‘L’Hèroe’ de Rusiñol ataca la masculinidad tóxica en el TNC

“A Santiago Rusiñol se le ha folklorizado en muchos aspectos, y descubrir su musculatura ideológica es importante”, ha subrayado Xavier Albertí, director del Teatre Nacional de Catalunya, al presentar el montaje de L’Hèroe que estrenan hoy en la Sala Gran. Con dirección de Lurdes Barba y una docena de actores encabezados por Javier Beltrán, Rosa Renom, Manel Barceló, Mima Riera y Toni Sevilla. Beltrán da vida al protagonista de esta mordaz pieza de 1903 ambientada en la derrota española en Filipinas y que retrata el retorno de un joven catalán convertido en héroe militar incapaz de superar los violentos fantasmas que le persiguen.

Una escena de 'L'Héroe', de Santiago Rusiñol, en el TNC, dirigido por Lurdes Barba
Una escena de ‘L’Héroe’, de Santiago Rusiñol, en el TNC, dirigido por Lurdes Barba (May Zircus/TNC)

“ L’Hèroe recoge el gran fracaso de la conciencia de identidad nacional de la España de finales del XIX tras la pérdida de las colonias. El regeneracionismo entra con una gran voluntad de cambiar el país pero si miramos en perspectiva vemos que no hemos avanzado mucho en los cien años que nos separan de L’Hèroe”, afirma Albertí, que remarca que lo que resume la personalidad de Rusiñol es “un grito por la profunda libertad del creador, no supeditado a ninguna ideología”, y que L’Hèroe “está al lado de sus obras maestras y nos sitúa en un gran apocalipsis, entendido como final de un tiempo para que nazca otro nuevo”.

Albert Prat en una escena de 'L'Héroe', de Santiago Rusiñol, en el TNC, dirigido por Lurdes Barba
Albert Prat en una escena de ‘L’Héroe’, de Santiago Rusiñol, en el TNC, dirigido por Lurdes Barba (May Zircus/TNC)

Albert Arribas, que se ha encargado de la dramaturgia de la obra y ha desplazado algunas escenas para que los ejes ideológicos queden en primer plano –ahora arranca con el monólogo central de la obra–, recuerda que el protagonista de Rusiñol “ha vuelto como héroe instrumentalizado por el poder que le ha convertido de asesino, violador y expropiador en la guerra de Filipinas en modelo nacio nal, casi un santo con sangre seglar. Y él se sabe instrumentalizado por el poder”. Y apunta que en la pieza se habla de militarismo y antimilitarismo, que han “potenciado mucho la mirada a la masculinidad tóxica, a las dinámicas que nos impiden vivir”, y que Rusiñol habla también de cómo en una modernidad en la que han caído las grandes verdades del pasado “es imposible construirnos ya desde una actividad ar­tística, heroica”, ser profetas
sin ser instrumentalizados.

Javier Beltrán y Mima Riera en 'L'Héroe', de Santiago Rusiñol, dirigido por Lurdes Barba
Javier Beltrán y Mima Riera en ‘L’Héroe’, de Santiago Rusiñol, dirigido por Lurdes Barba (May Zircus/TNC)

Barba señala que la obra muestra “cómo de una derrota se crea una victoria construyendo un héroe que se necesita de forma rabiosa para mantener la prepotencia y la grandeza” y explica que han decidido “no representarla desde el costumbrismo sino desde una especie de sueño, quizá una pesadilla que el héroe vive en su regreso a un mundo que no le ofrece nada, un espacio cerrado idílico, como el que describe de Filipinas, pero que se ve que es artificial”.

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