Lérica: "Ha sido complicado quitarnos la etiqueta de 'el grupo del hermano de Abraham Mateo'"

Lérica se ha convertido en el primer dúo español que supera los 100 millones de streams en un mismo año en España. Tony Mateo y…

Hace apenas unas semanas, Lérica se convertía en el primer dúo español que supera los 100 millones de streams en un mismo año en España. Los gaditanos Tony Mateo (1994) y Juan Carlos Arauzo (1991) han logrado hacerse un hueco propio en la industria tras años luchando con el prejuicio de ser ‘el grupo del hermano de Abraham Mateo’.

Lo han conseguido a base de dejar atrás los sonidos flamencos y melódicos con los que empezaron para apostar por ritmos latinos y urbanos. También se ha quedado en el camino Rubén Noel, uno de los componentes originales de la banda. En junio sorprendían a sus miles de seguidores con un breve comunicado en redes sociales: «En esta nueva etapa seremos dos».

«Rubén es un artistazo, pero en este género no se sentía cómodo. Entonces imponerle algo que a él no le gusta es llevarlo a la perdición. Nosotros queríamos su felicidad, hablamos con él y todo de lujo. Él está preparando su proyecto en solitario y nosotros estamos aquí para apoyarle con todo el cariño siempre», explican.

Pregunta.- ¿Por qué dejáis de cantar canciones románticas para apostar por los sonidos latinos?

Tony.- La música cambia y las personas también. Nosotros empezamos muy jóvenes, entonces ha sido un proceso de encontrarnos a nosotros mismos. Hubiéramos sido incapaces en ese momento de escribir una canción como las que escribimos ahora, con el lenguaje que usamos, que parece que se lo estamos contando a un colega. Ahora nos expresamos más libremente. No hacemos las cosas para complacer a nadie. Solo somos nosotros. Nos limitamos a ser nosotros en la música y de cara a todo el mundo sin importar el qué dirán.

P.- ¿Entonces la música de vuestros inicios nació pensando en lo que podría gustar?

Juan Carlos.- Claro, ten en cuenta que cuando firmamos con nuestro management y con la disquera éramos unos niños. Tony tenía 19 años y yo 22. Éramos unos inmaduros, por decirlo así, musicalmente. Veníamos de un género clásico, de una edad que no nos correspondía cantar ese tipo de canciones y lanzábamos un mensaje que era muy bonito pero quizás no para el público que nosotros queríamos. Estudiamos mucho el proyecto y nos dimos cuenta de dónde queríamos hacer el cambio fuimos probando.

P.- ¿Cuánto os ha ayudado a abrir el camino Abraham Mateo, hermano de Tony?

J.C.- Bueno, Abraham nos ha abierto el camino en muchísimas ocasiones y, sobre todo, creo que es un pilar fundamental en todo el proyecto. Ahora mismo se encarga de producirnos todas las canciones, también nos echa a veces un capote en la composición. Ten en cuenta que empezó muy pequeño, que su proceso de madurez ha sido muy rápido. Cuando le preguntas algo te sabe dar al vuelo una opinión totalmente comercial.

T.- Es mi hermano, lo quiero un montón. Siempre nos hemos nutrido el uno del otro como artistas y como personas, pero ser el hermano de Abraham Mateo creo que es como todo en esta vida, tiene su parte mala y su parte buena. La parte buena es la que te digo, que el hecho de trabajar con él siempre lo hace todo más fácil porque no hay diferencias en las decisiones. Pero ha tenido su parte mala en que llegar hasta donde hemos llegado hoy personalmente me ha costado porque en todo ese proceso he tenido que demostrar que no solo soy ‘el hermano de’ sino que puedo ser autosuficiente, puedo ser un artista. A mí no me ha regalado nada nadie, ojalá.

J.C.- Quitarnos la etiqueta del ‘grupo del hermano de’ ha sido complicado. Que la gente viera que hay más que eso, que somos compositores.

T.- Es mucho más complicado que te crean con una etiqueta ya, prejuzgado por todo el mundo. Hay que demostrar continuamente.

P.- Tengo la sensación de que aunque tengáis canciones con millones de reproducciones el público no os ubica ¿sentís que no os ponen cara?

T.-Eso pasa con todos los artistas que no han salido de un reality show y de repente se ven en la industria de un día para otro. Son canciones muy buenas pero la gente no pone cara al artista.

J.C. Todavía nos pasa, aunque menos. Pero para mí perfecto, así me puedo ir a la playa, me tumbo en la toallita y me tomo mi cervecita. Pero sí que es verdad que todavía falta ese paso para que se nos conozca más.

P.- ¿Tenéis miedo de que el éxito conseguido en el último año no se mantenga, que de repente los números vuelvan a bajar?

J.C. El fracaso está a la orden del día. Es una carrera en la que si emocionalmente no estás bien acabas con una depresión de la muerte en la cama, te lo digo en serio. Imagínate esta cuarentena cuando nos llamaron y nos dijeron: ‘de los 50 conciertos que tenéis no vais a hacer ninguno’. Se pasa muy mal, de verdad. Se pasa muy mal y hay que estar pendiente psicológicamente de todo.

P.- ¿Cómo gestionabais que no llegara el éxito? Los momentos de intentarlo y ver que no se llega.

R.- Es una pregunta dura porque te voy a ser completamente sincero. Esto es un negocio y una marca de dinero. Aquí tiene que entrar dinero. Si tú no das dinero, entre un montón de artistas estás el último y nadie te mira. Esto es así. Y nosotros hemos pasado muchos momentos de nadie cree en ti, nadie apuesta por ti, no te creen porque estás cambiando de un género. Entonces son momentos de cojones duros. Hemos estado muchas veces con la cuenta en rojo y viendo la situación mal.

T.- Mi caso es todavía más complicado porque yo tenía el ejemplo en casa de un artista internacional, y yo quería serlo también. Yo trabajaba con él pero trabajaba desde atrás, la gente no conocía lo que yo hacía, no conocía mi grupo, no conocían las canciones. Entonces he necesitado más paciencia de lo normal, más que una persona que se quiere dedicar a esto pero no tiene el ejemplo. Yo he tenido que combatir contra eso. Siempre he tenido el apoyo de mi hermano, nos queremos a muerte. Nunca ha habido envidias ni competencias. Pero está claro que cuando tienes en casa el ejemplo de algo grande tú también quieres que tu madre, que tu padre, que todo el mundo, sienta ese orgullo. Yo la música la tengo dentro, cómo él, la tengo en la sangre, no sé hacer otras cosas. Si yo no estuviera cantando, estaría, no sé, en un Burger King.

P.- ¿Y cómo gestionáis el éxito, y el ego, a día de hoy?

T.-Yo creo que hemos conseguido cosas muy grandes, pero viniendo desde tan abajo, viniendo desde el sufrimiento, de una carrera de fondo de pasarlo mal, de perderte momentos en casa, momentos en familia… hemos sufrido tanto, conocemos tan bien la parte oscura de la música, que nunca nos vamos a creer que estamos triunfando tanto como estamos triunfando ahora. Es como que siempre estamos, entre comillas, condenados a no confiarnos.

P.- ¿Dónde os gustaría veros en un futuro?

T.- Yo diría que un Grammy sería lo máximo. Tener un Grammy en el salón de mi casa, bonito, con los cuadros de los platinos de fondo.

J.C.- El objetivo, al menos para mí, es tener la tranquilidad de saber que estamos afianzados, que ya nos ponen cara totalmente y que ya podemos disfrutar de lo que estamos haciendo. Porque, de verdad, se pierde mucho tiempo en esta carrera y te olvidas de cosas que son muy fuertes. Yo, por ejemplo, este año entre la cuarentena y haberme decidido mudarme a Madrid para luchar por mi sueño con él, he perdido que mi sobrinos ya tienen cinco años y no paran de crecer o que mi madre ha pasado un cáncer y ha estado sola en csa con mi padre. Ha sido una situación muy dura en la que yo me he perdido muchas cosas por la música. Entonces yo creo que necesitaría eso, tener la tranquilidad emocional.


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