Las sombras del triángulo amoroso entre Spotify, los fondos de inversión y los artistas «fake»

Actualizado: Guardar

Enviar noticia por correo electrónico

La plataforma de streaming más famosa y poderosa del mundo vuelve a estar en entredicho. Esta vez, por un sospechoso entramado de empresas y fondos de inversión relacionado con los llamados «artistas fake», es decir, que no existen en el mundo real, pero que en el ciberespacio generan millones de reproducciones. ¿Cómo es eso posible? Pongamos un par de ejemplos. Hay un tal Lo Mimieux que tiene la espectacular cifra de más de trescientos mil oyentes mensuales en Spotify, pero no hay ningún rastro de él en las redes sociales, ni en ninguna otra parte. Que no existe, vaya. Ana Olgica (hasta el nombre, un anagrama de Analógica, parece de broma) es una supuesta pianista que roza el millón de oyentes al mes, que incluso tiene más de 130 millones de clicks en una de sus canciones, pero tampoco es posible encontrar una sola referencia a su nombre fuera de Spotify. Y lo mismo pasa con más de medio centenar de presuntos artistas, algunos de los cuales han publicado su música a través de la compañía Epidemic Sound (Lo Mimieux entre ellos), curiosamente afincada en Estocolmo, igual que Spotify. Pero las conexiones entre ambas empresas van mucho más allá de lo geográfico.

Cuando Spotify nació en 2008, su primer gran inversor fue Creandum, un fondo de inversión que, casualidades de la vida, también tiene su sede en la capital sueca. En 2017, el portal especializado Music Business Worldwide (MBW) informó de que esta firma de capital riesgo había invertido millones en Epidemic Sound ( aquí su portfolio para comprobarlo). ¿Por qué podría interesarle a Creandum invertir en artistas falsos? La razón es simple: cuanto más volumen de tráfico haya en Spotify, más rentable será su inversión en la plataforma. ¿Y por qué puede ser más rentable Spotify teniendo artistas falsos en su catálogo? A la hora de pagar a los músicos (a sus discográficas, para ser exactos), Spotify determina la cuota de mercado de cada artista en su servicio dividiendo el número de sus reproducciones entre las reproducciones totales de la plataforma. De esta forma, cuantas más reproducciones totales haya, menos tendrá que pagar por cada click a los artistas. Es decir, cuantos más artistas falsos haya, más se devalúa el precio de cada stream que tiene que pagar a los reales. Es cierto que la proporción de las reproducciones de estos cincuenta «fakes» detectados respecto al total de Spotify es marginal, pero ¿quién sabe cuántos más habrá en la plataforma?

Además, la música de los artistas falsos de Epidemic Sound, en realidad la componen y graban compositores a sueldo, que cobran una cantidad fija y ceden sus royalties a la compañía. Esto lo ha reconocido su propio CEO, que respondió al reportaje de MBW con el flácido argumento de que «hay compositores que prefieren trabajar de esta forma, y bajo seudónimos». Esto puede parecer poco ético, «pero puede ser legal, dependiendo de la jurisdicción aplicable», explica Manuel López, del bufete de abogados especializado en música Sympathy for the Lawyer. «En España habría que llevarlo como obra colectiva para que los derechos sean completamente de la empresa, pero incluso así mantienen derechos morales. Hay países del este en los que sí se que hay este tipo de factorías de música, sobre todo para usarlas en hilos musicales libres de derechos, para centros comerciales y cosas así. En Suecia seguramente habrá una figura como la de obra colectiva, en la que los derechos pertenecen a la persona que coordina y lleva la iniciativa; y si hay contrato laboral esos derechos pasan a la empresa». De esta manera, Creandum, gana dinero a dos bandas con los «fakes»: mejorando la rentabilidad de su inversión tanto en Epidemic Sound como en Spotify.

Una vez explicado esto, podría pensarse que Spotify no tiene por qué ser cómplice de este chanchullo, a pesar de tener a Creandum como inversor. Si una compañía de producción musical como Epidemic sube su repertorio a la plataforma, Spotify no tiene por qué estar obligado a saber si éste está interpretado por artistas reales o no. Pero el caso es que lo sabe. Lo sabe muy bien, desde hace al menos tres años.

En 2017, MBW descubrió que Spotify estaba añadiendo las canciones de Lo Mimieux, Ana Olgica y demás «fakes» a sus playlists oficiales (es decir, estaba regalándoles visibilidad y difusión). Sin aparecer en estas listas, sería imposible que estos artistas desconocidos tuvieran millones de reproducciones. Cuando se destapó esta engañifa, Spotify podría haberlos retirado de sus listas, pero ahí siguen, tres años después. Hemos preguntado a la compañía por qué no los ha eliminado, y si les merece la pena empañar su imagen manteniéndolos en algunas de sus listas más populares. Pero haciendo gala de su habitual transparencia, han decidido no hacer comentarios sobre el asunto y remitirnos a uno de sus «statements» oficiales: «La música en Spotify es creada por compositores, músicos y artistas con talento y esfuerzo. Pagamos derechos de autor por todas las canciones disponibles en Spotify. Toda la música de Spotify está licenciada por los titulares de los derechos, a quienes pagamos».

Prácticamente todos los artistas «fake» de Epidemic Sound aparecen en playlists oficiales de enorme éxito, como «Peaceful Piano», «Instrumental Study», «Music for concentration» o «Piano de fondo», recopilaciones que no suenan sólo en casas particulares, sino que se reproducen diariamente en oficinas, tiendas, restaurantes, museos y centros comerciales. Y aquí viene otra sorpresa: ¿saben cuál es otra de las inversiones estrella de Creandum? La compañía Soundtrack Your Brand, que se dedica a implantar hilos musicales precisamente en este tipo de entornos. «La música de fondo es una parte clave de cómo los clientes interactúan y perciben los espacios en los que se encuentran», dice su página web.

El artista falso Lo Mimieux, en una de las playlists creadas por Spotify
Lo Mimieux en el catálogo de Epidemic Sound, donde también se anuncia su disponibilidad en Apple Music

Así pues, la firma Creandum parece haber creado un ecosistema de rentabilidad perfecto, en el que sus inversiones se retroalimentan entre sí. Primero crea música a través de Epidemic Sound. Después la reproduce a través de Spotify, recuperando dinero a través de los royalties y devaluando el precio del stream para que el portal sea más rentable, y multiplica su difusión a través de Soundtrack Your Brand, obteniendo enormes beneficios en cada uno de los eslabones de la cadena. Por mucho que perjudique a los artistas reales, todo esto es perfectamente legal. O casi todo: cuando Spotify beneficia a su inversor dando difusión a la música de Epidemic, podría estar incurriendo en un conflicto de intereses. «Efectivamente, podría», señalan desde el bufete de abogados especializado Sympathy for the Lawyer. «Spotify dijo que no tendría discográfica ni editorial propia, pero de manera indirecta participa en la generación de producto musical que luego distribuye». Lo que está claro es que esta sinergia es muy prometedora a nivel económico. De hecho, otro gran fondo de capital riesgo, llamado EQT, hizo una enorme inversión en Epidemic Sound en 2017 que también fue reflejada por MBW. Ese mismo año, dos importantes capos de Spotify, Axel Bringéus y Henrik Landgren (jefes de las áreas de Mercado Global y Análisis de Datos), se fueron a trabajar a EQT. Más casualidades de la vida.

Ver los comentarios

https://www.abc.es/cultura/musica/abci-sombras-triangulo-amoroso-entre-spotify-fondos-inversion-y-artistas-fake-202101250101_noticia.html

https://www.abc.es/cultura/musica/abci-sombras-triangulo-amoroso-entre-spotify-fondos-inversion-y-artistas-fake-202101250101_noticia.html

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *