Lecciones del centenario del primer esperpento de Valle-Inclán

El poeta, novelista y dramaturgo gallego, Don Ramón María del Valle-Inclán (1866 -1936), consideraba España “un esperpento”, según lo definió en el primero de ellos y el más divulgado, ‘Luces de bohemia’ (1920):

— “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento”.

Perdidas la autenticidad y dignidad de los héroes clásicos de la mitología, en su lugar aparecen deformados peleles, ridículos, caricaturescos, como la nación española, antaño “heroica”, y hoy sometida al materialismo burgués, a las corruptelas militares y políticas y al industrialismo imparable.

Satírico, crítico, lúcido, desgarrador…. ¡Genial, Valle-Inclán! ¡Cuán imprescindibles resultan hoy dramaturgos de su talla, capaces de mostrar y ridiculizar los trapicheos políticos y económicos de su época, muchos de ellos vigentes aún, cien años después!

En sus primeros escritos, como forma de protesta, Valle ensalzaba los valores de la sociedad rural de su Galicia primitiva, proclamándose carlista y antiliberal (Sonatas y novelas cortas).

En los años 1920, de la dictadura de Primo de Rivera, el teatro de Valle da un giro importante”

Desde posiciones revolucionarias, se muestra crítico, mordaz y caricaturesco, trata a los personajes como marionetas grotescas, los deforma moral y socialmente, utilizando un lenguaje desgarrado e incluso brutal (aumentativos, diminutivos, animalización, vulgarismos, cosificación, variedad de registros…).

Lo comprobamos en ‘Los cuernos de don Friolera’ (1921), esperpento dividido en tres partes: Prólogo, Tragedia esperpéntica y Epílogo, tres versiones del mismo tema: el honor, su pérdida y su reparación.

El escritor Ramón María del Valle Inclán, de joven.
El escritor Ramón María del Valle Inclán, de joven. (Dominio público)

Prólogo

En el prólogo (primera versión), dos intelectuales, don Manolito y don Estrafalario, están departiendo sobre arte en las ferias de un pueblo gallego cuando se sienten atraídos por un teatrillo de títeres, que representa la tragedia ‘Los cuernos de don Friolera’.

Don Friolera (apodo ridículo, que expresa la nula emoción con que actúa el personaje), es un teniente borracho que ha recibido un anónimo advirtiéndole de que su querida, la Moña (cara de luna y pelo de estopa), le es infiel con un corredor de aceites.

— “Si la camisa de la bolichera huele a aceite, mátela usted. Si pringa de aceite, dele usted mulé (muerte). Levántele usted el refajo, sáquele el faldón para afuera, y olisquee a qué huele el pispajo (trapo)”.

Friolera, al comprobar que, efectivamente, la Moña huele a aceite, la mata (el pelele no actúa espontáneamente, movido por los celos, como Otelo, sino por deber, por cumplir con el código del honor militar, según el cual el marido debe vengar su honor dando muerte a la esposa adúltera).

A cambio de unas perras, el titiritero levanta a la Moña, un muñeco, y el público sonríe. No ha habido derramamiento de sangre, todo ha sido una farsa, un engaño, un divertimento.

Finalizada la representación, don Estrafalario (contrafigura de Valle), afirma que ahora, siguiendo las innovaciones europeas, el dramaturgo observa a los personajes desde una posición superior y los ve como muñecos, manipulables a su antojo.

Valle-Inclán.
Valle-Inclán. (.)

Tragedia esperpéntica

La tragedia esperpéntica (segunda versión), dividida en doce escenas, que suceden en diversos espacios, da comienzo en el mismo pueblo marítimo donde se desarrolla el prólogo.

Aquí, el teniente del Cuerpo de Carabineros, don Pascual Astete, conocido con el apodo guiñolesco don Friolera (Pascual o Pascualín, le llama su esposa en la intimidad), acaba de recibir una denuncia anónima sobre los amores adúlteros de su mujer, doña Loreta (animalización relativa al loro que tienen).

Friolera sabe que “el principio de honor ordena matar y que ¡En el Cuerpo de Carabineros no hay maridos cabrones!”.

Con más de cincuenta años y una hija, ve que su familia se tambalea.

Preferiría no haberse enterado. Odia aquel código obsoleto, que obliga a asesinar a la infiel y sueña con el divorcio, legalizado ya en otros países”

Pero es un militar español, “no tiene derecho a filosofar como en Francia”.

En efecto, a doña Loreta, la señora tenienta, la corteja un barbero cuarentón, paticojo y narigudo, al que Friolera consideraba su amigo.

En la reja de su casa, con un clavel prendido en el rodete, Loreta departe con su pretendiente, consciente del peligro que corren si su marido les sorprende.

Pero quien les observa es doña Tadea Calderón (apellido alusivo a los dramas de honor calderonianos), la eterna vieja chismosa, que, “adusta y espantadiza, se santigua con la cruz del rosario. Los esposos riñen a gritos, baten las puertas, entran y salen con los brazos abiertos…tienen la sugestión de una tragedia de fantoches”.

El dramaturgo Ramón del Valle-Inclán (1836-1936) lució una frondosa barba.
El dramaturgo Ramón del Valle-Inclán (1836-1936) lució una frondosa barba. (G3ONLINE)

Don Friolera amenaza a su esposa con matarla, le muestra una pistola y ella logra huir. Pachequín, el amante, quiere defenderla.

Gritan los tres, aparece la hija, Manolita, a la que el padre besa, llorando, “ridículo y viejo: ¡Manolita, pon un bálsamo en el corazón de tu papá!”

El barbero se lleva a Loreta a su alcoba, pero ella se resiste a quedarse: “considera que soy esposa y madre (…) déjame volver al lado de mi hija, que estoy en el mundo para mirar por ella”.

Don Friolera se cruza con doña Tadea, y, convencido de que es la autora del anónimo, la interpela: “Va usted a escupir esa lengua de serpiente. ¡Usted me ha robado el sosiego! ¡Aún conserva la tinta en las uñas!”

Ella pide respeto a su ancianidad y le asegura que todo el mundo sabe que él es un cabrón, le aconseja observar a los amantes, porque tal vez no han llegado a mayores. “La vieja gazmoña huye enseñando las canillas”.

En la escena octava, Valle lanza una crítica demoledora al estamento militar”

Se encuentran en el billar, un antro, tapadera de matuteros, unos contrabandistas que comentan el pasado poco “honorable” del teniente don Friolera, cuando se había dejado sobornar a cambio de cuantiosos fajos de billetes. No está libre de culpa.

Los contrabandistas siguen haciendo comentarios sobre política: el terrorismo en Cataluña, el anarquismo, los elementos perturbadores, anti monárquicos, nacionalistas, sindicalistas, partidarios de legalizar el divorcio, y contrarios a la guerra de Marruecos…. y la situación lamentable en que se halla el país.

En el piso superior del billar, tres tenientes juegan a las cartas (uno de ellos con un ojo de cristal de quita y pon), cuando, en realidad, están de servicio para deliberar sobre el futuro de Friolera: “¡Hay que obligarle a pedir la absoluta!” (la baja), única escapatoria si aquél se resiste a matar a la adúltera.

Mientras juegan, comentan, satisfechos y cínicos, su participación en la guerra de Marruecos y en las colonias de Ultramar, un auténtico negocio para los mandos.

Banquete ofrecido al escritor Ramón María del Valle Inclán por literatos y artistas barceloneses.
Banquete ofrecido al escritor Ramón María del Valle Inclán por literatos y artistas barceloneses. (AHLV)

Epílogo

Llegamos al Epílogo (tercera versión). Se hallan encerrados en la cárcel de una ciudad del norte de África, los dos intelectuales del prólogo, sospechosos de anarquismo. Oyen desde la reja un romance de ciego que narra otra versión de la historia del cornudo.

El romance cuenta la historia de un oficial al que le ocurre exactamente lo mismo que a don Friolera, su esposa le engaña, pero con la diferencia de que da muerte a los amantes, degollándoles con un puñal, razón por la cual ha sido condecorado.

El oficial lucha heroicamente en la guerra de Marruecos, consigue ascensos, medallas, reconocimientos, fama y homenajes de todo tipo, que le reconocen los mismos Reyes.

Don Estrafalario se queja de que la literatura española ha quedado obsoleta, de que, a pesar del Quijote, no ha salido todavía de los Libros de Caballerías ni de los dramas de honor de Calderón de la Barca.

Don Estrafalario afirma categóricamente que sólo pueden regenerarnos los muñecos del guiñol, las marionetas de las farsas, divertidas y críticas.

Valle Inclán, frente a una librería.
Valle Inclán, frente a una librería. (.)

Perfil de la Lectora Experta

María Dolores Cano Menéndez

Filóloga y Humanista.

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