Las movilizaciones del sector de la música tiñen España de rojo como grito de alerta

Edificios emblemáticos de 25 ciudades españolas se han teñido de rojo para pedir a las instituciones un rescate del sector de los espectáculos y los…

El 17 de septiembre de 2020 será recordado como el día que España se tiñó de rojo. Un rojo de auxilio. Es el color con el que se han cubierto de forma simultánea algunos edificios emblemáticos de 25 ciudades bajo el lema «Alerta Roja» para pedir a las instituciones un rescate del sector de los espectáculos y los eventos, en parálisis casi total por la pandemia desde hace siete meses. En Madrid, poco antes de las 20 horas, la imagen no podía ser más poderosa: 550 personas (el máximo permitido para respetar las distancias de seguridad) reunidas en el Palacio de Oriente para lanzar un grito de unidad: «S.O.S.».

El símbolo de la marcha son unas 400 flight cages, esas cajas enormes negras y resistentes con ruedas que sirven para mover micrófonos, cables y altavoces. Cada una es arrastrada por un voluntario.

No parece una protesta, más bien una exhibición militar por la disciplina de los participantes, que se mueven todos a una (pese a la lluvia); acostumbrados a organizar eventos sin un solo fallo, lo de hoy es sólo un día más. El plan es avanzar como un cuerpo único hasta la Puerta del Sol, el centro neurálgico de la capital. Es una metáfora del compromiso de un sector que, reconocen los propios participantes, suele «ir a su bola», pero al que esta crisis sin precedentes ha obligado a organizarse. Hoy parecen las tropas espartanas de Leónidas avanzando compactas hacia la batalla de las Termópilas.

«Nunca había visto algo igual, jamás habíamos logrado tener una voz unida y fuerte hasta ahora», reconoce Mónica Merino, con 25 años de experiencia como tour manager, una de esas profesiones invisibles que hace posible que un concierto se celebre y quien desde antes incluso del estado de alarma en marzo no ha podido trabajar. Personas como ella son hoy los protagonistas; también son los más golpeados por la pandemia de un sector que aporta por encima del 3% del PIB y emplea a más de 70.000 familias, la mayoría autónomos y con fases intermitentes de trabajo durante el año.

Sin planes para el sector

«Hay muchos países de la región, como Francia, que ya han aprobado planes de rescate a la cultura, no se comprende por qué en España nos han abandonado», denuncia Kin Martínez, presidente de la federación Es Música que defiende a buena parte del sector.

Todavía escuecen las declaraciones en abril del ministro de cultura José Manuel Rodríguez Uribes, cuando citó al cineasta Orson Welles con un desafortunado: «Primero la vida y después el cine». Desde la organización insisten en que esta protesta es «apolítica», pero Uribes es el responsable más señalado aunque las competencias en sanidad dependen de las comunidades.

«En la cultura sucede igual que en la iglesia católica: aquí nuestro Papa es el ministro, es quien tiene que preocuparse por nuestra supervivencia, ¿o si no para qué está ahí?», se pregunta Mar Rojo, quien trabaja como productora para festivales cancelados este año como Tomavistas y es técnico en la emblemática sala El Sol, cerrada desde marzo como el 85% de los locales de música en directo en España.

Fueron los primeros en parar su actividad y serán los últimos en salir. Critican que se les meta en el mismo saco que el ocio nocturno, que no se les reconozca como actividad esencial y, especialmente, el desinterés por parte de las autoridades. «Cuando escuchas a los políticos hablar de nuestro gremio te quedas alucinado, demuestran que ignoran cómo funciona», lamenta el técnico de sonido Carlos Grimaldi, que este año tenía previstos 50 conciertos con el grupo Fuel Fandango y en su mayoría han sido aplazados.

Muchos profesionales afectados (así como fans anónimos o músicos conocidos que han dado su apoyo en redes sociales) no han acudido hoy a las marchas para no exceder el aforo de seguridad, pero como dice Albert Guàrdia, del sello La Castanya: «La lucha debe seguir mañana, no es cosa de un solo día».

La movilización de Madrid concluye con un manifiesto dirigido a varias áreas del gobierno (cultura, pero también trabajo, hacienda, economía, turismo e industria) para pedir la «reactivación inmediata» de los eventos y la prórroga de prestaciones especiales hasta que se recupere el 100% de los aforos. De fondo, de nuevo resuena el grito: «S.O.S.».


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