Las 'Lágrimas' de Man Ray, de publicidad de maquillaje a icono surrealista

The Paul Getty Museum, que posee una copia de época de ‘<em>Lágrimas</em>’, explica en su web que Man Ray la consideraba "una de sus fotografías…

The Paul Getty Museum, que posee una copia de época de ‘Lágrimas’, explica en su web que Man Ray la consideraba «una de sus fotografías más logradas», la compara con «la emotiva expresión de una estrella del cine mudo» y aventura que «puede tener relación con la ruptura del artista con su amante Lee Miller». YellowKorner, donde por 99 euros usted puede comprar una copia, cuenta que «Man Ray fotografiaba sus fantasías» y que utilizó «la técnica del close up». La realidad es que Man Ray hizo sus

lágrimas
‘ por encargo y para ilustrar una publicidad del maquillaje Cosmécil cuyo producto se fabricaba «en once tonos,
no se corría ni picaba a los ojos»
. La imagen de quien ya era en 1932 un nombre propio del surrealismo y de la fotografía de moda iba acompañada de este
slogan
:»Llore en el cine, llore en el teatro,
ría hasta que se le salten las lágrimas,
sin temor por sus ojos». Los ojos era de
una bailarina de can-can
llamada Lydia, las lágrimas eran de vidrio pegadas a la piel para que no se cayeran porque la modelo no estaba tumbada como puede deducirse de la imagen. Man Ray, un pseudónimo, llegó a la fotografía para ganarse la vida tras fracasar como pintor, su vocación, y no le pagaron por su primer reportaje de moda.Eso sí, había roto con
Lee Miller, actriz y modelo
del
Vogue
americano, musa y amante del artista en París. Todo esto se aprende en ‘
Man Ray y la moda’
, muestra que acaba de abrir sus puertas en el
Museo de Luxemburgo de París
y que puede verse hasta el 17 de enero próximo.
Emmanuel Radnitsky
había nacido en Filadelfia (EEUU) en 1890. Su padre tenía un taller de confección y su madre hacía la ropa de la familia. Cuando la familia a Brooklyn en 1911 su padre adopta el nombre de Ray que su hijjo acompañará con el diminutivo de su nombre de pila. En Nueva York,
Man Ray estudia dibujo
y descubre las vanguardias europeas de la mano de
Marcel Duchamp
que le introduce en el grupito de los dadaístas. Será Duchamp quien le deje una habitación en su casa cuando llegue a París en 1921 tras el fracaso de su tercera exposición en la galería Daniel de Nueva York. Sigue formando parte del movimiento Dada en París aunque «abandona toda esperanza de llegar a ser alguien en la pintura». Buscando de qué vivir,
André Breton y Francis Picabia
le sugieren que reproduzca sus obras. Sin embargo, Man Ray empieza a hacerse una reputación como retratista. Sus amigos surrealistas, damas del París de los locos 20 como
la condesa de Beauchamp o Peggy Guggenheim
, posan para él. También su amante
Kiki de Montparnasse.
Estamos en 1922, año clave.
Gabrielle Buffet,
la esposa de Picabia, le presenta a Paul Poiret,
couturier
y coleccionista, a quien quiere retratar. «Con un aparato de segunda mano, algunas placas vírgenes y bastante audacia intenta seducir a su prestigioso interlocutor por su originalidad» narra Alain Sayag, uno de los comisarios de la muestra.Poiret le sugiere que pruebe en la fotografía de moda, le presta algunos modelos y le pide
«fotos originales, cosas diferentes de las habituales»
. Pero Man Ray «no está aún a la altura del desafío, ni técnica ni intelectualmente y sus primeros clichés son espantosamente planos» sentencia Sayag. Y, claro, el
couturier
no le paga. Y el artista queda muy decepcionado. Pero en aquel mismo verano del 22, Man Ray publica en
Vanity Fair
sus retratos de
Picasso, Gertrud Stein, la marquesa Casati, Matisse…
Tardará dos años en publicar una foto de moda, una ropa para niños en
Vogue
. La llave de Man Ray fueron las imágenes
people
, las fotos de famosos que animaban las revistas de moda que estaban en plena mutación de ilustrar sus páginas con figurines a fotografiar modelos. Del fracaso con una lámpara prestada en aquel primer encargo no retribuido al contrato en 1934 con
Harper’s Bazaar
, Man Ray se convertirá gracias a sus trucos (solarización, inversión negativa, sobreimpresión, retoques en tinta…) en
uno de los grandes de la foto de moda.
En paralelo, cuida su carrera artística. En ella incluirá «poco más de centenar de clichés entre los miles que tiró» nos cuenta Alain Sayag que nos ilustra la visita junto a la también comisario Catherine Örmen. Estamos ante una copia de ‘
Lágrimas
‘ de 1933, que guarda la Biblioteca Nacional de Francia. «Existen cinco negativos de ‘Lágrimas’ de los que el artista hizo tres copias, una con un solo ojo. Manipula la imagen que pese a su origen banal se convertirá en esencial en el corpus de su obra creativa», dice Sayag. A la vez se esfuerza por borrar el origen de la imagen. Al poco del encargo, la publica en
Photographie
, revista dedicada a la vertiente artística de la foto. La versión de un solo ojo figura ya en 1934 en el volumen consagrado a su obra que ‘
Cahiers d’art’
le dedica por iniciativa de James Thrall Soby. «Cortando la imagen, el cuerpo es privado de su naturaleza carnal, desaparece, sólo permanece el alma y la belleza intemporal», resume Sayag. Y así es como los ojos de Lydia, bailarina de can-can, fotografiados para una publicidad de los maquillajes de Arlette Bernard se convirtieron en un icono del surrealismo.
«Algunas de mis fotos más logradas no eran sino ampliaciones de detalles de un rostro o de un cuerpo»
, admitirá Man Ray. Después de borrar las pistas, eso sí.

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