Liudmila Ulítskaya: «Hoy no se detiene a nadie por un libro. Ya no interesa la hazaña de leer»

Bruno Pardo Porto

Gran Canaria

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23/09/2022 a las 21:00h.

El premio Formentor ha emigrado este año a Gran Canaria, y allí, en el hotel Santa Catalina, un refugio centenario levantado sobre una antigua ermita, Liudmila Ulítskaya (Dablekánovo, 1943) recibió el galardón. «Quiero deciros que sois habitantes del paraíso», dijo por la mañana, ante los medios, derrochando un buen humor que no le sobra desde que estalló la guerra entre Rusia y Ucrania y tuvo que exiliarse a Berlín (la magia del clima, del verano larguísimo de esta isla). Por la noche, durante la gala que se celebró en su honor, tomó la palabra para hacer memoria literaria, porque es posible «conocer a una persona por los libros que ha leído».

Aquí empezó su relato, el de una joven que devorada con rapidez los libros, para devolverlos después a sus dueños sin enseñárselos nunca a ningún extraño, porque «en Rusia la censura siempre ha funcionado bien». Citó a Dostoievski, a Pushkin, a Tolstói. También ‘Mujercitas’, de Louisa May Alcott. Y a Freud. Y a Nabokov. Y a muchos otros autores que se encontró en el armario de su abuela, primero, y en las sucesivas estanterías con las que se fue encontrando a lo largo de su vida, después. «Para los jóvenes rusos de los tiempos de mi juventud la lectura constituía un valor básico. Y además era peligrosa, porque estas lecturas eran sancionadas con expulsiones de la universidad o del trabajo y hasta con prisión», recordó. «Leíamos día y noche, leíamos año tras año, crecíamos leyendo».

La novelista fue recorriendo décadas a través de las obras que la marcaron. Se detuvo en 1990, año en el que se prohibió la censura en Rusia. Y cambió el tono. «Los movimientos comunistas en Francia e Italia empezaron a declinar después de que los comunistas occidentales supieran del gran terror, y terminaron por apartarse del régimen comunista y del estalinismo. Pero no sucedió en Rusia», lamentó. Dijo que en su país apenas se leyó ‘Archipiélago Gulag’, porque «pocos años después del derrumbe soviético, el pueblo votó claramente a un personaje formado en las viejas tradiciones del KGB». «De ahí crecen las raíces del estalinismo que renace en nuestro país», sentenció.

Y acabó con una buena noticia, que también es mala: «Hoy en día no se detiene a nadie por un libro (…) A nadie le interesa ya la hazaña de leer».

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