo ha demostrado también en el programa que desde hace cinco años le ha puesto en el candelero televisivo: Mi casa es la tuya.

Su estilo es propio y se agarra a él como si le fuera en ello la vida: “No me preparo las entrevistas, a lo sumo el equipo me pasa una pequeña biografía del entrevistado si no lo conozco mucho. Yo voy charlando y tirando del hilo y, de repente, te encuentras con cosas insólitas. El papel de hacer preguntas incómodas se lo dejo a otros. Para empezar, no soy nada cotilla y, además, no sé quién es nadie del 90% de los que salen hoy en día en televisión, me interesan quienes han hecho algo importante en la vida». Como ejemplo de que persigue que sus invitados se sientan como en casa, cuenta que cuando fue a su programa Pedro Sánchez estuvieron cuatro horas charlando y fue “fantástico”. “Incluso estuvimos mensajeándonos una temporada”, dice.

En cualquier caso insiste en que esto de la televisión tiene mucha fuerza pero lo que más le gusta es subirse a un escenario y cantar: “Yo hago 40 conciertos al año y cuando oigo a los músicos me vengo arriba como una persiana. Lo sentía en 1981 y me sigue pasando en 2020 y eso no me pasa en televisión. En televisión voy a divertirme y voy a un curro». Aceptó el nuevo reto en Canal Sur porque era “una oportunidad para estar todas las semanas en Sevilla», que es el sitio donde prefiere estar “sobre cualquier otro». «Gano una sexta parte de lo que gano en Telecinco pero estoy encantado porque me divierte formar el lío y me sorprendo a mí mismo en muchos programas”, cuenta sobre su nuevo trabajo.

Pero Bertín está sensible y le cambia el tono de voz durante la entrevista telefónica cuando vuelve a surgir el tema familiar. “La familia es lo más importante para todos, algunos lo saben y otros a lo mejor se enteran en algún momento de su vida. Cuando uno es joven las prioridades son otras, pero cuando te conviertes en una persona medianamente razonable te das cuenta y las recolocas”, afirma. Sus hijos valoran precisamente la unión que ha conseguido crear entre ellos: Alejandra, Eugenia y Claudia, fruto de su primer matrimonio con Sandra Domecq; y Kike y Carlos, los dos hijos que ha tenido junto a su segunda esposa; a los que se une Ana Cristina, la hija que Sandra tuvo junto a Fernando Portillo. “Soy muy de abrazos, de dar cariño a la gente que quiero y supongo que eso en los momentos de pérdidas que hemos tenido en la familia, que han sido varios, ha servido y se han dado cuenta de que siempre estoy ahí y que en momentos de desastres tienen dónde mirar”.

“Mis hijas se han cuidado entre ellas muchísimo», explica, «y eso es algo que yo nunca he querido romper sino que he fomentado. Son una auténtica piña las cuatro, porque Ana Cristina es una más de la pandilla. Cuando murió su madre se apoyaron pero nunca quise ser protagonista de un tema que asumieron que querían vivir juntas. Yo estaba de apoyo como lo hice siempre con su madre en vida, porque a pesar de que no estuviéramos casados la adoraba y la ayudaba en todo. Yo siempre me acuerdo de los ratos buenísimos, y el lado bueno de mi matrimonio fue maravilloso”, recuerda el cantante sobre Sandra Domecq, quien falleció en 2004 por un cáncer. No se niega a hablar de sus hijos, por los que se le nota la pasión que siente: “Cada uno es un mundo y estar sentado con ellos es una auténtica terapia. Alejandra es una loca maravillosa; Eugenia es un sargento de la legión; Claudia es una mente extraordinaria, brillante, charlar con ella es muy interesante; Kike es un angelito de Dios que vive en la tierra que nos hace felices a todos y nos ha descubierto lo que de verdad es importante; y Carlitos es muy niño pero es artista, relaciones públicas, tiene una cultura brillante y espíritu de ayudar, es un tipazo de una categoría acojonante”, relata orgulloso.

Bertín Osborne a veces habla de más para unos y de menos para otros –él afirma que va a seguir diciendo lo que le dé la gana cuando le dé la gana– pero poca gente podría asegurar después de una conversación con él que no aceptaría una invitación para seguir charlando en torno a una copa de vino del bien y del mal, de políticas de izquierdas y derechas, de feminismo y machismo y sobre todo de la vida que se quiere seguir comiendo a borbotones.

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