Las vidas secretas de las fotografías

Tengo un sufrimiento terrible con esa foto. Cuando pienso en ese niño siempre me pregunto qué habrá sido de él. Al verlo detenido en ese instante, apuntando con la pistola, con esa saña, pienso que yo le he hecho un delincuente. ¡Es una canallada la fotografía! ¡Haber fotografiado a una persona y no volver a saber de ella nunca más…!”, explicaría muchos años después Francisco Ontañón a propósito de una imagen tomada en Barcelona en 1959 que se convertiría en una de sus obras más valiosas. Acompañada de estas palabras, la mirada retadora del chaval nos devuelve sin pretenderlo un retrato preciso de quien un día se fijó en él, de su humanidad, empatía y compromiso con quienes desfilaron ante su objetivo.

“Al verlo detenido en ese instante, apuntando con la pistola, con esa saña, pienso que yo le he hecho un delincuente”

Como ya hiciera en Vidas privadas, la primera presentación de su colección en 2004, Foto Colectania vuelve a mostrar sus fondos (un centenar de imágenes de un total de 3.000) en una exposición en la que da la voz a los autores para que expliquen las historias que se esconden detrás de sus fotografías. Basado en historias reales, el título de la muestra, transita un territorio íntimo que permite nuevas y gratificantes lecturas de obras de autores como Helena Almeida, Juan Manuel Castro Pietro, Joan Fontcuberta, Joan Colom, Cristina de Middel, Colita o Ramón Masats o Alberto García-Alix

Así, ante el gesto contrariado de la mujer que amamanta a su hijo en la Alemería de los años sesenta, Carlos Pérez Siquier confiesa: “Cuando la mujer advirtió que me disponía a fotografiarla cruzó los dedos en un gesto ritual de maldición gitana, instantánea que capté de inmediato, siendo la única foto agresiva de mi historial”.

Chema Madoz
Chema Madoz (Chema Madoz)

Chema Madoz recuerda cómo fotografió a su padre en 1985 con un pañuelo de tres picos en la solapa. “Yo trataba de encontrar una manera diferente de contar las cosas. Me acuerdo que cuando de pequeño visitaba a mi padre en su trabajo, siempre me llamaba la atención que alguno de sus compañeros llevaba un pañuelo en el bolsillo de la americana del que sobresalían tres picos. Yo miraba extrañado aquel detalle geométrico y por más vueltas que le daba, aquello siempre me pareció un misterio. ¿Hacían trucos de magia?”

Y Karin Leiz desvela cómo se realizó Imagen blanca, una de las fotografías icónicas del que fuera su marido, Leopoldo Pomés: la llamó una mañana del verano 1959 y le dijo: “Paso a buscarte en diez minutos y nos vamos a Castelldefels. Hoy el sol está tapado por las nubes y el día tiene la luz que estoy esperando hace tiempo. ¡Trae el bañador blanco!”. “Guardo en la memoria la silenciosa emoción de Leopoldo y entendí que lo que estaba ocurriendo era importante para él”.

‘Imagen blanca’

Leopoldo Pomés la llamo: “Paso a buscarte en diez minutos y nos vamos a Castelldefels. Hoy el sol está tapado por las nubes y el día tiene la luz que estoy esperando hace tiempo. ¡Trae el bañador blanco!”

Sorprende también el relato de Cristina García Rodero de Pequeño Hollywood , que ella describe como un “milagro”. En 1991 viajó hasta uno de esos pequeños poblados del desierto de Tabernas donde se había rodado La muerte tenía un precio. “Esperaba con toda la paciencia del mundo que unas gallinas se acercaran a una niña cuando, al fondo, vi un caballo revolcarse en la arena. Salí corriendo, me olvidé de la niña y de todo y pude fotografiar las dos últimas vueltas. El caballo era muy blanco y destacaba sobre el atardecer…”.

Una imagen de la serie 'Los Afronautas' de Cristina de Middel.
Una imagen de la serie ‘Los Afronautas’ de Cristina de Middel. (Cristina de Middel.)

Laura Terré explica cómo su padre Ricard Terré logró zafarse de su butaca en el Liceu, recorrer el laberinto de pasillos hasta alcanzar el escenario y desde allí fotografiar al público. De nuevo en primera persona, Cristina de Middel cuenta el origen de su serie Los Afronautas, en la que reconstruye una historia increíble pero real: “En 1964, todavía eufórica por la recién ganada independencia, Zambia lanzó su primer programa espacial. Su objetivo era mandar a doce astronautas y diez gatos a la Luna, superando así a los Estados Unidos y la Unión Soviética, que estaban en plena carrera espacial.Sólo unos pocos optimistas apoyaron entonces la ambiciosa iniciativa de Edward Makuka, un profesor de secundaria zambiano que estaba al mando del proyecto y que se encargó de difundirlo y buscar la financiación necesaria. Esta financiación nunca llegó. Las Naciones Unidas denegaron su apoyo y uno de los astronautas, una niña de 16 años se quedó embarazada y tuvo que abandonar el proyecto. Así es como la heroica iniciativa se convirtió en un exótico episodio de la historia africana, llena de guerras, violencia, sequías y hambre”.

“Son historias magníficas”, conviene la comisaria Irene Mendoza, que ha puesto a disposición del visitante un código QR con el que puede conectar las imágenes con los recursos de la nueva página web de Foto Colectania, centro que según anunció su director, Pepe Font de Mora, pondrá el acento en la fotografía de temática social, con muestras como la que dedicará al trabajo de Mary Ellen Mark.

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